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La Exposición Nacional de; B e l l a s Arles. peto para todas las tendencias cuando son auténticas y sinceras, hecho que constituye un ejemplo de civilidad en nuestro ambiente, tan propenso a la intolerancia y al cabileñismo. Quizá no alcance a dos docenas el n ú m e r o de obras de ¡Pintura de todas las tendencias que se ha filtrado a modo de impureza de la Exposición. Recordando la abrumadora abundancia de pinturas sin calidad artística alguna que figuraban cti anteriores E x p o s i ciones, el hecho debe saludarse como afortunada iniciación de un criterio artístico de adecentamienlo, que, de persistir, eleya, rá el tono de nuestras desacreditadas Exposiciones oficiales. E n la sección de Escultura r. u se ofrecen obras de gran empuje, mas también se ha conservado el decoro y se ha seguido un criterio de neutralidad para todas las tendencias que enviaron- su representación, ofreciendo algún contenido estético o técnico. E l Grabado continúa mereciendo una mayor atención de? inuestros artistas, apreciándose indiscutible mejoramiento, después de tantos años de desdén y abandono. E n cambio, la sección de Arte decorativo acusa un descenso en calidad, muy de lamentas aun t Suáres Pelegrín. Acróbatas I E n la gran barraca del Retiro hiperbólicamente denominada Palacio de Cristal celébrase, como en años anteriores, la Exposición Nacional de Bellas Artes. Parece ser que este año la afluencia de obras ha sido extraordinaria, y, al decir de los que se tienen por enterados, el jurado de admisión actuó con severidad digna de loa. Ello no será, tal vez, muy democrático; más el arte, i ha de merecer consideración de tal, requiere ser tratado con sentido aristocrático de rigurosa selección de lo mejor. E n esta Exposición no hay obras extraordinarias, que sorprendan a mOílo de apariciones de fases artísticas nuevas y pujantes; pero se ha obtenido un tono medio de serenidad, de res- Soria ledo. Villancicos cuando concurra a explicar tai hecho un conjunto de causas, que en el artículo correspondiente habrán de ser expuestas. Pintura E n nuestro paseo crítico por las salas seguiremos el orden con que éstas han sido numeradas, y no estará de. m á s sentar, referente a este artículo y a los sucesivos, que el autor de ellos intentará comentar las obras con la mayor imparcialidad, considerando como logradas total o parcialmente cuantas hayan cumplido con más o menos fortuna ei programa que el artista se trazó, cualquiera que sea su orientación, ya que, dentro- del más implacable realismo, del idealismo, del impresionismo, del neoclasicismo, del expresionismo, del cubismo, del superrealismo, etc. cabe ia creación de obra artística, si el autor posee talento y condiciones de realización adecuadas. Defender el criterio de que no hay m á s que una orientación posible, sea la que sea, es teoría absurda que únicamente disculpa la falta de sensibilidad del que ta! sostiene. U n a exigencia lícita, insobornable, debe plantearse ante cada obra la de que sea testimonio fiel de una emoción. S; n valor emotivo, podrá alcanzar categoría de hábil artificio, pero no la de auténtica obra de arte. Atraen ia atención en la primera sala dos obras de aparente sencillez, del pintor Suárez P e l e g r í n Mujeres y Acróbata- titúlanse tales lienzos, que acusan en su Eugenio Hermoso. Boda en Fregenal