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ABC. MARTES 19 D E A B R I L D E 1932. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 39- FORMACIONES Y NOTICIAS porrazo, el Niño entró con mucl primer quite. Echarse el capote da, a pie quieto, y volver a ser pr el mismo sitio, fué todo uno. rrote lo lanzó hacia atrás, has una vuelta de campana sobre el En Sevilla: Una corrida buena y una cogida grave. En Madrid: Hispanoamericanismo En Tetuán: En Pepe Gallardo hay un buen estoqueador de toros. En Vista Alegre: Paso a los hombres de buena voluntad. Toros en Barcelona. En otras plazas. Novilladas. EN SEVILLA La músiaa, los guardias de Asalto, el señor Casares Quiroga y acá componíamos en el no. muy cuantioso grupo de espectadores de la novillada de Feria una evidente mayoría. De tal despoblación podríamos inferir, para hacer rabiar a la Empresa, que esa secundaria índole de funciones taurinas no está indicada para atraer a un público acostumbrado en estas fechas a corridas de cartel y de tronido ¡huy, tronido! Pero nos guardaremos muy mucho de inferir nada; porqué, a lo peor, en la corrida del lunes- -de tropido y de car el- -va a haber todavía menos gente que en la novillada. Nos maliciamos que es a no ir a la plaza a lo que el público está ahincadamente acostumbrado. Forzados nos vemos los taurófilos de la cuna del toreo a confesar que el fútbol hace una competencia ruinosa a la fiesta de nuestras predilecciones, cuyo concurso tradicional va carcomiendo incesantemente. Ganadero de reses bravas hubo el domingo que desertó del Baratillo y fuese con armas y bagajes al partido del Tenerife, prefiriendo el canario al toro. Pronto conoceremos encuentros futbolísticos a beneficio de los duelos y necesidades de la pobre fiesta nacional. Pero es que hay que ver también lo que se aburre uno siempre en los toros... E l domingo, ¿qué vimos que nos moviera a satisfacción? E l gusto de conocer de vista a los guardias de la goma de pegar, y la emoción de una faena muy torera, muy alegre, muy valiente, del Niño de la Puerta Real. Descartando lo primero- -que no era un elemento taurino, aunque sí una bonita nota de ¿flor- queda sólo el éxito de Manuel Lolaéto en el tercero de los novillos del conde de Santa Coloma. No se trataba de un bicho cómodo, como esos que embisten despacito y ponen en el lance el temple y la suavidad que luego el crítico, con injusticia expoliadora, atribuye al arte del torero; sino de un torillo de mucha casta y celo que buscaba el engaño como si de un próvido enchufe se tratase. No es que el Niño de la Puerta R. alcanzara allí la casi inaccesible cima del arte; pero señalar el arrojo y la serenidad del muchacho, su ceñimiento en los pases naturales- -engarzados alguna vez con el de pecho como manda la cátedra- la gentileza sevillana de sus adornos y la frescura, en fin, con que, frente a la bulla que el enemigo traía, mantuvo el terreno que muchos toreros templarios suelen ceder en coyunturas análogas, es un deber muy grato que el cronista cumple con muchísimo gusto. Sí. Una sola estocada, entrando ligerito, pero derecho, bastó para que el bicho muriese sin ser llorado, lejos de los suyo y el presidente- -severo como en un tribunal donde no se hubiesen recibido recomendaciones- -negóse a otorgar al joven Lobeto el premio que el público pedía. L a recolección de palmas por toda la amplitud de la dorada arena sirvió de consuelo al héroe. Por cierto que el héroe no se mantuvo a la misma altura en el segundo ejercicio- -brindado al ministro de la Gobernación- A l contrario que su extinto hermano, e! sexto novillo, indiferente a las vanidades terre. 11 Una buena íaena y una cogida grave nas, no sentía la menor apetencia por el bello lienzo encarnado, y el Niño de la Puerta R. no quiso acercárselo a los ojos para persuadirse de que aquello era bonito y efcbía tomarlo. No. hubo pugna, ni, por consiguiente, interés para el espectador. Un pinchazo, una estocada y un par de descabellos, y el chaval salió del redondel sin haber redondeado su. triunfo. En este último bicho realizó un quite apretado y pinturero, que le valió una ovación, y banderilleó con facilidad y alegría en que nosotros participamos. Sjsguimos creyendo en el risueño porvenir de Manuel Lobeto. Indudablemente, el Palmeño II no está preparado para actuar ante los grandes públicos. Su torpeza le hace peligrar de continuo, y es lo más sensible que, cuando por falta de pericia se coloca al borde de la cornada, la penosa violencia con que persigue el toreo despacioso y de manos bajas pone en sus maneras una nota casi cómica. Hay un contraste cruel en la presencia simultánea del riesgo inminente y la incitación a la sonrisa. No existió ni un momento afortunado en su labor con los tres toros que hubo de matar, porque en los de su lote fué magnífica la ocasión de lucimiento. E l Niño del Matadero encontró al que abrió plaza- -muy castigado por los varilargueros- -receloso y con la cabeza a la defensiva. Después de un trasteo desde cerca, pro- curando ahormar, estoqueó regularmente. A l salir el quinto- -un cardenito de mucho temperamento, recogido de armas, tipo Saltillo- el portuense abrió su capote y d i o varios lances con arte y extremada valentía, en los cuales hubo el defecto de no estirar los brazos todo lo que convenía. A l ir a rematar con una revolera, el animal le empitonó por el vientre y lo volteó de un modo en extremo aparaotso. Sobrepuesto al dolor del Oselito. -Un gran toro y un toren grasia de Dio. ¿Háse farta argo m; marse onse caña en la Feria? cho y otra más que le dejó vándose las manos a la heri fué al personal subalterno, condujo a la enfermería e: dramático producido por el Hacemos votos por que pro: bilísimo artista. Los novillos, finos y bien p riaron mucho por sus condic El primero comenzó con muchd vino a menos, y las pasadas e ¡banderillas- -prolongado hasta por secretos designios de la pri asesor- -le descompusieron. E l un bicho bravo y noble. E l ter tidario del caballo, embistió ce infantería. E l que hirió a Ma: cumplió con los piqueros y n nervio que bravura. Cumplí tes, remoloneando el último Í 7 4, Aparatosa coi ida TLA. NOVILLADA D E L DOMINC ÍGO Niño del Matadero por el cuarta ti
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