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A B C. M I É R C O L E S Tí D E M A Y O D E 1932. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 30. ¡Versálles, fué el mismo de l a Monarquía absoluta en sus reinados de máximo esplendor; pero claro que, alguno que otro caso, por ejemplo, el del Bearnes, aquel E n r i que de Navarra, I V de Francia, las órbitas de los Reyes y ios Presidentes fueron distintas y aun opuestas. L o s primeros llegaban al pueblo a través del Estado. L o s segundos ascienden al Estado a través del pueblo. D e l pueblo, que no del vecindario. D e l campo, que no de la ciudad. E l actual, como casi todos los jefes de Estado de l a tercera República, es, no sólo hijo de campesinos, sino campesino él mismo, a ratos. Con una aplicación a la tierra que no conocieron n i conocen los hombres de Estado españoles, L e- brún, como Doumer, como Doumergue, corno Fallieres, como Loubet, sabe lo que es escardar coles y preservar de moscas con el aguijón de l a boyera el testuz de una bestia. L o aprendieron. de sus padres, y aun después de afincados en París recordaron: prácr ticamente el ejemplo bajoel sol zumbador de. agosto. A h í tenéis, el hermano del Presidente en Mercy le A u t aldea de l a Lorena, de 317 habitantes. E l mismo, empuñando l a vara y tocado de una boina vasca, conduce bajo un cielo plateado su yunta de vacas al. abrevadero. E n el- comedor de la casona, a espalda de la. chimenea de la. cocina, cuyas llamas hacen guiños insolentes, Gabriel L e brun escancia una botella de buen vino blanco, cuyo regusto agrio barrunta y a las cepas de oro del R i n -Nuestro abuelo fué alcalde- -dice- nuestro padre también. Y o lo mismo, pero, como siento aversión por l a política, me retiré. M i hermano, en cambio, ha seguido en ella y, por lo visto, no le faltan condiciones. Pero, no crea usted, tira también de l a carreta. E n el verano viene y me ayuda en la labor. H e aquí, pues, sin más arrequives, l a s i lueta del nuevo presidente de l a República. Lorenés, padre dos veces, y abuelo, y abuelo, y abuelo, bispño como Maurras y como Barres, convive en l a fórmula, l a tierra y los huertos, y yió a poco de comenzar l a guerra, cómo los alemanes incendiaron las hectáreas patrimoniales y derruían l a granja solariega. L o s muros, los árboles, las hierbas volvieron a crecer... Cuando esta tarde el vicepresidente del Senado proclamó en Versálles presidente de la República a Albert Lebrun, un diputado comunista clamó con voz extentórea: ¡A b a j o Ja g u e r r a! Y se lo decía a un convencido, a un hombre que se va a buscar, apenas adviene un período de vacaciones, en el silencio encantado de. los crepúsculos de Lorena, la mirada húmeda de sus vacas y de sus perros cazadores. t en los pasillos mientras tanto el remanente dé las pasiones electorales. Surgen dos cuestiones, dirimidas a golpes, que alcanzan casualmente a un mutilado Chiappe, prefecto de la Policía, cuyo nombre ha sido citado con motivo del asesinato de M r Doumer, posó ante los fotógrafos para desmentir la especie de su suicidio. Y nada más. E l nuevo Presidente llegó hasta París y sufrió todas las etapas de la ceremonia entre las hileras protocolarias de las fuerzas que presentan armas. Desciende ante l a tumba del soldado desconocido. E l estampido de un cañón lejano se desmaya y muere bajo el A r c o del T r i u n fo. E l presidente de la República se dirige, antes de regresar a su domicilio del Senado, a su nueva morada, el Palacio del Elíseo, para cumplimentar a l a señora viuda de M r Doumer. Empieza hoy un interesante, acaso culminante, decisivo e histórico, período de la historia de Francia. Nuevo presidente de la República, nuevo Parlamento, nuevo M i nisterio, a cuya clarividencia y patriotismo reserva el mapa político y psicológico de Europa una intervención de gravedad colosal, inaudita. E l grupo parlamentario