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DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O VI G E SIMOCTAVO 10 CTS. N U M E R O AB SOLOS ANTE EL MUNDO L a d e m o s t r a c i ó n socialista. del 1. de mayo h a sido en M a d r i d colosal. DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O V 3 G E SIMOCTAVO 10 CTS. N U M E R O FUNDADO E L i. DE JUNIO D E igos POR D. TORCÜATO LUCA D E T E N A ¿ESO ES U N A FIESTA? E l 1. de mayo nadie hizo nada. Digamos de una vez que la Fiesta del Trabajo (ni trabajo, ni fiesta) tal como se viene celebrando no es más que una molesta travesura infantil, tan divertida como puede resultar meterle a uno un dedo por un ojo. Puesto que no hay más remedio que trabajar, es muy recomendable, seguramente, que los nombres exaltemos el trabajo como una virtud, que lo glorifiquemos, que lo- revistamos de obligatoriedad desde el Sinaí de la Constitución. Pero con un poco de buen sentido. Hubo un tiempo en el que las características que a ú n se conservan en esa Fiesta tenían una razón de ser. Cuando las organizaciones. obreras luchaban por. su propio fortalecimiento, cuando estaban supeditadas a gobernantes de otro credo, cuando necesitaban exigir más que razonar, la- suspensión del trabajo- -cuanto más amplia, más eficaz. e imponente- -ira una demostración de- la. fuerza con que contaban. A h o r a han cambiado mucho los tiempos y no estaría mal que cambiase también ese carácter. Como hoy se practica es antipática e inútil. S i la Fiesta del Trabajo ha de consistir en que haya un día en el a ñ o en el que la vida sea m á s difícil que nunca, en el que haya que encerrarse en la casa o reventarse recorriendo a pie las enormes distancias de las grandes ciudades; errel que no se pueda asistir a ninguna distracción, ni comer, n i encontrar auxilio para llevar al hotel nuestras maletas de viajeros; un día en el que, si estamosí. enfermos, no podemos contar con la asistencia del doctor ¿no es ésta una insensatez delictiva? una jornada entera de molestias y de, tedio en la que unos cuantos jovenci tos son los únicos que hallan el pequeííito, el modesto encanto de cantar el a l i r ó n y saltar, cogidos del brazo, en medio de las calles sin coches; una jornada en la que el placer de comer en familia bajo los árboles de la Casa de Campo, y aun el de arrancar las ramas de esos árboles, se v amargado por el fatigoso regreso con el pesado cesto al brazo y los chiquillos a remolque, fatigados, soñolientos, llorones... S i es eso- -y a ú n es peor que eso- no vale la pena. Ideemos algo más alegre, algo que eleve la idea del trabajo y que demuestre de a l gún modo los bienes que pueden derivarse de él. Que ese día todos tengamos que hacer- algo gratuitamente en servicio de un fin social. Hacer al Trabajo una ofrenda de trabajo. Ofrecer un optimista sacrificio en bien de una necesidad colectiva. S i en vez d -arrastrar los pies cansados por la ciudad entristecida hubiésemos trabajado, todos y cada uno, dos horas nada más para ofrecer el importe de nuestra labor a los que llaman desesperadamente a todas las puertas sin encontrar empleo a su actividad n i pan para l a boca de sus hijos, ¿n o h a b r í a mos hecho algo noble, alegre y honrrso? ü N o sería m á s útil que esa tiranía de l a incomodidad y de! ocio estúpido a que se nos somete? Y si no se quiere sentirnentalizar, búsquese, al menos, otra manifestación de mejor gusto. E l buey tendido al sol, con la barriga llena de. moscas, no puede ser ni por un- solo día un ideal humano. W. FERNANDEZ FLOREZ 1 PRIMA VOCE Antes que el Estatuto. E n seguida de instaurar la República m á s democrática de todas, la que mejor recoge los últimos adelantos en la materia, los españoles nos volvimos de cara al mundo con la natural inclinación del que espera recibir los aplausos por una obra tan bien realizada. A l fin íbamos a poder alternar con las grandes y cultas naciones. Y a no seríamos m á s el pueblo vergonzoso, la España reaccionaria y obscurantista, la especie de baldón histórico que habíamos sido hasta entonces. E s p a ñ a se desposeía de su atalaje tradicional para convertirse, casi como Rusia, en una República de trabajadores. Pero resulta que así, vestidos de blusa, en el extranjero nos estiman menos que antes. ¡Sorprendente d e s e n g a ñ o! E s una realidad que los m á s m i nisteriales no tratan de disimular. Todos lo confiesan, con la natural amargura e indignación. Francia, sobre todo, es el país que más ostensiblemente nos manifiesta su descontento. Y ahora, como cruel represalia del destino, los mismos que cuando la guerra europea nombraban siempre a Francia como en ún éxtasis y poniendo los ojos en blanco, son los que se revuelven contra ella con mayor acritud, con mayores ultrajes. Egoísta, militarista, chauvinista, obstáculo para la paz y el renacimiento