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DÍA DE. do a su casa, a su Coliseum, y un rato a divertirse. Vean ustedes cómo pasan las horas de su día. Jacinto Guerrero. Adagio en su casa. Adagio, tiempo musical pausado, sereno, reflexivo. Este tiempo comienza hacia las diez y termina sobre las cuatro. E n principio fué el Amor. En principio es su familia; madre, hermanas... Luego comienza el trabajo... De diez a dos compone. Y a ha leído periódicos como un censor. Y a ha desayunado como Heliogábalo. Ahora va á trabajar como el acreditado Hércules de las doce empresas. Es un cuarto moderno, en una casa moderna de una calle moderna (último trozo de la Gran Vía) y con un piano moderno... Clásico, no hay más que unos autores de su disciplina y. una cama turca con decoración de ahiti marrueco. Los consabidos retratos de las estrellas que te admiran y te quieren y unos galardones profesionales, recuerdos de noches de triunfo. E l maestro está acabando un pasodoble para E l Rodeo, esa compañía indomejicana que va a actuar en algunas plazas españolas. Sobré un atril está un numero empeza. do de una obra de Ardavín, El aína. E n lugar preferente hay unos gemelos, que son casi un telescopio... ¿Qué hacen aquí estos gemelos? (Luego se dirá. A l entrar hemos sorprendido al maestro oteando con ellos, desde el balcón... ¡Vaya por Dios, alguna vecinita... Luego se dirá. -Jacinto, ¿cuál es la hora más feliz de tu día... -Esta en que me coges. Cuando me pongo a hablar con el pentagrama... y me contesta. Esos momentos son los que me cautivan más, porque yo me entrego a la música, ío que se llama darse, como se da un enamorado de esos históricos Leandro, Calixto, el de Teruel, con alma y cuerpo... E l acertar es lo de menos. L o principal es producir, crear, imaginar melodías y motivos... a v 3 EL M AI- SI R O C U A N D O E. S 1 A HABÍ NJ O COX E l PENTAGRAMA hace poco usted podía encontrar al maestro Guerrero en la calle, en el café, en la Sociedad de Autores, en el almacén de música, en un colmado captando ondas flamencas, en el saloncillo de un teatro, en Recoletos, en un limpiabotas... Lo veía todo y era visto de todos. A veces se daba el caso de que dos amigos lo viesen a la misma hora en puntos muy apartados. Llegaba el amigo número uno al café: ¡Hombre, acabo de ver a Jacinto en ASTA H en piano, otras en largo o larghetto, muchas en passiomtto o affettuoso... ¡siempre en allegro! Hoy no es lo mismo. E l maestro Guerrero se recluye, se encierra, se eclipsa horas y horas. Se le ve difícilmente, y. de la ubicuidad aquella no queda ni gota. ¿Qué le pasa al maestro Guerrero... En la visita que. acabamos de hacerle hemos podido ver que todos aquellos tiempos de la notación musical italiana se han reducido a tres; el maestro vive ahora solamente en el adagio, en el andante y en el scherso. Se ha dedicaE Metropolitano. f t En seguida llegaba Jp el amigo número dos: jL- -Acabo de saludar- -e a Guerrero en la calle de Toledo. S e g u r a mente i b a a la L a tina... ¿A qué hora... -preguntaba, amoscado, el preopinante. -A las c u a t r o en punto. ¡Imposible; a esa hora estaba en los Cuatro Caminos! ¡Imposible; a esa hora estaba en la calle de Toledo... Y llegaban a acalo. rarse los ánimos y a r e s q u e b r a j a r s e las amistades... porque los discutidores no safa i a n que en aquel tiempo c o n s i g u i ó el maestro Guerrero estar en dos sitios a la vez. En aquel tienspo el maestro había logrado desarrollar su vida de relación en Madrid a tolos los aires de la notación musical italiana. Su espíritu y su cuerpo pasaban en rápidas mutaciones por el andante, el brioso, el cantabile y el adagio; unas veces estaba M JACINTO COK SU MADRE Y SUS HERMANAS
 // Cambio Nodo4-Sevilla