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LA CORRIDA DE TOROS DE AYER. -Sea de Aleas, para Chímelo, Amor os y Ortega. Este en el toro del que. cortó la oreja. (Foto Pórtela. de su patria. E l derrotismo es estúpido, pero el panglosismo. es una memez. E n sus efectos, ambos males coinciden. Del hombre que cree que todo marcha irremediablemente mal y del hombre que cree que todo Hace algunos días iel corresponsal en marcha perfectamente bien, nada debe esLondres de. un periódico madrileño comenperarse. taba la impunidad en que quedan algunos E n las grandes metrópolis del mundo atentados, a audacia de los malhechores puede ocurrir sin duda- -y desde luego oculondinenses y la relativa frecuencia con que rre- -que los malhechores cuenten con una escapaban a la acción de una Policía tan exorganización poderosa que burle y hasta celentemente organizada como la inglesa. Y procurando explicar este fenómeno, lo haga frente a las encargadas de perseguirles. Basta pensar en la muchedumbre de seachacaba a que los criminales disponen de todos les medios científicos modernos y Jos res reunidos en. esas ciudades para comprender, l a dificultad de descubrir y captuutilizan cen habilidad. Tienen frecuenterar a un malvado. Nada hay que oculte mente magníficos automóviles, alguna vez tanto, a un- hombre como, un gentío. P o r eso manejan aeroplanos, el teléfono juega un en Madrid, y en Barcelona- -que rebasan el gran papel en. la preparación de sus golmillón- de- habitantes- -las dificultades con pes poseen extensos conocimientos de meque tropieza la Policía son, naturalmente, cánica... Glosando aquella información, mayores. muchos cronistas escribieron Pero el ejemplo de los males exóticos se- -S i eso ocurre en la más grande y metorna ridículo cuando hemos de aplicarlo a jor organizada de las capitales de Europa, poblaciones como Zaragoza, como Grana ¿cómo admirarnos de que también en- E s da, como V i t o r i a Y a no se puede pensar paña... en. las bandas neoyorquinas, que en su Oíros escritores suelen ofrecernos con la criminal funcionamiento tienen una discimisma intención ejemplos de Nueva Y o r k plina m á s severa que la militar, y usan de Chicago v de otras poblaciones superciametralladoras y disponsn de autos rapidívilizadas de Norteamérica. Cuando: ocurre u n simos y protegen a sus jefes con guaratraco escandaloso, cuando asesinan por la dias de más de cien hombres. N o se sabe espalda a una joven que impide con sus que los asesinos de un agente en V i t o r i a gritos un robo, flemáticos comentaristas, hayan huido en avión, ni que los- autores bien enterados de lo que pasa en la proa de la muerte de esa infeliz estanquera zade la Humanidad, procuran convencernos ragozana montasen un Rojls que los Fords de c ¡ue tales sucesos son consecuencias nade la Policía no pudieron seguir, ni que los turales de nuestra importancia como na- terroristas de Granada dispongan de unas ción. secretas catacumbas como las que hacia aparecer en sus novelas el difunto W a No. Y o no lo admito. llácc. E l derrotismo es estúpido. L o s hombres sia fe dificultan más que nadie el progreso L a sucesión de indignantes atentados en ciudades relativamente pequeñas, donde e? fácil qué casi todos se conozcan y quila noticia del desmán se extienda con la rapidez suficiente para prevenir a sus mo radores y crear una inmediata acción co- mún contra el malvado, revela un desmayo de la autoridad y un miedoso encogimiento del espíritu público. Proclamemos francamente que entre los factores que amparan el grave aumento de la criminalidad- en España figuran: Primero. -E l doctoral- encogimiento dehombros de los gobernantes que ante cada suceso de esta índole exclaman: ¡Pero, hombre, por Dios, no vengan a molestarme con tonterías. Estamos discutiendo los presupuestos, tengo en el fo gon una ley maravillosa que se me ha ocurrido, y quieren ustedes distraerme con una pe qucñitá cuestión de Policía... Segundo. U n absurdo sentimiento, mezcla de cobardía, de ignorancia y de afán de aparecer enterado, que hace que mu- cha gente admita o finja, admitir que mev. terle: una- bala en el corazón a una están- quera para robarle el cajón de los cuartos es un hecho políticorsocial, que hay que respetar en cierto modo, porque las ideas, -al- fin, son las ideas... Tercero. E l cretinismo d é l o s que quieren aparecer como hombres modernos y pro- claman que debiera inspirarnos orgullo- sufrir las mismas desgracias que Nueva York. Pero las pequeñiías cuestiones de- policía forman ya un ingente montón. -Y el robo con asesinato no es una teoría social. Y en un país sin autoridad las leyes más sabias no tienen. utilidad alguna. Y Zaragoza no es Chicago. Estas elementalísimas verdades son conocidas por todos, pero lo disimulan por miedo, por pedantería o por incapacidad. W. F E R N A N D E Z F L O R E Z 1 O C U R R E E N TO; DAS PARTES... PRIMERO D E M A Y O E n la lucha de clases entablada en España como en la inmensa mayoría de las naciones, llevaban hasta hace poco tiempo los socialistas dos grandes ventajas: una de ellas su organización, de momento no superada por ningún otro partido español, y la otra la de disponer de mayoría de votes en el Consejo de Administración del país, formado por el Gobierno con las Cortes. Necesitaba España, por lo visto, para no dejar mal el adagio de que nadie escarmienta en cabeza ajena, hacer el experimento del socialismo gubernamental que ha fracasado ya tan ruidosamente en otras naciones europeas, monárquicas y republicanas y lo está haciendo a costa del país y del propio partido socialista. Todo partido que gobierna se gasta. A u n que gobierne normal y discretamente. Y cuando tiene que hacerlo a contrapelo de una inmensa mayoría nacional, quizá no tan organizada, pero, desde luego, tan sensible como la que más, el- desgaste es mayor, más r á pido y más escandaloso. L a s teorías socialistas en la oposición podían tener roda la brillantez técnica y c! éxito doctrinal de una disección efectuada sobre un cadáver. E n la práctica, realizadas sobre la carne viva del país, las cosas varían. Y los cirujanos socialistas españoles se habrán podido dar cuenta de que el paciente involuntario vive, rebulle y protesta. Esto hubiera sucedido indefectiblemente aun en el caso de haber tenido ellos la mano m á s suave y mayor práctica de la que están demostrando. E l paciente no se está quieto. Este peligro, que ya existía, lo han a g r á- ii í n r r i
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