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A BC, MARTES ió D E M A Y O DE 193 á. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 39. EN TETUAN INFORMACIONES Y TAURINAS NOTICIAS E n M a d r i d L a cuarta de a b o n o E n T e t u á n P e p e G a l l a r d o confirma su buen estilo de estoqueador y corta una oreja. T o r o s en B a r c e lona y Zaragoza. E n otras plazas. N o v i l l a d a s Otras noticias. El R o d e o en S e v i l l a EN MADRID dido, estuvo valiente para sujetarle por bajo y darle con la muleta en l a cara. L e entró tres veces, llevándose l a segunda el estoque, porque el toro le hizo un extraño. Su éxito fué rotundo con el capote. N o se limita a dejar pasar; tira de los toros. L a Serna tuvo una actuación desconcertante. A su primero le toreó dándole vueltas, yéndose a la cola, en vez de aguantarle, para acabaí desconfiado con muleta y estoque. E n cabio, al último, un toro colorado, muy bien puesto, le paró desde el primer lance, sin tantearlo siquiera. Esto me parece muy expuesto, y no hay necesidad de ello. Los toros deben tantearse a ver lo que hacen al llegar al capote, y una vez visto, hacer lo que a cada uno le permita su estilo y su valor. Pues sí, todo lo desconfiado que estuvo L a Serna en el primero, estuvo de excesivamente confiado en el último. E l toro era muy bueno, pero él. no tenía tiempo de saberlo antes de tantearle. Más que en los lances, un poco al azar, donde me gustó fué en los quites. E l tercio fué precioso, por los tres espadas y por el toro. A l acabar, los tres saludaron montera en mano, y luego de banderillearlo salió L a Serna a dar un cambio, a muleta plegada, seguido de un natural precipitado, movido y. fuera de sitio. Antes había brindado al popular escritor Antonio Casero, que, muy emocionado, no sabía qué hacer con la montera. S i los toreros brindaran sin echar l a montera, el brindis no tendría ninguna complicación, pero esto de cuidar de la montera es algo de preocupación. P e p e G a l l a r d o confirma su b u e n estilo de estoqueador y corta una oreja Cuando a raíz de la presentación de Pepe Gallardo en esta plaza, el 10 de abril último, expusimos nuestro juicio de que en este joven diestro concurrían excepcionales condiciones para llegar a ser un gran matador de toros, basábamos la citada opinión en el estilo con que el novel lidiador entra a herir, baja l a muleta y saliendo limpio del embroque en. el difícil momento. Dicho juicio ha quedado confirmado en la novillada del domingo último, en l a que el torero gaditano no solamente mostróse lucidísimo y enterado con el ca pote, sino que hizo alarde de ser un valentísimo rehiletero, clavando tres pares de banderillas, uno de ellos superiorrsimo, al cambio, y confirmó, por último, su buen estilo de estoqueador. A l único novillo con el que tuvo que hacer la pelea y que se revolvía rápido, lo toreó ceñido y adornado, aunque un poco nervioso; templó más en los quites, en los que intercaló una revolera, y los aplausos fueron creciendo hasta convertirse en ovación clamorosa, al banderillear en la forma ya dicha. Halló al bicho nervioso y rápido, y lo muleteó cerca y parado, con pases altos y de pecho; siguió con un natural, y al ceñirse enormemente en el de pecho, fué empitonado por el bicho, que le dio una voltereta; levantóse el diestro y, sin mirarse, siguió su faena, cada vez más apretada y lucida, con pases afarolados, de la firma y de rodillas, agarrando el pitón. Igualó el bicho y, arrancando el diestro en corto y doblando l a cintura sobre el pitón derecho, colocó una fulminante estocada, que hizo rodar al cornúpeto sin puntilla. La. ovación fué grande, se otorgó la oreja al muchacho, que después de dar la vuelta al anillo, hubo de retirarse a la enfermería, donde se le apreciaron un varetazo en el, muslo derecho; otro, en el costado, y una cortadura en l a muñeca izquierda, ¡Cádiz tiene ya un matador de toros! Ricardo González, que ocupaba el primer puesto en el cartel, hubo de despachar, por el percance de Gallardo, tres novillos. E n el primero, que se salía suelto de los capotes y llegó huido a la muerte, no había medio de pasaportarlo, sino como el diestro lo hizo, previos muletazos de aliño, y entrando a herir aprovechando los pocos momentos que el bicho, siempre a la defensiva, juntaba las manos. E n el cuarto y en el quinto, hizo gala de su depurado estilo, en una serie de verónicas llenas de finura y temple, medias verónicas estatuarias y a las que siguieron en los quites, dibujándose, lances de costado y revoleras de pura y moderna esencia taurina, que se aplaudieron con entusiasmo, constituyendo l a nota sobresaliente de l a novillada. Con la muleta hizo en el quinto artística faena, en l a que destacaron, los pases por alto, de l a firma y algunos de pecho, que no culminaron en un é xito, por no estar el diestro certero