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del Sr. Gual, dos cosas: una, dar educación teatral a los niños, y otra, ensayar el Tea- tro corporativo. Eso sí, el Sr. Gual tiene también su fórmula para arreglar las cosas dei mundillo teatral su proyecto para conjurar la crisis del Teatro: consiste en imitar lo que se hacía en la antigua Grecia: celebrar una vez al a ñ o una gran solemnidad teatral en cada provincia, organizando una serie de espectáculos sucesivos por corporación, reservando a cada corporación su época y su repertorio. N o dirán ustedes que esto no es sencillo. Pero tenía que ocurrírsele a alguien. Claro que para este resultado no valía la pena de hacer el viaje a Roma, con lo caro que está el cambio. Éso- lo pudo decir el señor Gual en una postal. No pretendo- ¡líbreme Dios! -resolver la crisis. Sospecho, sí, que tengo un poco de práctica teatral y alguna experiencia, y esta experiencia y esta práctica hacen que, a veces, me pregunte: ¿N o será culpa de las obras? Porque se habla de la crisis siempre, pero surge en un escenario una obra que interesa al público, por lo que sea, y el teatro se llena doscientas noches, y el espectador paga por la localidad el precio que le piden, con reventa y todo. Llámese la obra Los intereses creados o Las Leandros... ¿D ó n d e está, pues la crisis? ¿E n q u é consiste? ¿N o será una crisis de obras, de autores, de producción? ¿N o será que cada autor nos sirve siempre la misma obra como hecha con receta? ¿N o tendrá la culpa la exagerada industrialización que han hecho de su oficio algunos de nuestros más afamados productores? Y de esto no se habla en ningún Congreso. JÓSE JUAN CADENAS cado o por débil, hacerla posible. Así piensa Fulgencia. Este poder de idealización el ideal, otra vez! y este sentimiento apersonado de la propia dignidad, son todo el fondo espiritual de Los Julianes. P a r a ayudar al primero, las sugestiones de la Castilla, creadora de romances, de danzas y músicas vivas, ingenuas, se han puesto a contribución en diversos pasajes de la obra. Para no destruir la compostura sobria y parca del segundo, he recortado intencionadamente el vuelo lírico, circunscribiendo al fondo entrañable de la anécdota, y a su intención éxaltadora de ideales, toda la poesía del diálogo. Margarita X i r g u Alfonso Muñoz y toda la fervorosa compañía, del Español me ayudan a llegar al público, con un espíritu de colaboración entusiasta, que nunca olvidaré. N i a ellos ni a Burmann, que ha pintado cinco decoraciones que son otras tantas estrofas de buen romance castellano, puedo pedirles m á s EDUARDO MARQUINA E! malvado Carabel A r r e g l o escénico hecho por loa Sres. Torres del Á l a m o y Asenjo, de l a novela del mismo título, de F e r n á n d e z Flórez, se estrena m a ñ a n a viernes, en el teatro V i c toria. Vázquez, secundan l a labor de Valeriano con maravilloso aliento. Y en una palabra, que estamos encantados con Cadenas y. e. l protagonista de El malvado Carabel, por el cariño con que acogieron la comedia. Y una vez terminada la autocrítica al uso, nos dirigimos montera en mano al flamante e ingenioso crítico taurino de Blanco y Negro D Wenceslao F e r n á n d e z Flórez, y, le decimos: Maestro; ahí tiene usted los trastos de escribir; a brindar (o autocriticarse) y: ño se raje usted, porque dcsp- iés de haber oído un brindis al arrojado alumno de M e d i c i na y estudioso matador de toros D V i c t o riano L a Serna, no puede usted alegar i g norancia. Con que, a amarrarse bien los machos y a espetarle al seño? presidente, a los aficionaos presentes, a los que no puedan asistir, a los forasteros ríe fuera y al p ú blico en general un brindis que sea ant ologiable. ¿H e m o s dicho algo, D Wenceslao? Pues a coger lápiz y cuartillas, y Tiene la palabra el autor de El malvado Carabel, D Wenceslao F e r n á n d e z F l ó r e z TORRES D E L ÁLAMO Y ASENTO A h o r a es la ocasión de comprobar si existen fuera del teatro esos frescos que abundan tanto cu las comedias. Porque Asenjo y Torres del Á l a m o afirman en la nota precedente que los tres actos que han de estrenarse el viernes en el V i c t o r i a no son suyos, y yo tengo que decir honradamente que no he puesto en ellos ni una coma. H e ahí una paternidad vacante que puede aprovechar cualquier bohemio desocupado. L a verdad es que los dos notables saineteros han extraído -es l a palabra que utilizan- -una obra casi nueva de El malvado Carabel. Q u i z á sea ésta la única novela mía adecuada para semejante transformación, y yo voy a asistir curiosamente al espectáculo- -aún desconocido para mí- -de ver hechos carne a los personajes ideados. Desde luego declaro que Carabel no puede encontrar mejor envoltura humana que la. de Valeriano León. O, en película, l a de Charlot. Siempre he