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ABC EN NUEVA YORK La magnífica resignación de unos nobles rusos que viven olvidando su pasado esplendoroso y, sin mirar al porvenir incierto, se acomodan con el presente amable. L peluquero que me afeita es un pintor mejicano. E l camarero que me pone hielo en el agua y coloca l a m a n r tequilla en m i mesa es un. ingeniero de Costa Rica, que hizo su carrera en Hamburgo. H a y un médico e c u a t o r i a n o sirviendo sandwiches en una cafetería de Broadway. ¡E s a es la p á g i n a trágica de la emigración! E n una casita modesta vive una familia de rusos, compuesta de marido, mujer e hija. E l está empleado en u n Banco, con un sueldo que permite a l a famil. a resolver su vida solamente. E l l a es una mujer espléndida, de belleza sugestiva: la hija tiene el encanto de sus pocos años y una ráfaga de melancolía simpática. M e r e c i b i e r o n muy amablemente. M e obsequiaron con té, servido en tazas de cristal. H a bía algunas cucharillas con u n escudo nobiliario. -P u d e salvar, escondidas en el pecho, algunas cosas; poquísimas- -me dijo l a señora de la casa. E l marido, e m p l e a d o en un Banco, es el conde Waldemar A r m f e l t S u esposa, la condesa. es l a p r i n c e s a María Barclay T o l l y W e y m a r hija del príncipe del mrsmo título y nieta del general Alejandro, príncipe B a r clay de T o l l y Weymar. La. hija, Diña, es una muñequita eslava. E l conde de A r m f e l t me d i j o -L e veo a usted contemplando m i retrato, vestido con el u n i forme del Corps des Pages, y voy a explicarle l o que significa. E l Corps des Pages fué establecido E E L PRINCIPE ALEJANDRO BARCLAY D E T O L L Y WEYMAR, GENERAL D E L EJERCITO RUSO Y A B U E L O D E L A PRINCESA MARÍA do y hablar m i e n t r a s se toma cafe. Porque. en N u e v a Y o r k no existe e l café N o hay ningún sitio, como en Europa, donde se pueda i r para reunirse con amigos y ante una taza de café, se puedan pasar las horas hablando y d i s c u t i e n d o ¡Claro que los americanos no habrían íe frecuentar m i café, porque en la idiosincrasia americana esa costumbre no arraigaría; pero en Nueva Y o r k hay tantos extranjeros que echan de menos esos cafés, que creo que podría ser un pequeño negocio! ¿N o lo cree usted también así? Y o sonreí, no atreviéndome a aconsejar a la princesa rusa. E l oonde de A r m f e l t sonriendo, exclamó: ¡C l a r o! Comprendo que usted lio quiera aventurar un j u i cio. Pero yo dejo a m i mujer que haga lo que quiera en ese sentid o porque las mujeres son, casi siempre más persp caces que los hombres. -V i v í a m o s en Rusia, haciendo una vida de Corte- -me contó la princesa- M i marido era capitán de la- Guardia Imperial; le querían mucho el Z a r y todos sus compañeros y jefes. E n l a sociedad de San Pertersburgo estábamos muy bien considerados por todos; ¡éramos entonces tan felices... Llegó la g u e r r a Allá fuimos. Y o seguí a m i marido al frente, hasta donde las órdenes militares me permitían. Cerca de él, le inspiraba l a confianza en el triunfo de nuestras armas. ¡S i no hubiera sido por... tantas cosas! ¿P a r a qué recordar lo que EL PRINCIPE BARCLAY TOLLY MARÍA WEYMAR, ARMFELT PADRE D E LA CONDESA por la E i r t p e r a t r z Isabel de Rusia, c o n el objeto dé crear pajes de honor en las ceremonias dé Corte. Más tarde, el Corps des Pages estaba en el palacio dé. los Caballeros de M a l t a en San Petersburgo, y la insignia del Cuerpo es l a cruz de M a l t a precisamente. E n 1802 fué reorganizado el Corps des Pages. por el Emperador A l e j a n d r o I convirtiéndolo en un colegio m i l i t a r pero los pajes continuaron siempre prestando sus servicios en la Corte. P a r a pertenecer al Corps des Pages era indispensable ser de origen noble, y de ese Corps des Pages salían los oficiales de la Guardia Imperial. Aquí, en N u e v a Y o r k hay veintidós individuos que pertenecimos a l Corps des Pages; desde R o disco, chambelán de S u Majestad el Z a r hasta cuatro tenientes. H a y coroneles, capitanes está el príncipe Beloselsky, el conde A d l e r b e r g el príncipe D a d i a m i en f i n muchos rusos que ¡una v e z! fuimos en la Corte de R u s i a personajes y que ahora... nos ganamos n u e s t r a v i d a c o m o podemos... -L e o en los periódicos- -me dijo la p r i n cesa- -que en España hay desórdenes comunistas, y pienso en los españoles con pena. Aquí nos tiene usted... Y ahora no podemos quejarnos. Hemos resuelto el problema diar i o de la existencia, y en estos días estoy pensando en abrir u n café para extranjeros, donde por poco dinero se pueda estar senta- LA PRINCESA BARCLAY T O L L Y WEYMAR CON SU ATAVIO RUSO D E CORTE E N T I E M POS D E LOS ZARES