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lia, que pudimos salvar y recoger entre los parientes, desterrados unos, resignados al nuevo régimen otros... En fin, toda la tragedia de una desbandada general, sin esperanzas de redención... ¿Por qué usted no cree en una posible restauración dé otro orden en Rusia? -No- -me contestó la princesa- Es decir; yo creo que en Rusia, como en todo el mundo, habrá otra cosa que la que hay; no sé si mejor a peor; pero otra cosa; de todas maneras, yo no creo que lo veré. Para nosotros Rusia ya no existe Nos queda solamente nuestro idioma y nuestro temperamento... ¡Y esos retratos! La princesa sonrió, mirando los retratos de su padre y de su abuelo, que, sobre una mesa, parecían escuchar, amargamente, las palabras de la condesa de Armfelt. Su marido, el conde, muy serio, seguía con atención las palabras de la princesa y asentía con la cabeza sin hablar. Dina, la encantadora hija de la princesa, fumaba muy reflexivamente. Y EL CONDE WALDEMAR ARMFELT CON EL UNIFORME DE CORPS DES PACES EN RUSIA -Berlín... París... Los Estados Unidos... Ahora somos ciudadanos norteamericanos... Vivimos resignados, como si jamás hubiésemos sido otra cosa Mi marido trabaja en el Banco... M i hija baila... Yo estoy preparando la instalación de un café... Y de aquella vida de Corte... de boato... de aristocracia... de dinero... de honores y rango. De aquella vida en Rusia no queda en nosotros más que... un recuerdo muy igo, a go aM como la huella de tin sueño... ¿Y esos retratos? Etos retra os de fami- LA CONDESA MARÍA ARMFELT (NACIDA PRINCESA BARCLAY TOLLY WEYMAR) EN LA ACTUALIDAD la princesa María, sonriendo, alegrando su rostro bello con una luminosidad simpática, exclamó: -Es Ja vida... Nosotros, los eslavos, tenemos un sedimento de fatalismo en nuestro temperamento, y nos resignamos a las circunstancias sin grandes dolores. Quizá el instante de la transición es muy duro y. lo sentimos muy hondamente; pero luego... Por eso los rusos poseemos una pajabra mágica que nos transfigura, como si nos inyectase un sedante. Es la palabra que resume todo el poema de nuestra gran resignación. Créame usted. Quizá los que no son eslavos no pueden comprender la importancia del efecto que esa palabra ejerce en nosotros; pero es así. Y, haciendo una pausa, la princesa María me miró, sonriente, y, fumando, echó su encantadora cabeza hacia atrás y dijo con una indolencia maravillosa: ¡Nietchivó, EL CONDE WALDEMAR ARMFELT EN LA ACTUALIDAD ABELARCO F E R N A N D E Z A R I A S
 // Cambio Nodo4-Sevilla