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A B C. D O M I N G O 15 D E M A Y O DE 1932. EDICIÓN D E ANDALUCÍA; P A G 25. CADA DÍA SE EXTERIORIZAN LAS PROTESTAS CONTRA MAS DE EL INLA TENSAMENTE OPINIÓN ESPAÑOLA TUTO ESTA- CATALÁN del. Río E l Estatuto catalán- -según el señor Y a n g u a s- -s e opone a normas universales de derecho. U n a conferencia del señor G u e r r a sobre el Estatuto. U n telegrama del A t e n e o sevillano. D e s d e toda España se cursan telegramas de protesta contra el Estatuto; E Estatuto catalán se opone a normas universales de derecho E l ex ministro Sr. Yanguas nos ruega la publicación de las siguientes cuartillas: S o n muchos los españoles que juzgan incompatible el proyectado Estatuto de Cataluña con la unidad nacional y con l a soberanía del Estado español. Nominalmente es así. N o se declara, como es natural, en el Estatuto; pero a ello conduce la soberanía compartida o, mejor dicho, secuestrada por la Generalidad. Difícil será hallar en la historia casos ni ejemplos en los que una trayectoria análoga a la del Estatuto no terminase en la desmembración territorial y política. Y es lógico que semejante camino conduzca a tal resultado. E l fraccionamiento de la soberanía acarrea siempre una situación de equilibrio inestable. Cuando se llega, a él por la unión o la federación de Estados entre los que anteriormente no existía ningún. vínculo político, ese fraccionamiento marca el tránsito a una unidad nacional más completa. Cuando, por el contrario, después de lograda por obra de siglos esa unidad se la despedaza y se l a rompe en su esencia misma, camínase derechamente, dígase o no se diga, quiérase o no se quiera, a l a disociación y al separatismo. L a fuerza centripeta y de dispersión actúa en este caso invariablemente con la misma eficacia que la centrífuga y de fusión en el otro supuesto. Ejemplos de procesos de integración lo constituyen las federaciones de Estados, que vinieron a formar lo que hoy son los Estados Unidos de Norteamérica y Alemania. Cada uno de los Estados federados en aquélla son dos grandes agrupaciones nacionales renunció a parte de su soberanía en beneficio de l a federación, y los poderes federales han ido creciendo y fortaleciéndose al propio tiempo que declinaban los de los E s tados particulares. L a Constitución de W e i mar, en cuyo texto se inspiraron todos los redactores de la Constitución republicana española (y no ciertamente en aquellos pasajes que significaran tolerancia y respeto) acentúa notablemente la tendencia unitaria y centralista. Ejemplo inverso, lio menos expresivo, y actual en un sentido separatista y de desintegración, nos ofrece Irlanda con relación al Imperio británico. L o que no se ha pretendido jamás en el mundo es obtener para una región, del Estado a que pertenece, como el Estatuto de la Generalidad, reclama, los atributos y los recursos propios de la soberanía, y el monopolio de los cargos y de las profesiones para sus naturales, a la vez que se arroja el peso de las obligaciones y cargas comunes sobre ese Estado que se repudia y sobre los conciudadanos a quienes se trata de vejar con desigualdad irritante. L a pretensión de simultanear las ventajas de la independencia con las de pertenecer a M a d r i d 15, 3 madrugada. E n el Círculo Radical del distrito de la Latina dio anoche una conferencia sobre el tema El Estatuto de, Cataluña en las Cortes Constituyentes el d i putado radical Sr. Guerra del Río. E l local estaba lleno de público. En primer lugar el Sr. Guerra del Río hizo una exposición de lo que es el Estatuto, y dijo que la minoría radical está donde ha estado siempre, con respecto a este asunto. Señaló que las Cortes son soberanas para hacer lo que estimen pertinente al resolver el problema, sin que sean exactos esos temores que por ahí se señalan. H i z o un análisis de lo que es el Estatuto al venir a las Cortes y. lo que es el dictamen de la Comisión. Si esto se hizo al liquidar uniones seculaEntiende que la República ha cumplido el res, en casos tan distintos y- tan distantes del catalán, ¿qué hemos de decir de las obli- pacto de S a n Sebastián con el sólo hecho de llevar al Parlamento los deseos de los gaciones de una región, por mucha autonocatalanes. mía que se le reconozca dentro del Estado E n España- -y esto lo digo para salir a l superior a que pertenece? N o se trata, enpaiso de alarmas injustificadas- -no habrá tonces, tan sólo de repartir cargas y deudas, más que un Código Penal. E n materia so- sino de atender conjuntamente al sostenicial no existirá