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Una Interviú con Federico García Sanchiz, Miuras, y s i n enfermería. Las recientes agresiones de que ha sido objeto en Gijón y con ocasión de sus charlas acerca de Rusia, colocan su figura cía Sanchiz recibe estos días de toda España pruebas muy interviú, y he aquí lo que nos ha dicho el culta y amenísimo ñas de las piedras contra él valientemente A imitación de ese doctor que en Buenos Aires se ha operado a sí mismo de apendicitis, quisiera yo examinar en público mi fracaso. L o es l a renuncia a la segunda charla de Santander, contra mis proyectos y aun compromisos. Y no recurrí al sabido truco de fingirme agripal, de excusarme con una mentirijilla. Sencillamente, abandoné el campo. L o s grandes periódicos han divulgado los sucesos de Gijón con motivo de mi presencia en el teatro Dindurra. F u i apedreado. N o se detuvo ni molestó en nada a ninguno de los apedreadores, y la única persona que salió del local entre policías, ¿quién cree que haya sido? Y o mismo; es decir, l a víctima. A l día siguiente se tomaron precauciones. Tales, que estalló un petardo en la proximidad de la sala y un grupo de mozalbetes prendió fuego a un automóvil, creyéndolo de mi propiedad. P o r iiltimo, la tarde de la tercera charla se roció con gasolina una de las puertas del Dindurra, amenazando con el incendio. Y a todo esto, quien podía ciarla y de modo que nadie dejó de enterarse, dio la orden de que no se h i ciera el menor daño a los delincuentes. (P e r d ó n señorita Kcnt y Sr. Albornoz: quise decir caballeros delincuentes. Bien, se me d i r á ¿y los espectadores. los honorables ciudadanos, la burguesía? Santander nuestro ilustre colaborador el Sr. García Sanchis, el pumo de la más destacada actualidad. Federico Garseñaladas de adhesión. Hemos querido celebrar, con él una charlista, que en la fotografía aparece, contemplando alguijada arrojadas en el teatro Dindurra, de JiJOW. Gijón: De seguro salieron a la defensa de usted. siste en avisar a mis compatriotas, llevando A d i v i n o estas palabras. Claro que no falsu atención a u n peligro, doblemente espantaron gentes animosas. Y hay que rendir toso, por el riesgo que representa, y porque homenaje a las mujeres por su valentía y su la catástrofe a nadie mejoraría en nada. A s í serenidad. Y abrazar a unos muchachos que lo digo a los de abajo, en tanto quisiera i n en el despacho de billetes pedían butacas fundir á los de arriba, espíritu de sacrificio de la fila adonde caen las piedras. E n camy total reconocimiento de la dignidad hubio, numerosos abonados acudían a l a conmana. Esfuerzo vano y ridículo. F l u c t ú a R u taduría en demanda de localidades distintas sia en E s p a ñ a entre la tontería de unos cura las de su abono, en súplica de asientos sis y e l casanellismo. Y aquellos escasos laterales, fuera de la zona de peligro. Y compatriotas nuestros que están capacitados después de la charla, en que se me había para opinar, y que, indudablemente, conocen aplaudido hasta la exageración, ni un solo la verdad del país soviético, enmudecen, oyente venía a acompañarme y conducirme por comodidad o lo que sea. E n esas bandeal hotel. N o hubo m á s bravo que un chófer ras de la despreocupación quiero alistarme. de taxi, al cual, por cierto, amenazaron los Cuando un Gobierno ignora la ayuda que comunistas- -sin duda con medios para pase le presta, y la burguesía teme por su searse en auto- -con el boycot. modorra, y el pueblo deja que se endurezca su corazón, y existan periódicos y periodis ¿Y la Prensa? Unánimemente protestó la tas, muy filosóficos, pero que olvidaron lo local contra la barbarie. Hubo, sin embargo, del imperativo categórico, a qué seguir una periódico que celebró la pedrea y el petardo. campaña que no serviría sino para que un ¿N o adivina su título? ¡Luz! ¡Luz! que sigue con sú tabernilla de vinagre en San observador extranjero se percatase de nuestras desdichas? Petersburgo, digo, Petersburgo. ¿Necesitaré explicar después de cuanto Sin contar que uno también tiene derecho antecede la razón de la sinrazón de mi cona vivir. ducta? Y lo peor es que no me arrepiento Y bueno está, bueno está, señores, que de mi informalidad, y que, por el contrario, se nos haga torear miuras. Incluso sin picaquisiera que sirviese de ejemplo a los i n dores y hasta ya toreados... Pero cuando felices que andan por ahí en misión de menos que haya enfermería en l a plaza! humildad y de españolismo. Escarmienten en mí esos tontilocos. Todo mi pecado con (Foto Samot.
 // Cambio Nodo4-Sevilla