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EL CEMENTERIO TURCO DE SCUTARI Los sabios se hacen enterrar en las bibliotecas para que nadie pueda dudar de su amor a los libros. Los Sultanes, como es de rior, ocupan suntuosas criptas, y sobre sus éretros, de madera y plomo, que el turista puede contemplar, se extienden ricos chales de cachemira y bordadas telas de Pefsia. En el testero del ataúd está el turbante del muerto, y a los lados arden, en las fechas de los aniversarios, enormes cirios, sostenidos por candelabros de plata labrada. E l catafalco del célebre pirata Barbarroja, que tantos disgustos dio a nuestro Emperador y Rey Carlos de Austria, visible en la cripta que se construyó para él, cerca de Dolma- Bagtché, es un monumento de una opulencia artística, que patentiza el alto prestigio de que goza todavta aquel caudillo, terror del Mediterráneo. De los cementerios públicos, ninguno supera en extensión al de Scutari, y es un vasto bosque de cipreses, en el que la llanura de las piedras sepulcrales rompe l a monotonía del arbolado. Las tumbas ostentan, generalmente, ins- cripciones, pero casi siempre exentas de toda significación personal. Ninguno de aquellos rótulos fúnebres nos informa de la profesión o dignidad social del muerto. Nada de consignar Aquí yace D. José Gómez Viguri, teniente coro- f nel de Infantería; tu esposa y tus hijos no te olvidan ni de hacernos saber que en tal tumba reposa D. Leandro Belausteguigoitia, magistrado del Tribunal Supremo, a quien naturalmente también se comprometen los supervivientes de sU sangre a no olvidarle. Esa forma de la vanidad postuma es desconocida del mahometano. Lo- único qué ordena al morir es que se le entierre con los pies en la dirección de la Meca, lo cual no pasa de ser una preocupación geográfica ennoblecida por la fe. La categoría so- cial del desaparecido no se infiere de la inscripclón de su tumba, que suele reducirse, casi siempre, a unos versículos del Corán, sino del tamaño del turbante esculpido en el testero. Si éste aparece, un poco ladeado sobre lá pilastra quiere decir que el muerto no dejó de existir por enfermedad o accidente, sino que fué decapitado, y para. qUe no subsista la menor duda, la familia lo hace constar en una inscripción: Una mano poderosa puso fin rápidamente a su existencia terrestre y lo empujó hacía el Juez Supremo, Nuestro Señor Misericord i o s o No se puede publicar con más elegancia la decapitación de un miembro de la familia. ¿Verdad? Los sepulcros de las mujeres aparecen con flores esculpidas en la piedra, y si se trata de muchachas solteras, el mármol lo acredita con un simple capullo en relieve. Pero, en general, la literatura no vierte, cataratas de retórica sobre las tumbas. E l nombre del muerto, la fecha de su fallecimiento y una oración sacada de las páginas del Corán. Alguna que otra vez una breve reflexión sobre la brevedad de la vida o una máxima del libro sagrado. Venimos de Dios, y la muerte nos lleva, a E l E l musulmán es sensual en la tierra, pero sobrio en sus manifestaciones postumas. Es una raza de señores, raza noble y entera, que, amando profundamente la vida, sabe recibir a la muerte sin temblar, porqué así lo dispuso Alá... MANML B U E N O MONUMENTO EN EL CEMENTERIO TURCO DE SCUTARI
 // Cambio Nodo4-Sevilla