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E I C o ns e ¡o general de Turismo. 5 en Convocado por el Patronato Nacional de Turismo se ha reunido estos días, para terminar hoy sus deliberaciones, É el palacio del Senado, el Consejo general de Turismo. El wmero de delegaciones asistentes, es de 64. poto ¿egn. palaci viaje hasta la Costa A z u l en bicicleta es bastante molesto. Seguía lloviendo. Una formidable circulación de camionetas cerradas. Cada una de ellas llevaba en la carrocería el letrero de una marca de impermeables: los mejores, los más fuertes, los m á s baratos... ¡Mcssieurs les Francais! Es una lluvia comercial, porque a la ciudad le conviene también un aire triste. V a n llegando a San Sebastián, poco a poco, los españoles que salieron de E s p a ñ a en la primavera última. Vuelven para contemplar el país desde uno de -sus bordes. P e r n e c e s i tan un poco de respeto para sus ncSalgias; necesitan también melancolía. Se marcharon para huir del estrépito, y hay que recibirles entre grises. E l clima caribe es vociferante. Ellos no salen apenas. Necesitan un buen fuego de leña en la gran chimenea del hall del hotel. Necesitan recluirse en el bridge. Necesitan un gran vidrio al temporal para que las damas hagan su crochet del lado habitable de la luna, entre miradas agradecidas a la inclemencia de los cielos. Renovarse o morir. San Sebastián refresca constantemente sus elementos de atracción. Cuando quedó prohibido que los hombres de dinero y las mujeres de sonrisa se dejaran rastrillar billetes en el no va m á s San Sebastián inventó el trigémino, poco más o menos; luego popularizó las cocochas regusto máximo de la merluza, localizado en su garganta. Ahora suelta la lluvia; la desencadena; la ofrece sin tregua... Llovía en San Sebastián amargamente. J. M I Q Ü E L A R E N A amistad y gustaba de sostener conmigo- anide espanto: E s esto m á s miedoso que l a madas charlas, en las cuales tratábamos pinnoche de los ruidos torescamente sucesos antiguos? o contempoCúcuta era una simpática capital cercana ráneos de nuestros jespectivos países. U n a la. frontera de Venezuela, que levantaba dia me contó la trágica ñocha de los ruidos, sus calentanas viviendas en una dilatada llaque él había oído describir con toda clase de nura. Amanecía el día de San José del a ñ o detalles a una persona muy culta que la 1875 en l a m á s completa normalidad, cuanvivió. do surgió, con caracteres aterradores, un E n los últimos años de la dominación imponente terremoto, que zarandeó la tierra española en Colombia, a principios del sien todos sentidos durante veintidós segunglo x i x disfrutaban los habitantes de Santa dos, pequeño espacio de tiempo, que fué suFe de Bogotá de c a vida de relación plácificiente para que en toda l a ciudad fio queda y honrada, que siempre fué típica en la dase piedra sobre piedra; ni aun las chozas capital de la Antigua Nueva Granada. Eran cónicas de estaca en tierra, quedaron de pie; las ocho y media de la noche cuando empetal fué la violencia brutal de aquella manizaron a sentirse en toda la ciudad unos infestación de la Naturaleza. explicables ruidos subterráneos, cavernosos Cuéntase que un español, viajante de coy aterradores Los pacíñeos santaférenos, mercio, bajaba a caballo por la ladera de una que en aquellos tiempos y a tales horas sohiontaña contemplando la ciudad, cuando lían estar en la tertulia de sobremesa, lansintió, el terremoto; saltó a tierra y c e r r ó záronse a la calle desconcertados en busca los ojos horrorizado. A l abrirlos de nuevo, de la explicación de tan e x t r a ñ o fenómeno, una vez pasado el fenómeno sísmico, vio con que arreciaba por momentos en intensidad, espanto que la ciudad había desaparecido, hasta llegar a asemejarse a una espantosa sin que quedasen de ella otra cosa que hutormenta bajo tierra. Locos de terror, sin meantes montones dé escombros y nubes de saber qué hacer ni cómo defenderse de aquepolvo. E l pobre perdió la razón, como mullo que muchos interpretaban como el fin chos miles de cucuteños perdieron la vida. del mundo, corrían cual epilépticos del camSobre aquel solar se levanta hoy la grácil po a la ciudad, de la ciudad al campo, de ciudad de San José de Cúc ute, formada por una calle a otra, tropezando, cayendo y g r i calles amplias y edificaciones ligeras de poca tando hasta sumirse en el m á s dantesco dealtura, dispuestas siempre a ofrecer al v i a lirio. Veinticinco minutos, que parecerían jero la m á s simpática acogida. Los cucuteseguramente veinticinco siglos, duró el esños son así. pantable fenómeno, que la ciencia no pudo explicar jamás, porque no estuvo relacionado con erupciones volcánicas, temblores de L a distinguida señora del que fue ministro del Gobierno en Colombia doctor Cuertierra, tempestades, inundaciones, ni grandes vo Marqués es natural de Cúcuta y sufrió, corrimientos o depresiones de masas monsiendo una niña, los horrores de aquella hetañosas. catombe, que pudo referirme amablemente Pasado el fenómeno, no parecido a nincon prolijidad de detalles. A la destrucción guno otro, quedó la tierra cu la m á s absolude Cúcuta siguieron escenas trágicas de justa calma, como si estuviese rendida del, esticia fulminante, pues un general consciente fuerzo hecho: no ¿s í los habitantes de B o de su deber se vio en l a dura necesidad de gotá, que, enferma, sobresaltados y temefusilar a muchos bandidos, que, ayunos en rosos, recordaron con espanto durante musentimientos de humanidad, mutilaban los chos años la noche de los ruidos, que no se cadáveres y aun los heridos para arrancarha vuelto a repetir, pues realmente la capiles- sus alhajas? hecho que, por desgracia, se tal de Colombia no es muv propensa a los repite en casos semejantes y en todas las na- fenómenos sísmicos o telúricos que tanto i n ciones. quietan o perjudican. Dígalo si no 1 a desventurada Mesina, que T a l fué la impresión que aquello causó, j a m á s olvidaré, cuyas ruinas pude contemque al cabo de un siglo, durante mis dulces plar con el más profundo dolor meses desaños de permanencia en la justamente llanués del terremoto de 28 de diciembre mada Atenas de América, oí decir muchas de rooS. veces, cuando se quería exagerar una cosa HÉCTOR 1 LA DESTRUCCIÓN D E CÚCUTA E l fenómeno sísmico que en estos últimos chas ha conmovido la Cadena Andina, en proporciones j a m á s conocidas, trae a mi memoria algunos que oí contar a personas respetabilísimas. Son estos fenómenos que la tierra ha ofrecido de tal interés, que no renuncio a la idea de referirlos. E l nunca bastante bien alabado arzobispo de Bogotá, doctor Bernardo Herrera Restrepo, que durante un tercio de siglo, fué primado de Colombia, me distinguía con su
 // Cambio Nodo4-Sevilla