más que una Legislación, y, miento de los gastos y atenciones comunes. por tanto, la República no permitirá que Cataluña tenga regímenes de excepción. Queda en Barcelona el Derecho civil, cosa La información gráfica de! a la que tienen un perfecto derecho. L a R e pública no tiene más remedio que respetar en Monarquía hubo presente número continúa de este aspectoh olo a que la no como ésta lo respetar. A r bien, respetaba, ya que lo condenaba a no renoen la penúltima pagina. varlo jamás. Nosotras no podemos seguir una unidad política superior sin aceptar los riesgos, n i las cargas anexas, es insólita. A l emanciparse una región, echa sobre sí el peso de la administración central, de la representación exterior de la defensa nacional, de los gastos generales del Estado. Cuando la comunidad histórica subsiste, es el caso de Cataluña, las regiones todas han de acatar la soberanía del conjunto y han de contribuir al levantamiento de los gastos comunes. E n uno como en otro sjipuesto, vinculadas y unidas, o emancipadas e independientes, las regiones no están jamás exentas de las obligaciones y cargas pecuniarias que a todas ellas alcanzan, especialmente las derivadas de la Deuda pública, que son las más gravosas. N o hay necesidad de probarlo en el caso de Cataluña, -parte integrante del territorio español. Pero a los efectos- de la argumentación, rechazando, la hipótesis, y tan sólo para señalar hasta qué punto son absurdas las pretensiones del Estatuto, recordaré algunos ejemplos instructivos, en los que podrá apreciarse cómo la obligación más a r r i ba señalada fué cumplida, incluso en el más extremo y menos favorable de los casos: al desgajarse un territorio del Estado a que perteneció. Salvo casos excepcionales de tan notoria singularidad, la regla consuetudinaria enunciada se aplicó casi invariablemente en las Tratados de paz, aun en favor de naciones vencidas, cuyo mapa político experimentó profunda alteración. T a l ocurrió con el Convenio de San Germán de 1910 entre los aliados y Austria. N o obstante tratarse de la liquidación de una guerra, por la que quedó deshecho el antiguo imperio danubiano, los Estados aliados aceptaron que las obligaciones pecuniarias imputables a cada porción territorial, tales como las de obras públicas o contratadas. y otras semejantes recayeran sobreseí Estado que pasaba a ejercer su soberanía sobre el territorio en cuestión, y convinieron asimismo una distribución equitativa de la deuda pública austríaca entre Austria y los Estados que participaron de su reparto territorial, en proporción a la capacidad contributiva de las respectivas regiones. L a Generalidad se zafa de todo ello éri str proyectado Estatuto. Reclama para sí l a casi totalidad de las contribuciones directas; del Estado en las cuatro provincias catalanas, para atender a servicios delegados, quei apenas habrían de costarle un tercio del irn- porte líquido de aquellos, ingresos; y r e nuncia en favor de la Hacienda nacional a los impuestos indirectos, señaladamente el de Aduanas, cuyo beneficio fiscal no es comparable n i a las ventajas económicas que la! protección arancelaria reporta a la industria! catalana, n i al sacrificio- -patriótico mientras la unidad nacional no sufra menoscabo! ni quebranto- -que ese proteccionismo ira- pone al resto de los españolas. Prácticamente, equivaldría a declarar al Cataluña, en provecho de la Generalidad, exenta de contribuir a las cargas y atenciones generales e indivisibles del Estadc español, que representan más de la mitad de los gastos totales del presupuesto na- i cional. Se ha usado y abusado de la palabra comprensión Recordémosla a todos aquellos catalanes, celosos de su tradición y dé sus costumbres, pero que condenan con nosotros los desvarios del Estatuto, y saben hermanar los respetables sentimientos e i n tereses comarcanos con el suprejno amor á España y a la justicia. Nadie en España se opone a la concesión de una autonomía administrativa, que no atente a la unidad nacional, n i a l a efectiva igualdad de derechos entre todos los españoles. Pero España entera recha za con enérgica indignación todo intento- de mermar su soberanía y de vulnerar, en su daño, normas universales de Derecho y de romper en lo moral y en lo efectivo, en Ío culujtral y en lo jurídico, en lo financiero y. en lo económico, en lo político y en lo social, en lo geográfico y en 1 Q histórico, la unidad sa- ¡grada de la Patria. -José de Yanguas. Mes? sía. París, mayo 1932. E l señor Guerra del Río habla del Estatuto catalán en las Cortes Constituyentes