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H a y que ver, Ramona! V a s que pudres cb elegante. ¡Que hay tipo! -i Que sí, señor; que haylo! -Lo debes tirar un poco de la sisa. -Y o creo que le debes tirar todo. ¿E s chufla? -E s azmiración ¡Adiós, M i s s P o n tejos Y entre el tropel de vendedores, Faíty, el inconmensurable Fatíy, un simpático perro de aguas que en el color de sus lanas no justifica el nombre de su raza, pero que demuestra a cada instante su clara inteligencia haciendo cuantos encargos se le confían. Y huyendo del sol emprende Ramírez el camino de su domicilio, bien dispuesto a poner en orden sus impresiones de esta madrugada de invierno. Su cara pálida de hombre de la noche y el obscuro cerco de sus ojos ponen una nota de poesía en la vulgaridad del modesto vestíbulo de su casa. L a portera le mira maliciosa desde su cuchitril y Ramírez comienza la ascensión. -i H a y que ver lo juerguista que debe de ser el señorito del segundo! V a y a cara que trae! ¡Q u é hombres, Dios m í o qué hombres! LEANDRO BLANCO pero lo pintoresco de la denominación no compensa, créame usted, de la quiebra sufrida. ¿Q u é totalidad de ejemplares de periódicos diarios, entre los matinales y vespertinos, se vende al día en Madrid? -De trescientos cincuenta a cuatrocien tos m i l Cómo llega el periódico a manos de los corredores? -Sírvanos para el ejemplo A B C L o s ejemplares salen de la máquina después de las siete de la mañana y son transportados en camiones a la calle de la Aduana, donde se hace cargo de ellos el capataz. Inmediatamente se envía un camión lleno de paquetes a la plaza de Pontejos. Allí los recibe el corredor, que procede en seguida a su distribución entre vendedores ambulantes, quioscos, etc. Cómo se efectúa la distribución? -L o s vendedores acuden personalmente a recoger l o ejemplares. P a r a distribuirlos a los quioscos se utiliza el tranvía como medio de transporte. ¿Qué tarda en distribuirse un periódico en M a d r i d por este procedimiento? -No llega a quince minutos. E s imposible prolongar el diálogo con Fernando. Empiezan a acudir a la plaza de Pon tejos los camiones de los distintos periódicos diarios de Madrid. L o s vendedores, como gorriones ante puñado de trigo, se apelotonan alrededor de los vehículos en demanda de los ejemplares, que representan el pan de cada día. Quince Abecés, Fernando! ¡Doce Liberales, Fernando! ¡Que me falta una mano, Fernando! Y la venta se intensifica en unos instantes. Una vendedora vieja, mujer precavida y quizá escarmentada, hace su liquidación, y como para tal menester necesita las dos manos, mientras cuenta el dinero coloca el pie sobre sus periódicos... ¡por si acaso! Otra- -la Maña- -muestra orgullosa a sus compañeras de profesión un abrigo de corte irreprochable. ¿Q u é sus parece? ¡C h i c a pintao! ¿C ó m o me sienta? -Mnjor que un té después de comer. El secretario de uno de los corredores, realiza la operación que en la técnica del oficio se denomina poner los tranvías Fatty es el inteligente perro de los vendedores, que transporta periódicos de un puesto a otro y realiza cuantos encargos se le ordenan. Al llegar el camión de A B C a la calle de, la Aduana es recibido por los vendedores. (Fotos Pórtela.