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DIARIO SI M O ILUSTRACTAVO D O AÑO VI G E 10 C T S NUMERO AB E L MILAGRO- HITLER E l partido nacional- socialista ha alcanzado el primer puesto; DIARIO J LUSTRA- D O A Ñ O VI G E S I M O C TA VO JO C T S N U M E R O F U N D A D O E L i. D E JUNIO D E 1905 P O R D. TORCÜATO. L U C A D E T E N A CON TODA LA BARBA E l señor ministro cié Instrucción pública prepara l a fundación de muchas más nuevas escuelas. L A SANCIÓN P O P U L A R L o s ladrones de Zaragoza protestan; indignados, contra los pistoleros. L a gobernación de un país obliga, como tributo indispensable, a una exhibición continua. Y una República nueva, naturalmente, es un fenómeno extraordinario de pu. blicidad. Todos los días contempla el público retratados a los ministros en los periódicos y en las películas. Los hay de d i ferentes vitolas, unos gruesos y otros flacos, unos simpaticones y otros de aire más grave. E l más perfilado de todos, el más señorito, el más guapo y sonriente es, sin duda, D Fernando de los Ríos. Cuando aparecen todos los ministros en fila, diríase que el ministro de Instrucción pública está allí cumpliendo una- función de alto deber decorativo con sus bellas barbas de un tinte juvenil y aristocrático (de cuando los aristócratas, fueran cristianos- o moros, solían usar barbas sedosas) ¿Cómo puede suceder que sea precisamente socialista un ministro tan guapo, desbarbas tan hermosas, de aire tan señor y amable? Todos liemos pasado por la zona cálida del sentimentalismo social todos hemos incurrido en el sarampión socializante, y yo recuerdo el fervor catecúmeno que me hizo escribir, por ejemplo, la novela del Rey Nicéforo y el cuento del Mundo subterráneo. H a y que pagar el forzoso tributo a la juventud. Después los años pasan y uno abandona los escarceos socialistas por miedosa la- terrible realidad: l a Civilización en poder del Proletariado. ¿Qué le ocurrió a D Fernando de los Ríos? ¿Que no pudo librarse a tiempo de la seducción juvenil y ahora ha quedado preso dentro del socialismo? L o s retratos de los periódicos no alcanzan a revelarlo; pero quien observe al m i nistro de. Instrucción pública de cerca podrá descubrir que en sus negras y sedosas barbas están apareciendo algunas canas. E s cuando D Fernando de los Ríos se lanza a la pedagógica aventura del carro de Tespis. Él carro de Tespis y la radio; la radio y el gramófono ilustrativo por las aldeas. Y veinte mil, doscientas m i l escuelas nuevas... Toda la familia de De los Ríos está tocada por el misticismo de la ilustración. Estirpe de catedráticos, su vastago actual sueña con reformar, con transfigurar a E s paña a fuerza de maestros. ¿Pero en dónde se encuentran maestros para tan numerosas escuelas? H a y que hacer los maestros. ¿Pero quién los hace? ¿Se crean docenas y cientos de miles de maestros eficaces con la facilidad con que se forman albañiles o segadores? También sería interesante saber lo que opinan del carro de Tespis los auténticos socialistas de blusa y martillo. E n España podría suceder jgual que en F r a n c i a que algunas eminencias del socialismo se pasasen a la República burguesa. Véase el caso Briand. ¿Quiénes serían los candidatos a esta evolución... Cuando a un hombre le salen canas en la hermosa barba, quiere decir que está en el momento de la reflexión, de las evoluciones trascendentes. S i dé transcurrir ese momento decisivo, es que su. ser se ha enquistado, y entonces permanecerá preso para siempre de su fatalidad doctrinaria. Será tan flexible y oportuno el espíritu de D Fernando de los Ríos como sedosa es su barba? JOSÉ M f S A L A V E R R I A Y a está formándose la leyenda alrededor, de la figura de H i t l e r ya ha salido e l Führer, el caudillo de la comunidad de los simples mortales. ¿Y a quién le sorprenderá la exaltación de los espíritus al presenciar el auge asombroso de un partido, que en dos lustros ha aumentado un millón, de veces el número de sus adheridos? Cuando se fundó el partido, sus miembros cabían en una habitación reducida; hoy, con sus hijos, poblarían un país tan grande como España. E l éxito moral de las elecciones del domingo es de Hitler, aunque en ninguna par- te haya obtenido mayoría absoluta. E l sistema proporcional que rige en Alemania i m pide que un solo partido predomine en el Parlamento y- las- Dietas. S i n embargo, el partido nacional- socialista ha conseguido tres cosas sumamente importantes: H a conseguido demostrar que es, a todas luces, el primer partido del R eich. Entre las elecciones de, 1.928 y las, de 1930 ha decuplicado el números de sus i votos, y desde la fecha del 14 de septiembre de 1930 ha hecho más que duplicar los sufragios. Más de la- tercera parte de Alemania veta ya en pro de los candidatos