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El profesor Martel, rodeado de su- mujer y. sushijos, explica al Sr. Ftrnándes en los Estados Unidos. Arios el desarrollo del español rra, perdieron. Los alemanes van adquirió? do cátedras de alemán y desplazando a los españoles. También- los franceses hacer; su propaganda intensa, y hoy, en ios Estados Unidos, se aprende el. francés en proporciones considerables. Nosotros hacemos nuestra labor solos. Carecemos de apoyo oficial. Los Gobiernos españoles nunca se han preocupado: de ayudarnos; no digo pecuniariamente, que afortunadamente no necesitamos, sino moralmente. J a m á s se ha dado el caso de que los Gobiernos hayan oído nuestras peticione? que- son sentimentales y al mismo tiempo necesarias para fomentar, en los Estados Unidos, el estudio y- c o n o cimiento del español y de nuestra- literatura. Continuamente se dan fiestas para otorgar grados y premios, que nosotros- nos procuramos. ¿Cree usted que el Gobierno español ha pensado en participar de una manera directa o indirecta en. esos actos? Jamás. ¿Q u é le costaría al Gobierno español, por ejemplo, crear una medalla, sencilla, como premio a los alumnos de español? ¡Algo! Los franceses tienen sus Palmas académicas que van otorgando a los profesores de francés americanos, y que. ellos agradecen mucho. N o lo digo esto, por mi, personalmente. Y o estoy condecorado por el Gobierno d e España. Tengo la cruz de caballero de Isabel la Católica; pero me refiero a los americanos; a osps profesores que enseñan el español por las escuelas oficiales, y que jamás reciben de España ningún agasajo, ni sombra de agradecimiento moral; ya que el Gobierno americano les paga. Si. E s p a ñ a y las Repúblicas latinoamericanas, se preocupasen de este problema, creo que se llegaría a desarrollar el estudio del español en condiciones maravillosas. ¿C u á n t o s iiiaestros. de español tiene la Asociación? -En Nueva York, solamente hay trescientos, maestros de esp. añokasaciados, y probablemente hay más, qiie- Jho pertenecen a la Asociación. -Pero, ¿cuántos discípulos de español hay? -E n Nueva- Y o r k solamente hay cerca de cincuenta mil- estudiantes de español; todos, naturalmente, americanos. ¿Y en todo el país? i. -Calculo, según las últimas estadísticas, que en los Estados Unidos estudian el español unas quinientas mil personas. M u y cerca del medio millón. -Y ¿hablan español? -Muy bieñ y Soñoeen nuestra literatura probablémeñté. mejq. í- que muchos españoles. ¡H a y que pides discutir la psicología de nuestro Sigí o Vde. QFÓ, por ejemplo. ¿S o n aficionados los norteamericanos a las lenguas extranjeras? -H a y dps te, o; lencias: una, nacionalista, que se opone, al- conocimiento de los idiomas extranjeros, y- otra, internacional, que desea el conocimiento de las lenguas. De todas maneras, las estadísticas acusan una cifra de un millón y medio de. cstudiantcs. de idio- mas extranjeros. Y de ese millón -y medio, i ya ve que el español se lleva, i a tercera parte! ¿Y cree usted que en el porvenir... -E n eso soy algo pesimista. S i el Gobierno español ño estudia seriamente la manera de ayudarnos decuria manera oficial, y; ya digo que no pedimos dinero, es decir, que no le va a costar nada al Gobierno esa ayuda que creo necesaria, el estudio del español cr- los Estados Unidos irá decreciendo lamentablemente. Sonó el teléfono y desde un colegio se preguntó al profesor Martel algo que él rár pidamente resolvió. L a esposa, del profesor Martel, que es s, u colaboradora más eficaz, me dijo: -Así todo el día y todos los días. De todas partes acuden a mi marido para que resuelva dudas y nebulosas en textos o interpretaciones. Aquí se quiere mucho a mi esposo, y se le respeta con, una consideración extraordinaria. Me fui de la casa del profesor Martel con una impresión intensísima ál pensar que aquí, en esta ciudad tan grande, tan cosmopolita, tar internacional y tan moderna, el español vibraba en una proporción muy respetable y podría triunfar decididamente si en las esferas oficiales se preocupasen un poco de la propaganda que supone ese elemento tan importante, más eficaz para los intereses morales de E s p a ñ a qué las notas oficiosas que de ninguna manera neutralizan los efectos que causan las- noticias que el cable trac cada vez que er E s p a ñ a o en la América latina sucede algo ele todo eso que sucede y que, contado, eri pocas palabras, deja, uria sensación desdichadísima. Indudablemente, si el español se difundiera y nuestra literatura se conociese bien, r o se creería en el extranjero que España es la España de Carmen solamente Pero... ÁDELARDO F E R N A N D E Z ARIAS 4
 // Cambio Nodo4-Sevilla