económico del mundo: éstos son dos dicterios que tributan hoy a Francia. L a nación que se ha convertido en refugio de los reaccionarios españoles. Y los reaccionarios españoles, que antes se habían hecho casi lerrouxistas, de germanófilos que eran han. pasado a ser ahora fervorosos francesistas. Fie aquí los hechos en toda su exactitud, y contra ellos no debe nunca e! hombre prudente cerrar los ojos ni hacerse el distraído. E n la hora del mundo en que se marca una rectificación frente a la marea del proletarismo militante, sale E s p a ñ a de pronto con toda la alegría del radicalismo del siglo x l x P r i mero, es estupefacción; después el asombro se Convierte en recelo o en antipatía. Italia nos ríiirá cbn ojo atento y precavido ¡quién sabe nunca lo que maquina I t a l i a! Inglaterra tiene hartos motivos para no entusiasmarse con nuestra actitud, Francia no nos quiere; Alemania tiene bastante con sus propias preocupaciones de náufrago, y ni, siquiera en la América española hemos ganado simpatía, sino tal vez al contrario. Nos hemos quedado solos. E s el momento en que a la República se le plantea un problema, uno de los más serios y fundamentales problemas con el que no había contado el de estudiar y organizar una política hacia fuera Claro. que hemos ido a Ginebra, dándole una gran importancia; pero ese ir y venir a Ginebra ha sido una especie de turismo intelectual. N o el problema es más serio que todo eso. España necesita recuperar el arte de la política exterior que tuvo y que ha perdido. Y a no es cuestión de que nos amen o no. L ó esencial ahora es que nos respeten; que existamos en el mundo, como una realidad y no como un fantasma. JOSÉ M S A L A V K R R J A Los diputados provinciales de Burgos se han pronunciado en contra del Estatuto catalán, al extremo de dirigirse al Gobierno y pedir que se vaya a la separación de C a taluña- -con fronteras y todo- -antes que concederle su Estatuto. E l viejo territorio castellano, con la autoridad que! e presta la j e r a r q u í a de su Caput Centellee, es un noble señor que no quiere continuar soportando el desdén afrentoso y la mortificante rebeldía de quien vive con él a contrapelo. S u conciencia no le acusa de nada. Lejos de ello, todas las golosinas son para la rebelde compañera, en mengua y con perjuicio para el dócil; pero como es preciso desarrugar el ceño de aquella malcontenta y conseguir la gracia deleitosa de una leve sonrisa, se le templan las gaitas por millares y se le dan palmadas en la espalda, a cambio de bufidos, menosprecios y muecas despectivas. Y así un a ñ o diez... treinta... ¡E s ya mucho aguantar, damas, y, caballeros! Cataluña es la esposa rica que quiere sacudirse el yugo por la razón del porque sí N i n g ú n agravio le infirió su consorte, pero es i g u a l por rebeldía ingénita, por i n adaptación, por egoísmo, por huir las molestias que el matrimonio trae aparejadas, por un acento de avaricia que le hace doloroso contribuir a las obligaciones del hogar, por un engreimiento desmedido que le impulsa a romper la convivencia con doña Teruel, doña Segoviay don L u g o y demás familiares de posición menos lucida... por lo que fuere, en fin, es; lo evidente que doña Cataluña aspira a emanciparse, aunque sin renunciar completamente al vínculo en cuanto necesite los auxilios del buen señor E s paña. Siempre fué mujer p r á c t i c a la ciudadana Cataluña. Pero Juan de Castilla no se muestra conforme. Nada de medias tintas; riada de matrimonios con frialdades de r a z ó n social nada de cubrir apariencias; nada de conv i v i r sin dirigirse la palabra o dialogando á s p e r a m e n t e porque todo esto es más amargo que divorciarse de una vez. Y respecto al escándalo de una separación con frenteras convengamos, señoras y señores, en que se escandaliza mucho m á s viviendo j u n tos de mal modo que cada cual en su casita, esperando la hora de que el Supremo Juez- -la Historia en este caso- -proceda a revisar los autos del litigio. Que Cataluña adora a E s p a ñ a? ¿Q u e no quiere crear dificultades? ¿Q u e eso del E s tatuto y del catalanismo son quimeras da cuatro locos? Pues, entonces, ¿a qué aguardan los catalanes cuerdos para alzarse contra tales locuras que pueden traer funestos resultados? Mientras tanto, y por si los locos fueran bastantes m á s que cuatro, está muy en su punto que el burgalés (celoso guardador de los restos del C i d c o n l a histórica responsabilidad- que tan honrosa guarda significa) haya hecho oír en este pleito la voz augusta de Castilla la V i e j a Antes que un eufemismo vergonzoso, la separación absoluta. Pero sin alimentos ni servidumbres de ninguna especie. Se ve que Burgos no ha estampado su, firma en ningún pacto P o r eso habla con una claridad perfectamente castellana, r RAMÓN L Ó P E Z- M O N T J E N E G R O
 // Cambio Nodo4-Sevilla