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E. ALVAREZ DUMONT. MALASAÑA Y SU H I J A SE BATEN CONTRA LOS FRANCESES EN la guerra de la Independencia costó a España un atraso de dos sigios, no puede negarse que aquella epopeya, escrita con sangre del pueblo, sólo es comparable a las gestas heroicas narradas por los rapsodas homéricos. E l alcalde de Móstoies declarando la guerra al coloso del siglo tiene tanta grandeza como la manolería madrileña dejándose, acuchillar por los mamelucos y fusilar por los granaderos de M u r a t el orgulloso cuñado del César. UNQUE A l8o8 U n episodio interesante del 2 de mayo- -entre tantos otros- -es el que se refiere a l chispero J u a n Malasaña, con cuyo apellido fué honrada una de las calles abiertas en el solar del Parque de Monteleón. Dice F e r nández de los Ríos en su Guía de Madrid que el citado Malasaña, que vivía en la calle de San Andrés, defendió desde su casa una de las entradas del Parque de Artillería, auxiliado por. su mujer, María Oñoro, y por su hija Manuela, jovencita de diecisiete años, que murió a l dar cartuchos a su padre, quien, con singular estoicismo, s i guió disparando contra el invasor con el cadáver de su hija delante hasta agotar las municiones. N o muy conforme con esta versión del suceso, el pintor A l v a r e z Dumont nos presenta a Malasaña clavando su navaja en el pecho de un dragón, mientras la h i j a del chispero, exánime, es pisoteada por el caballo del guerrero napoleónico. L a escena está bien compuesta; las figuras tienen v i goroso empaque, y el f o n d a elegido con