Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
LOS ANGELES. -La vida a bordo no es tan agradable como creían estas lindas chicas, Geraldine Bortón, Shirle Chambers, Polly Walters, Ruth Hall y Mae Madison. Hicieron novillos para visitar la flota, interrumpiendo la im sión de la película El extraño amor de Molly Louvain, y no se volverán a meter en aventuras. La Cromita que les habían preparado los muchachos es como para no jurar fidelidad a la Marina, por mucha admiración que- estas e nuas sientan por Clara Bow, primera incondicional de la Armada yanqui. (Foto Vidal. vuela precisamente porque no vuela la m i rada, y el cine es. forma y no pensamiento, visión y no idea, dinamismo y no reflexión, y tiene, como elementos propios y como posibilidades negadas al teatro, la ilimitada pluralidad de escenarios y la infinita multiplicación de perspectivas. E s extenso, abierto, expansivo, con un sentido de superficialidad horizontal, y el teatro puede tener una d i rección de verticalidad, de pensamiento cerrado, hondo, que va hacia lo. profundo, que se produce en concentración y no en expansión. Entiendes, Fabio, lo que voy diciendo? Pues yo soy quien lo digo y no estoy tan seguro de entenderlo como de sentirlo. N o quiero decir con ello que rechazo la película hablada: antagónica del cine la palabra, admítase en él, pues que la quiere el público y es justo hablarle para darle gusto pero con sobriedad, y en lo que sirva a l a acción por ir con ella, a la par de ella, dinámica y volandera, m á s verbal que adjetiva, no como explicación ni reflexión. L o s mismos maestros de la cinematografía hablada exigen un mínimo de palabras, acaso porque saben que los medios expresivos y comunicativos del cine son otros muy distintos, y por eso, admitiendo la película como añadido, sólo creo en la virtud de la película sonora que sea capaz de seguir conservando al volverse muda todo su interés. P o r lo mismo, y aun a trueque de contradecirme en parte, no creo en el valor de la obra teatral que no resiste a) a lectura. Bien está la pluralidad de escenarios, y bien hacen los modernos, de Lenormand a Benavente, y de Honorio Maura á quien esto ¡escribe, cuando renuevan el modo de los clásicos, y hasta de los románticos, como el duque de Rivas en Don Alvaro; pero siempre que en cada cuadro hay una acción necesaria, y el diálogo no sea telegráfico, y la abundancia de ambientes signifique riqueza teatral y no imitación cinematográfica. Las películas francesas, preñadas de literatura, como el espíritu que las concibe, son las que han acabado de reconciliarme con el cine y las que mejor se amoldan a mi gusto; pero como mi gusto es teatral y literario, empiezo ya a desconfiar de ellas y de mí. Porque tan malo es que a mí me guste una película por lo que tiene de teatro, como que al no aficionado al teatro le entusiasme una obra teatral por lo que tiene de película. U n o y otro arte, parecidos y distintos, han de conservar sus posiciones; día. llegar á en que renazca la película muda- -tan defendida por la porfía inteligente del inmenso Charlot, flor y espejo de los artistas de su género, y día vendrá también en que el teatro, volviendo por sus fueros ideológicos, torne a manifestarse con palabras. Pero para todo hace falta andarse con tiento, ya que la película muda puede llevar otra vez al público- -a veces lo siguen llevando las sonoras- -tras el interés mezquino del folletín, y el drama con discursos copiosos puede disolverse en vaga y no siempre amena literatura, rica sin riqueza, por la cantidad de palabras sin sentido, que. al carecer de él, no llegan al cielo, según el dicho de Guillermo Shakespeare. Y Dios me perdone, y el lector también, si creo que lo mismo ha de pasarle a las palabras de este artículo, escrito para pensar y sin pensar. FELIPE S A S S O N É ESTRENOS E N MADRID Palacio de la Música: Madame Satán Cecil B de Mille- -no vamos a descubrirlo ahora- -es uno de los creadores del cinema yanqui. Con Griffith y el desaparecido Thomas Ince conoció los tiempos heroicos de la industria, cuando al público no llegaban todavía los nombres de realizadores ni intérpretes. E n su larga lista de producciones hay algunas tan excelentes- -excelentes hoy, a pesar del tiempo transcurrido- como Los diez mandamientos. El hijo pródigo, ha huella del pasado, Pies de arcilla, Los bateleros del Volga, La incrédula, Rey de Rtyes. Plasta q ue hizo su aparición el micrófono. Y De M i l l e interrumpió su labor para buscar sitio a la voz, a la música, a los ruidos, que reclamaban su derecho a posesionarse de la pantalla. A s í nació Madame Satán, hace m á s de dos años- -dos siglos en el ritmo acelerado del cinema- que ahora llega a nosotros, vieja, pasada, como un ensayo a ciegas, buscando una postura cómoda para el intruso- -molesto ayer, fraternalmente unido hoy a l a imagen- A s í en esta prueba, vemos de todo: comedia, vodev i l revista musical, ballet, opereta bufa... sin unidad, sin armonía, como p á g i n a s de un muestrario de posibilidades remotas. Madame Satán, estrenada a su debido tiempo- ¿por qué alargan tanto los exhibidores la distancia que nos separa de A m é r i c a? nos hubiera parecido mejor que ahora, cuando hemos visto va oelículas ríe fecha recién-