al herir. E n José Pedro Mejías, de Tomares (Sevilla) que hacía su presentación, pudimos apreciar cualidades como las de afición y entusiasmo, y apuntamiento de buen estilo al veroniquear, bajas las manos y estrechándose tanto, que en varias ocasiones resultó volteado, circunstancia que no contribuyó a enfriar los arrestos del muchacho, que, sin preocuparse de los porrazos recibidos, intentó hacer todo para arrancar el aplauso. E s tuvo bien en l a muerte de su primer bicho, y regular en l a del segundo. Los novillos de. Zeballos, bien presentados y parejos de tipo, hicieron buena pelea con los caballos y no ofrecieron dificultades para la lidia, excepto el primero, que llegó al ultimo tercio resabiado y huido. Car- L a cuarta ae abono M a d r i d 9. Hace unos días que vino l a- corrida de Villamarta. Ignoramos las razones ceintíficas que aconsejaron rechazarla. E l domingo se lidió. E s decir, a los pocos días, cuando los toros, en vez de ganar, sufrieron estragos de ¡os primeros días del cambio y nada tenemos que oponer a l a presentación de la corrida. E n esta última de abono había de jugarse la de Juan Manuel Puente, y fué cambiada por la de Villamarta. N o es fácil, por lo visto, venir con una corrida a Madrid. L a de Villamarta fué una buena corrida, pues a excepción del toro quinto, que fué manso, los demás cumplieron muy bien, y fueron francos y nobles para el torero. E l toro sexto fué superior, y el de más casta; aunque salió haciendo extraños, el segundo, se creció mucho en la lidia. Tanto se creció que equivocó a Solórzano. Este torero, de buen estilo, que domina mucho el capote, había toreado de manera notable al toro viejo, serióte, acucharado de cuerna. Y entusiasmado con el toro fué Solórzano y bríndeselo a Márquez. Precipitadamente buscó al toro y le tomó en mal terreno, atravesado, con l a mano izquierda. Y el toro tenía g- enio y el toro derrotaba mucho, y el toro estaba necesitado de castigo. Unas cuantas dobladas primero, para ahormarle, y luego lo que usted quiera. Pero Solórzano no se cuidó de esto y no logró l a faena limpia que soñara. E l toro le derrotaba y no le dejaba. M u y valiente, sin el relieve que el valor y la intención merecía, a mi juicio, por el error inicial. M u y valiente también, aguantando al toro con el estoque. Así como hacemos mención de l a casta de este toro, señalaremos, porque aconteció, la vuelta al ruedo del primer toro. Pero no lo mereció. Fué un a broma para hacer rabiar a Cagancho, porque antes había hecho él rabiar al público. A h o r a que estas bromas pueden traer equivocación. Así como los toreros se ganan la vuelta al ruedo en el último tercio; los toros se l a ganan en el primero. E n que se arranquen lejos a los caballos y recarguen y no se va 3 an, y en vez de dolerse se crezcan, y a partir de ahí no decaigan en la lidia. Que sean bravos sin tacha. Pero los que no hacen más que cumplir 110 tienen méritos para darles la vuelta, aunque no haya cumplido el torero. Cagancho no cumplió en este toro, y en el eitro, donde hizo muy buenas cosas, entre ellas matar, no redondeó el éxito, aun estando cerquísima del toro, porque está influenciado por el adorno. Después de un gran pase, cuando nos disponemos a seguirle en l a faena, corta el viaje al toro y se adorna. L e llama el público la atención y da otro pase, y en esta alternativa transcurre la faena, cortando l a emoción. Fué uña lástima, porque tenía toro noble, aunque algo agotado. E s tuvo muy cerca y mató recreándose las dos primeras veces. Bien está eí adorno: es bonito y es torero. Pero cuando el adorno es excesivo al margen del toro, se pierde eficacia, emoción, aplauso y crédito. E l toro manso, el quinto. Solórzano, que te vemos cada tarde más seguro y más deci- Pues bien; después de aquella salida, ya más centrado L a Serna con el toro y la muleta en la mano derecha, dio pases notables. M u y quieto, más que quieto estoico, i n diferente ante el peligro. Y aquel muchacho, que estuvo toda la tarde en cualquier sitio de l a plaza, a última hora nos impresionó fuertemente y de una manera un poco desconcertante. Salió en hombros. E l interés de la corrida, por unas cosas o por otras, no decayó un momento. Fué una qorrida distraída, muy interesante. Cuando salíamos, como la Serna se había marchado, vimos a Antonio Casero sin saber qué hacer con l a montera. ¿V a m o s Antonio? -E s p e r a que salga l a frente- -dijo muy preocupado. Y cuando creía que nadie le veía arrojó la montera entre barreras y salió de prisa, muy sonriente, como si no hubiera hecho nada. -G. Corrochano. HOTEL MONT- THñBOR P K JSRKlvniA M Ampliado en 1930. 180 habitaciones, 100 baños. K S P A S- O I; A i Q 4 ru e -MONT- IHABOB Tratamiento insuperable par? -reumáticos, obesos, luéticos; del l.o de. abril ai 30 de w. ínnio. Todo- confort CJima ideal. IÑIMUÍEÍ y NEBRO mona.