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Reno, la más grande pequeña ciudad del mundo s i lo declara u n arco luminoso, t la e n t r a d a de V i r g i n i a S í r e e t The biggert litle city in the wotd. N o hay duda, pues, fe que los habitantes de Reno e s t á n orgullosos de sí misinos y de l a pésima reputación de que goza su ciudad, si no en el m u n d o a l menos dentro del contorno geográfico, casi lineal, de los Estados Unidos. Reno h a c e g a l a y publicidad de los v i cios que esconde, n i a l escondidos, en su seno, lo que basta y sobra para producir o n d a s de escándalo en todas direcciones, sobre las praderas, sobre los desiertos, sobre las mont a ñ a s sobre los ranchos de n a r a n j a las plantaciones de algodón, los bosques petrificados, los g r a n d e s A ENTRADA A SENO, DONDE UN ARCO DE LUCES A D V I E R T E A QUE CIUDAD SE LLEGA, NADA MENOS VIRGINIA STREET, UNA C A L L E DE RENO, CASI L A ÚNICA lagos y los campos de golf. Salvo unos cuantos millones de americanos, repartidos especialmente en las grandes ciudades, donde se a t e n ú a n los rigores de l a rabiosa moralidad nacional, puede decirse que l a U n i ó n Americana tiembla al oír el nombre de Reno, ejemplo de perversión, lugar de cita de los vicios m á s acreditados. A m é r i c a que ha producido una moralidad tipo standard de ocho cilindros, ha dejado de ocuparse del escandaloso Hollywood cuando se ha demostrado que se trataba solamente de una hábil c a m p a ñ a de publicidad, y que C l a r a B o w es, en el fondo, una buena chica pelirroja, con un g u i ñ o de ojos, que es m á s Un tic que una provocación. Todas las miradas austeras fulminan ahora en esa pequeña ciudad de Reno, hasta hace poco tan callada y tan quieta, junto a sus lagos, sus r e b a ñ o s de ovejas y sus fuentes sulfhídricas. Naturalmente, R e n o lia dado motivos. E l puritanismo no se agita nunca sin razón, sin su r a z ó n P a r a dar de q u é hablar en una sociedad apoyada en numerosos y sólidos prejuicios, hay que ser, si no comunista, un sujeto de malas costumbres. U n sujeto de malas costumbres viene a ser el mismo, poco m á s o menos, en todos los países poco m á s o menos civilizados: un hombre que bebe, que juega, que fuma, que baila, que compra amor, y, por último, que se divorcia. Q u i z á alguna de estas actividades, aisladamente, no merezca tan dura condenación, pero el individuo que las colecciona, con libertinaje y escándalo es un sujeto de malas costumbres, sin discusión. Q u i z á también, para mucha gente, algunos de estos vicios lo sean en grado nulo, o, por lo leños, muy discutible. P o r ejemplo, el fumar, el bailar o el divorciarse. P e r o hay que tener en cuenta que en algunos Estados de la U n i ó n está prohibido el tabaco, reglamentado el baile, suprimido el divorcio y cortado radicalmente el beso cinematográfico. Reno, capital del Estado de Nevada, es el sujeto de malas costumbres. S u propaganda advierte que est án abiertas públicamente sus casas de juego, entreabiertas sus tabernas, cercados, pero accesibles, sus barrios de cortesanas, y absolutamente fácil el divorcio para todo el que v i v a tan sólo seis semanas entre sus muros. P a r a l a bebida, cuya prohibición es nada menos que un a r t í c u l o de la Constitución americana, hay m á s que tolerancia. P a r a el juego y el amor, ni remotamente p e r m i t í a o s en muchos Estados, hay una excelente libertad organizada. Para el divorcio, junto a los g r a v í s i m o s motivos y a los tres a ñ o s de residencia que son necesarios en Columbia y en Connecticut, y cinco en Massachussetts, las seis semanas de R e n o y l a manga ancha de sus jueces bastan para justificar una intensa afluencia turística. L o que falta saber es si Reno es, realmente, l a m á s grande pe- quena ciudad del mundo, y si vale l a pena pasarse Una noche sin dormir, en el automóvil de un amigo desbocado, para llegar a sus puertas y gozar de sus libertades de intromisión.