nacional- socialistas; jamás. ha visto Alemania partido. tan numerosoTambién ha conseguido que los socialistas confesaran su debilidad y se unieran, a los partidos burgueses moderados para impedir el advenimiento de un partido que se titula partido alemán nacional- s, ocialista obrero Desde hace tiempo, Moscú acusa a los socialistas (en Alemania se llaman so- cial- demócratas de aburguesarse, de convertirse en un partido pequeño- burgués E l partido socialista ha dejado, de ser un partido revolucionario, y hoy- -por la fuer- za de los. acontecimientos- -es. un partido, de legalidad y casi conservador, en el sentidoamplio de la palabra. E l tercer gran resultado- del triunfo. hitlerista es el haber obligado; a dos. partidas contrarios a invocar en P r u s i a l a cooperación de los comunistas. E n efecto, en Prüsia todo depende de estos últimos para que el Gabinete Braun (formado por representantes de los socialistas, católicos y demócratas) pueda mantenerse en el Poder será necesario que los comunistas le den su apoyo. L o harán por el simple temor al advenimiento de los hitleristas o a cambio de ciertas concesiones por parte del Gobierno? Después de haber sido durante varios años un partido numéricamente insignificante (en la Dieta prusiana, elegido hace cuatro años, sólo había siete representantes hitleristas) el nacional- socialista saltó en septiembre de 1930 bruscamente al segundo lugar, y hoy es el primer partido del Reiclj. E n el Landtag de Prusia ha aumentado veintitrés veces el número de sus diputados, y tiene tantos, como los partidos gubernamentales juntos. ¿Quién- hubiera previsto hace no más de dos años semejante resultado ¿por qué no decir milagro. un, auge tan colosal de un partido acaudillado por un extranjero? ¿Y quién nos indicará la proporción, que: corresponde a la miseria generali y la que se debe al genio de Hitler, como drádor y; organizador? ANDRÉS R E V E S Z 5 -Los delincuentes, profesionales contra la propiedad, vulgo ladrones, recluidos; en la prisión de Zaragoza, justamente indignados por el crimen estúpido y brutal- -así lo califican ellos mismos. -de que ha. sido víctima la: joven dependiente del estanco del Coso, han dirigido a Heraldo de Aragón una carta colectiva de enérgica protesta. ¿Cuándo se ha- visto- -dicen- -que atracos- de esta índole hayan sido perpetrados por compañeros nuestros? Nosotros, cuando llegamos a realizar un. trabajo, vamos desarmados, porque sólo nos valemos de la pericia y del ingenio. Odiamos la violencia. Nunca nos manchamos con sangre inocente. Es. verdad. Tienen razón en indignarse los ladrones, de. Zaragoza y en rechazar airados toda sospecha de solidaridad con esa mala bestia de asesino. E l ladrón no mata más que en casos extremos de desesperación o defensa, cuando, eñ un momento de acoso, el instinto primario, de conservación le lleva a preocuparse más de la v i d a que de la libertad. P o r cálculo, nunc. a. Y por venganza, por rabia, p o r despecho, por ira, como en el ca. so de Zaragoza, mucho menos aún. E l ladrón profesional es lo bastante inteligente y lo, suficientemente instruido en materias penales ípara no saber de antemano las gravísimas complicaciones que puede acarrearle una extráíimitación en sus funciones. H a y que ser fmúy bruto para hacer l o que ha hecho el- ásesino. vde Zaragoza; bruto en toda la- extensa -acepción del vocablo, desde ferocidád hasta estupidez. P o r eso la reacción d e l a ciudad es un sacudimiento de indignación y. de protesta tan unánime, que ha abarcado desde los burgueses hasta los obreros, desde los estudiantes hasta los ladrones. Y -no cabe argüir que estas justas indignaciones populares puedan atribuirse a un fenómeno esporádico de sentimentalismo ocasional. E l mismo día, casi a la misma, hora, en iqú. e los estu. diantes zaragozanos acordaban- pedir el restablecimiento dé la- pena de muerte para castigar a ese malvado, en ún pueblecito norteamericano del Estado de Kansas, doscientos campesinos asaltaban la cárcel, se apoderaban por la fuerza de un detenido, acusado de secuestro- y asesinato de una niña, le echaron una soga a l cuello y, después de tundirle con. una. paliza, que le dejó moribundo, completaron la obra ahorcándole de un árbol: Se dirá que no hay equiparación, porque él caso rio es el mismo. Cierto. N o lo es. Entre reclamar el restablecimiento de una. pena, por los cauces hábiles y jurídicos de una petición a los Poderes públicos o practicar el linchamiento hay; ciertamente, un abismó de razones éticas y escrúpulos legales. Celebremos, por el prestigio de. nuestra cultura, que la i n dignación popular en España no haya apelado todavía a estos procedimientos rápidos y expeditos, pero dispongámonos a, jio sorprendernos s
 // Cambio Nodo4-Sevilla