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A B C. S Á B A D O 7 DE M A Y O DE 1932. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 25. con mi asociación. N o tenía confianza en ellos. Quiero morir. Moriré como un mártir. D a el nombre de un tal Kuctchko, como supuesto secretario suyo y que, según él, trabaja en los talleres Renault. i M e ha escrito, diciéndome: L e traiciono a usted, porque trabajo para la policía francesa. A los circunstantes les parece todo esto incongruente. Vuelve a decir que había premeditado su crimen para forzar a Francia a declarar la guerra a los soviets. -F r a n c i a debe reclamar sus deudas a Rusia, en vez de negociarlas con ellos y ayudarles comercialmente. Y o no tenía ningún motivo de odio contra el pobre señor Doumer. M i mujer no sabe nada de estos propósitos míos. H e actuado solo; pero he prevenido a mis amigos en carta que he dejado en Montecarlo. F i r m a la declaración con una calma enorme. Y libre provisionalmente de las esposas, junta las manos, y minando al cielo, a través de una ventana, murmura una plegaria en ruso. -Daranas. ante la Policía para aclarar el carácter de sus relaciones, con el asesino. L a Policía practicará sus investigaciones en Monaco, Boulogne- Sur- Mer y Sur- Seine y en el B a r r i o Latino. E l Sr. Zagorski, presidente de la Unión Profesional de Trabajadores Intelectuales Rusos en Francia, será también interrogado. A las ocho de la noche se han registrado algunas manifestaciones en el barrio de Montparnasse, donde residen numerosos refugiados rusos, con ocupaciones mal definidas. E l Comité Central de Refugiados Rusos en Francia ha enviado a la Prensa una protesta escrita en términos de gran indignación contra el crimen odioso de que se ha hecho culpable un individuo de origen ruso. D o s balazos. Pulsaciones de c i e n to veinte París 6, 10 noche. A las nueve y media se ha. facilitado un parte facultativo diciendo que el presidente de la República ha recibido dos balazos: uno que le atraviesa l a región del bajo cráneo y tiene su salida a l a altura del pómulo derecho; el otro entró a l a altura de la axila derecha y salió por el hombro: esta última herida originó una abundante hemorragia. Actualmente, la temperatura es de treinta y siete dos, y las pulsaciones de ciento veinte. E l estado, siempre grave. E l ministro de la Defensa N a c i o nal fué quien sujetó al agresor París 6, 8 noche. Se conocen nuevos detalles del atentado de esta tarde: Cuando el Sr. Doumer entraba en l a segunda sala de la Exposición del L i b r o entre el séquito del Presidente figuraba el ministro de la Defensa Nacional, Sr. Pietri, quien se encontraba cerca del asesino en el momento en que éste hacía los disparos. E l Sr. Pietri se abalanzó sobre el agresor, logrando cogerle la muñeca; facilitando de esta manera la labor del Sr. Guichard, pero, por desgracia, no pudo evitar que la agresión se llevara a efecto. E l gesto del ministro está siendo muy elogiado. Dramático relato de un testigo presencial del atentado París 6, 12 noche. (Crónica telefónica de nuestro redactor. A las cuatro de l a tarde, una hora después del atentado, coincidimos en la Agencia Fotográfica de H e n r i Manuel con el novelista francés Carcot, que iba a tratar de los documentos gráficos de un próximo libro suyo, y con Meunier, uno de los helenistas más autorizados de Francia. Este envía a los lectores de A B C, por m i conducto, un dramático relato del acontecimiento, presenciado por él y algunos de sus colegas: Y o aguardaba con mis compañeros, desde las dos de la tarde, la llegada del presidente de la República en el gran salón de la Asociación de Escritores, antiguos combatientes, fundación Rothschild, donde, como usted sabe, se celebra nuestra F e r i a A n u a l de Libros. A primera hora no era el público muy numeroso. U n individuo alto, fuerte, de cabello crespo, vestido de negro, representando aproximadamente unos cuarenta años, con espesas gafas oscuras, que disimulaban completamente su mirada, erraba alrededor de nosotros. Compró al presidente de nuestra Asociación, Juan Farrere, un ejemplar de La batalla, y le pidió que se lo dedicara. Farrere le preguntó, naturalmente, cómo se llamaba, y copió el apellido que ei comprador le dio. Siguió éste rondando, sin alejarse, y entonces el novelista Rolland Chami les dijo que comprara m i Platón. Se excusó el desconocido con una sonrisa muy cortés y marchó en dirección a las demás salas. A los pocos minutos volvió, adquirió un libro sobre espionaje y continuó ojeando en los distintos stands, pero sin que le perdiéramos, ni nos perdiera él a nosotros de vista. E n el momento en que el presidente de la República entraba y recibía de Farrere unas palabras de bienvenida, el desconocido se encontraba presente en el grupo y quiso colocarse en primera línea. M r Guichard, jefe de la Policía municipal, le invitó a retroceder, mientras Doumer, después de adquirir un libro de Farrere, se llevaba la mano a la cartera para disponerse a abonar el importe. E l autor le replicó: N o hablemos de eso. ahora, señor Presidente... E n este momento, el extraño sujeto apuntaba ya al jefe del Estado, y disparaba cinco tiros. N o hubo tiempo de recoger a la víctima, que se desplomó sobre el suelo, murmurando: O h la, oh l a M i colega Guy Dervil, que se adelantó