socialista, al declarar minutos antes de la sesión que no podía otorgar su sufragio a ninguna candidatura que, siquiera amparada por un motivo luctuoso, correspondiera a la formación de Unión Nacional, directamente condenada por el país enuncia una realidad incontestable. Aunque se vislumbra para horas próximas la constitución de un Gabinete de concentración, el más somero conocimiento de. las elecciones recientes evidencia que el Cuerpo electoral, a l otorgar plenamente su confianza a las fuerzas radicales, desde las gubernamentales de los r a dicales- socialistas hasta los comunistas moscovitas y los cómufiistas disidentes, pasando por los varios matices socialistas intermedios, y, sobre todo, al castigar, no tanto a las organizaciones de l a derecha, como a los efectivos del centro, rechaza l a fórmula de los Gobiernos nacionales y anhela, solicita y define Gobiernos de estructura netamente y radicalmente avanzados. L a siguiente declaración de Tardieu, entregada esta noche al nuevo presidente de l a República, constituye, no sólo el balance de una obra de Gobierno, sino un patéficogrito de alarma ante l a perspectiva de porvenir: D e conformidad con el deseo que habéis tenido la bondad de expresarnos, estamos mis colegas y yo a vuestra disposición para asegurar la expedición de los asuntos corrientes, misión temporal que precisa el carácter de l a situación y cuya brevedad. en todo lo posible nos permitiremos anhelar en interés general. Nuestro Ministerio, al retirarse, tiene el orgullo de dejar una situación sana, una Francia tranquila, l a seguridad garantizada, la producción defendida contra la crisis mundial, un paro veinte veces inferior al de nue stros vecinos, una moneda estable y sólida, un presupuesto votado en tiempo útil, una deuda pública disminuida en veinte millones, una política de paz y de reparaciones aprobada casi con la unidad de los partidos. Ojalá- -y este es el voto que formula nuestro patriotismo- -puedan asegurarse siempre esas garantías a nuestro querido país. A ello contriuiremos en cualquier sitio donde nos encontremos. -Daranas. Jalonan el paisaje entre París y Versálles los cascos bruñidos y rotundos, como melones, de los soldados que cubren l a carrera. Las precauciones de rigor. L a s mismas que si Lebrun no- hubiese recibido por el correo de esta mañana tres amenazas de muerte. L o s curiosos tienen. la expresión espása que les señaló Rubéns. E l castillo en su i n terior parece un subterparlamento, una sociedad de naciones francesa. Máquinas de escribir, cabinas telefónicas, ujieres, periodistas, diputados, senadores, ministros, y mujeres, mujeresj mujeres. Casi todas en traje azul, casi todas bonitas, y con un aire curioso y distante, atento y ausente. Dentro de 72 horas hará un año que salió, herido de muerte, de este recinto, Briand. Sobre la muerte política de aquél, se irguió l a presidencia de Doumer. Apenas frío el cadáver de Doumer, Lebrun es proclamado jefe del Estado. Con simpatía, pero sin expectación. Estaba previsto. E s el voto con que las antiguas Cámaras exhalan, antes de disolverse, su canto de cisne. Cuando T a r dieu subió a depositar su papeleta, estalla una ovación, la única de la tarde. Burbujea (1) V e s t i d o de a l p a c a de s e d a a r t i- i ficial e s t a m p a d a todas las tallas, a P t a s 35. ¡I (2) V e s t i d o de p o p e l í n c o l o r e s s u r t i d o s d e s d e P t a s 13,50. (3) V e s t i d o de e s p o n j a de seda, c o l o r e s s u r t i d o s d e s d e P t a s 40. (4) S o m b r e r o de p a j a c e l o p h a n a d o r n o s flores, c o l o r e s s u r t i d o s P t a s 16,50. E l pasado sábado firmaron el contrate de esponsales l a bella señorita María Luisa Portillo Moreno y D José Vilullas Martínez. Los invitados a l acto fueron espléndidamente obsequiados, D E SO G 1 ED A D ECOS D 1 VERSOS
 // Cambio Nodo4-Sevilla