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El insigne novelista D. Alejandro Pérez Lugín, en la aldea del Rocío, con una peña de amigos, el año que fué para, tomar apuntes de su célebre novela La Virgen del Rocío ya entró en Tnana (Foto Cepeda) Blanca Paloma por aquellos campos con d i latadísimos horizontes y penetrante aroma a salitres del mar y a resina de los pinos. E l sol quema y l a gente enloquece. Son los almonteños los que más bravamente se disputan el llevar sobre sus hombros o sobre sus cabezas el paso de la V i r gen, que se mece entre la acalorada muchedumbre como una frágil barquilla sobre las aguas embravecidas de un mar. Pero todos los romeros, con exaltaciones emocionadas, alaban a la Virgen con igual fervor y con tan vivo entusiasmo. A l atardecer emprenden su regreso las Hermandades. E l fresco que llega del mar vecino alivia la fatigaj y se canta, y se baila, y se bebe, con afanes. L a s ringlas de carretas blancas, entre los pinares, parecen frisos representativos de un éxodo alegre hacia tierras de paz y de ventura. Y en el silencio y la soledad, que va quedando tras las. carretas bulliciosas, quiébrame los ecos como coii sones de plata y de cristal. J MUÑOZ S A N ROMÁN V -r, Las Hermandades entrando en el Rocío. (Foto Serrano.
 // Cambio Nodo4-Sevilla