hacia el agresor, sufre una rozadura de bala en el brazo; otra, el Sr. Guichard, que le arrebató el arma. U n tercer disparo alcanzó en idénticas circunstancias a Ferrera, y le atravesó el antebrazo derecho. Los testigos que estaban a espaldas del agresor se abalanzaron sobre él violentamente. Cuando la P o licía le pudo aislar y esposar, tenía la cara tumefacta, a consecuencia de los golpes recibidos, ínterin se le sacaba del recinto, un médico se inclinaba sobre el cuerpo inerte de la víctima, presa de una hemorragia que formaba en el suelo un charco de sangre. Después de tomarle el pulso, d i j o Señores, el Presidente ha muerto. L a estupefacción fué enorme, el ministro de Colonias, Paul Reynaud, sé adelantó, y pudo observar, afortunadamente, que D o u mer movía los labios, como si quisiera hablar. N o ha perdido, en efecto, el conocimiento en. toda la tarde, sino a intervalos. L a impresión de la Policía- -uno de sus directivos, el ya nombrado M Guichard lo ha hecho constar así- -es que el detenido es un demente. H a sontestado con voz firK y resuelta a los tres interrogatorios j u diciales pero con tales pausas, vacilaciones e insistencias en las mismas frases, que i n mediatamente ha cundido l a sospecha de que. no goza de la plenitud de sus facultades mentales. Mientras los tres médicos forenses llamados para que le observen preparan su dictamen, reproduzcamos sus interesantes respuestas al comisario y al juez, después, articuladas monótonamente. -M e llamo Paul Goguloff, nací en 31 de julio de 1895, en Braviscaia (Cáucaso) soy doctor en Medicina de la Facultad de Praga, y habito en París desde hace dos años. Estoy casado; mi mujer es suiza; la he dejado en Monaco, y no puede presumir esto, n i sabe nada de mis ideas políticas. ¿P o r qué lía disparado usted contra el presidente de la República? -S o y el presidente del partido nacionalfascista, liberal y demócrata de Rusia. F u n dé esta Asociación en Praga. Y o solo; sin contar con nadie. -P e r o ¿por qué ha disparado usted contra el Presidente? ¿Se atreve usted a explicarlo? -F r a n c i a ayuda al bolchevismo. Toda Europa está contra m i patria nacional, mi patria nacional... mi patria nacional... ¿De qué dinero dispone usted en París? -He ahorrado durante los dos años de m i estancia aquí. Y a nuevas preguntas el interrogado responde sólo, incansable y obsesionado: -Y o soy el verdadero presidente. E l señor Doumer era un pobre señor. Francia ayuda al bolchevismo... Media hora después empieza el segundo interrogatorio no más claro que el anterior. A h o r a habla de sus poemas, de sus novelas. N o no tengo nada que ver- -añade- Informes de Ja Policía acerca ds la personalidad del agresor París 7, 2 madrugada. (Crónica telefónica de nuestro redactor. Los nuevos informes que la Policía h a recogido acerca de la personalidad del agresor. confirman la. espacie de que se trata de un perturbado, de un excéntrico, bien que hubiera premeditado su crimen. Había actuado entre los bolcheviques rusos y posteriormente intentó ponerse en comunicación con ciertos medios rusos, aunque sin poder lograr su intento. Llevaba en el bolsillo, además de otro revólver de calibre distinto al utilizado y dos cargadores correspondientes, respectivamente, a las dos armas, un carnet de notas, redactado en ruso, con varios nombres de personas, señas y domicilios, y estas palabras en la primera página: Memorias del doctor Paúl Gorguloff, jefe de los fascistas rusos, que asesinó al presidente de la República francesa Está comprobado que Gorguloff llegó a París hace dos años y vivió en distintos hoteles, en todos los cuales recibía la visita de clientes compatriotas suyos, a los que trataba mediante inyecciones. Sospechoso- -infundadamente- -en un principio de comerciar con drogas tóxicas, fué amonestado más tarde, por ejercicio ilegal de la medicina. Según los propietarios de los hoteles concie: habitó era de carácter irascible y suscitaba disputas por motivos nimios. Expulsado de Francia, por continuar ejerciendo iíe almente la profesión, abandonó París en d i ciembre último con su mujer, una suiza de nacionalidad, con quien en un principio v i vía y más tarde fué su esposa. Aunque comunicó que marchaba a Suiza lo cierto es que durante estos últimos meses vivió en Monaco, donde la Policía trata de averiguar si existe allí algún núcleo con el cual el presunto médico haya podido estar en relación. L o s primeros informes dan un resultado negativo. Llegado de nuevo a la capital de Francia el jueves por la mañana se dirigió a un hotel de la calle, de Víctor Cousin, 6, donde tomó una habitación para él y una compañera de tren con él. Según ha declarado, no le obligaron a presentar los papeles de identidad. Dio el nombre de Paul Brede, escritor, y allí pasó la noche. P o r la mañana p i dió y obtuvo con el mismo nombre de B r e de una entrada para la F e r i a del Libro, de escritores antiguos combatientes. E n el falso Brede, es decir, en Paul Gorguloff, se daban, en efecto, ambas circunstancias. Durante el registro que en su presencia la Policía practicó a última hora de ¡a tarde en la habitación del hotel que habitara la noche del jueves al viernes, se encontraron varios volúmenes que corresponden a otras tantas obras suyas, novelas y poemas redac-
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