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ABC en Kucra York. E l e m b a j a d o r d e E s p a ñ a e n l o s E s t a d o s U n i d o s liia d e j a d l o e n ÍVueva Y o r k u n a i m p r e s i ó n a g r a d a b l e y a u n q u e n a s a b i d o d i p l o n t á t í c a m e n i e c a l l a r d i g o algo a E s p a ñ a I le interesa saber. muy hábil, y como es también un gran d i plomático, supo acceder a lo que yo le pedía, y supo también muy diplomáticamente decirme sólo lo que él quiso decirme. Don Juan Francisco de Cárdenas ha llegado recientemente del Japón. Salió de aquel país de geishas y samurais cuando comenzaba el conflicto chinojaponés. Para- un periodista, hablar ahora con el embajador de E s p a ñ a era de un: interés extraordinario. Pero el embajador, sonriendo con su sonrisa algo mefistofélica, que encierra todo un sistema de prevención muy delicadamente fortificado, me dijo: -Vamos a ver, mi amigo. Por un ins- tante, volvamos la situación por pasiva: Usted es el embajador de España recientemente nombrado en Washington, que viene del Japón, donde ocupaba también un puesto diplomático, y yo un periodista. Y yo periodista pregunto a usted... lo que usted me pregunta a m í i Qué me resp o n d e r í a usted... ¿M e baria usted declaraciones más o menos trascendentales so bre el Japón, sus movimientos, sus intenciones... lo que allí se decía, lo que allí se preparaba, lo que... ¡e n fin! todo eso que usted querría saber por m í E s t é usted seguro de que yo, mientras usted me hacía declaraciones, estaría pensando: ¡Q u é mal diplomático es este buen, señor! ¿Pues no me está contando lo que un diplomático no puede ni debe contar... Y si yo pensaba eso de usted, ¿con qué derecho quiere usted que yo no crea que usted pensaría lo mismo de mí? El embajador de España, de viaje, desde el Japón a los Estados Unidos, a bordo del buque japonés Tatsuta- Maru comiendo a la japonesa temía un q u i z á fatal, que me hubiera conE l embajador de España en los Estados E l argumento del embajador, si no me Unidos, D Juan Francisco de Cárdenas, trariado. Pero ya dije al comenzar esta cródesconcertó, por lo menos canalizó n i s i n es un diplomático de carra ra hábil y con nica que el embajador Sr. De Cárdenas es esa cualidad tan necesaria para les puestos diplomáticos que, a pesar de ser indispensable, escasea: la simpatía personal. Y a sé que un diplom á t i c o Pero me voy a permitir r e c o r d a r la magnifica historieta, que tiene de apotegma y de enseñanza filosófica más que de relato humorístico, y que dice U n a dama se diferencia cíe un diplomático en el s í y el no U n a dama cuando dice no quiere decir q u i z á cuándo dice q u i z á quiere d e c i r que s í porque u n a d a m a no debe decir nunca que s í Y un diplomático c u a n d o dice que s í quiere decir quizá y cuando dice q u i z á es que n o porque un diplomático no debe decir nunca que no Por eso, cuando yo le pedí al embajador unos minutos de conversación para A B C, recordaba, sonriendo, la h i s t o r i e t a porEl embajador de España con el intendente del Gran Cañón descubierto por el antecesor que como un diplodel actual embajador de España, D. García Lope de Cárdenas, capitán de las huestes de mático no debe decir Coronado. nunca qu no cns
 // Cambio Nodo4-Sevilla