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RECUERDOS DE A N T A Ñ O NARVAEZ. A figura del duque de V a l e n cia, tan preeminente y destacada durante el reinado de Isabel I I muestra cualidades diversas y contradictorias que dan lugar a que su estudio sea revesado y complejo. L o s actos de su vida desconciertan y confunden al que los examina, porque andan mezclados en su actuación excesos de rigor, que caen de Heno en la crueldad, con alardes, de sentimentalismo que él mismo confiesa sinceramente en sus cartas; rasgos de ineducación manifiesta, que a veces rayan en grosería, con perfiles de distinción caballeresca, y vanidad satánica y orgullo i n t o l e r a b l e con extremos de modesta sencillez. Y para que todo en él sea más absurdo, al lado de su doctrinarismo reaccionario q u i e r e aparecer, claro es que en raras ocasiones, adornado de tolerancias democráticas. Sería preciso un libro de gran extensión para juzgarle con el debido acierto; pero como m i propósito es presentar alguna faceta aislada de su carácter, relataré algunos episodios de su vida que ratifican la rara e i n comprensible condición del personaje. Presidía el Gobierno, desempeñando a la vez la cartera de Guerra, en el año 1844. Existía entonces un regimiento de Infantería apellidado R e i na Gobernadora, cuyo mando era codiciado por todos los coroneles del A r m a L a circunstancia de llevar el nombre de la hermosa viuda de Fernando V I I tan poDON pular y querida a raíz dé l a muerte del Rey, le otorgó tal prestig i o y preferencia, que pertenecer a él lo consideraban como un privilegio honroso todos los militares, poniendo en juego para conseguirlo los mayores empeños y las más altas recomendaciones. E n los días a que. hago referencia estaba al frente de dicho Cuerpo el coronefi don José Antonio Turón, a quien se designó teniendo en cuenta sus esclarecidos méritos, tan indiscutibles y notorios, que le habían hecho acreedor, sin protesta de nadie y con aplauso de todos, al ascenso por elección. E l regimiento era modelo de orden, de disciplina y de honrada administración; sus jefes y oficiales, caballerosos, valientes y de conducta irreprochable, y sus soldados, ejemplo adm rado de obediencia e instrucción militar. Turón, que por espontáneas y nativas i n clinaciones era esclavo del cumplimiento de su deber, redobló su celo y aguijoneó su, voluntad para aventajar una obra que parecía inmejorable y definitiva. Pero su talento preclaro, su amor a l a milic a, su perseverancia incansable y su pundonor quijotesco hicieron posible el m i lagro. Parecía imposible que aquel regimiento llegara a más alto grado de perfección, y, sin embargo. dirig do por él, alcanzó mejoramientos insospechados. Recién encargado del mando, le enviaron quinientos reclutas acabados de ingresar en filas y ayunos, por lo tanto, de toda instrucción. Convocó a los oficiales, y, dándoles las órdenes per: TURÓN. OLOZAGA L pertenecía a su tertulia casera y era comensal en su mesa casi diariamente. Picado y molesto por los encomios que Concha había prodigado a Turón, habló con N a r váez, haciéndole presente q u e consideraba una imprudencia que el director general de Infantería consignara v. n documento oficial que los Cazadores de Reina G o bernadora eran los primeros soldados del mundo, no sólo porque no lo estimaba cierto, sino también porque tan rotunda y aventurada afirmación ofendía a todos los coroneles de la Infantería española. Y para demostrarlo puso en sus manos una copia del oficio dirigido por Concha. L o leyó Narváez y guardó absoluto silencio, que no dejó satisfecho a su protegido; pero allá en lo íntimo de su ser concibió el plan de comprobar la certidumbre de los hechos, y se dispuso a practicar l a inspección personalmente. Pasados que fueron dos o tres días, y Siendo la una de la madrugada, recibió el coronel T u rón una orden del general en que le anunciaba que a las ocho de la mañana del mismo día tuviese formado el regimiento en la Carrera de San Francisco, para revistarle, él en persona. E n el acto de recibir la orden calculó que era objeto de alguna asechanza, y que se le quería sorprender para, si se hallaba alguna falta, destituirle del mando, y, aunque confiaba ciegamente en que no debía abrigar temor a l guno, envió en el acto r e c a d o al comandante mayor para que R A M Ó N MARTA N A R V A E Z P R E S I D E N T E D E L C O N S E J O todo estuviese dispuesto a la hora D E MINISTROS E N 1844 señalada por él ministro de l a Guerra. tinentes al caso, que secundaron- con inteLlegó éste, mostrando cara adusta y de l gente y celosa rapidez, no. habían transcupocos amigos, cosa que él sabía hacer a 3 a rrido treinta días cuando aquellos so! dadiperfección, y, tratándole de superior a subtos bisónos estaban convertidos en verdadeordinado, le ordenó que evolucionara el reros veteranos. gimiento. A s í se verificó, y después fué el D e tan notorios progresos tuvo noticias general examinando minuc osamente el esel entonces director general de Infantería, tado de armas y uniformes, que lo enconD Manuel Gutiérrez de la Concha, después tró irreprochable, así como también perfecmarqués del Duero, y, dudando de su verata y ajustada a las más severas reglas la cidad, resolvió presentarse, sin previo, aviso, instrucción de todos los soldados. Tornóse para revistar el regimiento, que maniobraba su semblante, antes (adusto y áspero, en jotodas las tardes en una explanada que había, vial y agradable, y, tendiendo la mano a pasado el puente ele Segovia. S u asombro Turón, lé d i j o M u y bien, coronel Desno tuvo límites al contemplar cómo aquepués reunió a todos los jefes v ofic ales, y llos muchachos desmazalados, rústicos y sin en una pequeña arenga expresó su satisfacaseo de ninguna clase u n mes antes, encanción por haber encontrado a los Cazadores taban ya por su marcialidad, finura y pulde R e i n a Gobernadora en condiciones tales critud. que a nada se le podía poner defecto. FeFcitó calurosamente a Turón, y al día Inmediatamente manifestó Narváez a T u siguiente le participó oficialmente su enhorón: M e han dicho que tiene usted q u i rabuena en una comunicación llena de elonientos quintos incorporados hace pocos gios y parabienes. días que ya conocen y practican la ordenanT a n justas alabanzas, que seguidamente za perfectamente a lo que contestó el coronel L l e v a n ye ntisiete días a mis órdefueron conocidas por toda ía guarnición, nes, y, aunque no son modelo acabado de despertaron la envidia de casi todos los jeinstrucción, no hay inconveniente en que fes, no viéndose libre de sentirla el coroV E los vea trabajar Y mandando que nel Fulgosio, que cuatro años más tarde, siendo capitán general de M a d r i d murió los, reclutas dieran cuatro pasos al frente, trágicamente en la Puerta del Sol en una de la sorpresa del ministro fué tan extraorlas sangrientas jornadas que bautizó gráfidinaria que d i j o ¿C ó m o en la. formación camente el maestro Gañdós con el nombre no he p od do yo distinguirlos de los soldade las tormentas del 4 8 dos viejos? E r a Fulgosio, que mandaba el reginrento A l día siguiente acudió Fulgosio a ver a Narváez, y cuál no sería su disgusto de ía Princesa, íntimo amigo de Narváez,