pensado que en el fracaso de ese hombre que supone que está en su voluntad dejar de ser bueno, hasta que comprende que l a virtud es una dulce incapacidad, hay una película charlotiana que me a g r a d a r í a mucho ver realizada. Si la intención polémica de la novela se ha atenuado al convertirse en comedia, en cambio Asenjo y Torres del Á l a m o han reforzado considerablemente su comicidad con sus propios y exuberantes recursos; han creado tipos nuevos y han modificado otros- -como los de S i l v i a y Alocua- -hasta el punto que puede decirse que son de ellos también, y no míos. Les deseo un gran éxito, que será totalmente suyo, porque en la comedia escrita por esos dos inteligentes y cordiales compañeros, tantas veces aplaudidos, yo no tengo m á s que un papel: el de espectador favorablemente predispuesto. W. F E R N A N D E Z F L O R E Z AUTOCRÍTICAS Los Julianes M a ñ a n a viernes, se estrena, en el E s p a ñ o l Los Julianes, coinedia en tres actos y en verso, de E d u a r do Marquina. Una historia de amor que pudo ser t r á gica, y cuyas incidencias, rectificadas y como purificadas en el alma y el corazón de los protagonistas, se orientan y coadyuvan a un resultado feliz. E l deseo de realizar dramáticamente esta historia ha dado cuerpo a Los Julianes. Hay, pues, en esta obra los sempiternos elementos de fatalidad, maldad, desigualdad y egoísmo humanos, que, actuando a t r a v é s de caracteres mezquinos, y de un conjunto social mediocre, atento a la satisfacción exclusiva de apetitos y concupiscencias bajas, deberían influir en los protagonistas, anulándolos y arrastrándolos inexorablemente a la ruina de su amor; quién sabe si al término de sus vidas. Pero hay, también, en el carácter de ambos protagonistas, la manifestación de dos fuerzas capaces de oponerse por sí solas al curso ciego de los acontecimientos. Acusa en sus actos, como cu sus palabras, el v a gabundo Juan Mostrenco, un cierto prurito de idealización de la v i d a una tendencia a resumirla en un concepto instintivo, rudimentariamente religioso, de belleza y bondad ideales, que lima desigualdades y asperezas, determinándose en íntimo impulso cordial, a prueba de golpes e injusticias. Y se da como base del carácter de Fulgencia, la protagonista, cierto ecuánime aplomo; este sentido, instintivo también, de dignidad personal, que nos encierra en la coraza bruñida de nuestra responsabilidad; que no g i motea ni se descompone en el dolor; que no exige n i acepta de los demás cosa que valga, en la miseria. Lleva cada uno en sí mismo tu vida; tanto peor, si no sabe, por equivo- ¿A u t o c r í t i c a de El malvado Carahelt ¡I m posible! N o se trata de una comedia nuestra, sino de una obra del gran humorista Wenceslao F e r n á n d e z F l ó r e z por lo tanto, la autocrítica, y hasta la crítica sin auto, debe ser él, quien la haga. Nosotros, a la hora de hablar de El milvado Carabel, no podemos, ni debemos, salirnos del consabido clisé: que la novela, de la que hemos e x t r a í d o la comedia, es magnífica (y 11 esta ocasión es verdad) que todo lo, bueno que tenga la obra Teatral es de F e r n á n d e z Flórez, y todo lo malo, nuestro que Valeriano León está eminentísimo (palabra de honor) que A u r o r a Redondo t r i u n f a r á como actriz y como mujer guapa, y elegante, pues lucirá sus maravillosos modelos en el segundo acto. E l l o nos cuesta un disgusto con Valeriano, porque los traj é a l o s le han costado m á s que educar a un hijo tonto. A esto hay que añadir la lucida interpretación que dan a los personajes, a ellas encomendados, las señoras y señoritas R a faela Rodríguez. Tulia Pachela, la Granda, la Palencia y l a Caballero. E l banquero Bofarul. e ha encontrado su intérprete en el gran cómico Marcos Davó. Y Porses, Cuesta Alfayale. Costa, Asensio y SOMIER El mejor. El más caro. LUBRICANTES AMERICANOS El nublados C o m e d i a en t r e s actos, o r i g i n a l de P e d r o M a t a que se est r e n a en JCara e l p r ó x i m o s á b a do, día, 14. especiales para au- 4 t o m ó v i l e s y motores i DIESEL, ÚNICOS ELECTRORREFINADOS i Concesionario exclusivo para España: C. R O C H P dei Prado, 4 6- f t l A D R Í p A G U A S DE Hígado, estómago, riñon y RMOLEJO diabetes. U n a comedia humana, rectilínea, sin complicaciones, sorpresas ni ch adas, entre gentes sencillas, de condición umilde y psicología rudimentaria, que se dejan llevar de sus impulsos y cuando les llega el momento de reaccionar reaccionan con arreglo a las normas m á s rígidas de la moral y del deber. Ambiente de Castilla l a V i e j a nobleza, seriedad, lealtad, h o m b r í a de bien... Y por encima de todo, la ejecución irreprochable, patrimonio inveterado de laa huestes de L a ra. PEDKO MATA GRAíy H O T E L 1, abril a 15 oyiemfore.
 // Cambio Nodo4-Sevilla