Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
-Y a es preciso caminar sin detenerse y de prisa, porque el sol se va a ocultar, y aunque claro se divisa, está lejos el lugar. -Es como el vivir, hermano, esta mi patria manchega, donde el viajero en el llano piensa tocar con la mano el pueblo a que nunca llega. -Voy por el atajo a echar porque no es recto el camino, y me cansa andar y andar, cual ruedan sin avanzar las aspas de ese molino. -No importa, aunque no camina, sus muelas que vueltas dan truecan el grano en harina con que ha de amasarse el pan que es hostia humana y divina. -L a carretera no sigo que es larga. -Pero es segura. No la abandones, amigo, pues no me embarco contigo sin norte y a la ventura. -Lo que quieras; no discuto, pues ya perdí la paciencia. -Mira ese caballo: el bruto te acusa, oponiendo astuto, su instinto a tu inteligencia. A l barbecho entrar le ha hecho el amo, y como se rinde por estar blando el barbecho, busca el borde de la linde para no hundirse hasta el pecho. Cuerdo al imitarle soy, poraue es certero su instinto. -Yo no soy bruto y me voy. ¡Pues yo, no, porque no estoy entre Valdemoro y Pinto! ¡Y afirmo mi condición de bípedo racional, puesto que, en esta ocasión, sin razón, el animal, es el que tiene razón! Yo tampoco dejar quiero para cumplir mi destino el camino carretero; y si es que pierde el camino busco el carril o el sendero. Y así en andar vagabundo no he de destrozar mis pies; ni me atollo ni me hundo, ni en el pegujal fecundo aplasto en cierne la mies. Marchar sobre el duro limo poco trabajo me cuesta si el paso isócrono imprimo al compás del monorrimo del rudo cantar de gesta. Y para que cuando avance, como el gañán la semilla, mis versos al viento lance, al redoblar del romance se va ensanciuindo Castilla. Y ya trágica, ya tierna, canto de guerra o de amor, en mis andanzas alterna con la riojana cuaderna- la copla de arte mayor. Y al sembrar e! campo raso de flores, marcando van la cadencia de mi paso, si ásperamente Boscán, dulcemente Garcilaso. Y ciñendo de laurel el mástil de su vihuela, me lleva a Ronda Espinel, para ir de ronda con él entonando una espinela. Y a otro mástil amarrado, como el Rey de Itaca, escucho un cantar tan regalado, que loco por ir al lado de quienes le entonan, lucho. Y al llegar a las arenas del mar Latino, el acento de las pálidas Sirenas es lenitivo a mis penas cantando al Renacimiento.
 // Cambio Nodo4-Sevilla