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-H a b é i s de saber que hay ocho maneras de compañías y representantes, y todas diferentes: bubuiú, ñaque, gangarilla, cambaleo, garnacha, boxiganga- farándula y compañía. Así les ilustraba Solano a sus compañeros Ramírez y Roxas. S i un cómico escribiese hoy su Viaje entretenido, habría de añadir otro modo de teatro: l a misión. E l domingo de San Isidro fué nacic a: bateo en Esquivias por l a m a ñ a n a y confirmación por la tarde en Seseña. Programa de canciones elegidas y dirigidas por el maestro Torner: bailes de Zamora; cantos de boda, de Salamanca; canciones de camino, de L e ó n canción de Juan del E n c i n a romance del conde Olmos. Programa de comedia preparado por Rafael Mar- quina: La carátula, El convidado y Las aceitunas; de Lope de Rueda; una Égloga, de Juan del Encina, y El juez de los divorcios, de Cervantes. Actores, las estudiantas y los estudiantes, que también forman el coro y arman y desarman el tablado y son sus figurinistas, escenógrafos, sastres y utileros. Teatro al aire libre, en la plaza del pueblo, sin gloria individual para nadie, sin lucro para ninguno, con gusto y alegría para todos. Estamos en la comarca castellana de l a gorra sobre la oreja. L o s campos, limpios de arbolado, se hacen llanura jugosa, cogido? entre las colas de dos ríos. Tajo y Jarania. Es tierra cereal, salpicada de viñas, trajinada por rebaños cortos, de horizontes lejanos, y esa ermita en un cerro, que siempre sugiere el navio. P o r arriba, nubes nacaradas con un ribete de sol; al estrujarse son esponjas de viento que lo hinchen todo de sonido. Pueblos de barro. I- as casas de adobes de color ceniciento, color espiritualizado de hábito- mortaja, son mansiones de ancho zaguán, de habitaciones en profunda sombra, de voladizo en la portalada, bajo elcual se cobijan los galgos flacos cuando- la lluvia. Estamos i en la comarca castellana donde vive ese pájaro alcotán, que allí le llaman garrapiña, que es el ú n i c j pájaro que se queda inmóvil en el aire. E n Esquivia. y la sombra de Cervantes- E n aquella casa, la de su mujer, doña C a talina Palacios, estuvo a punto de aquietarse su genio, de convertirse D o n Quijote en el Caballero del Verde Gabán. Cervantes, melancólico, se sintió rodeado en Esquivias del más terrible de los peligros: la inercia. E n Seseña, el torreón del castillo de P u ñonrostro. que se resiste, tozudo, a pulverizarse. E n aquel castillo vivieron los descendientes de un capitán de Carlos V que contribuyó a destrozar a los comuneros. P i samos una E s p a ñ a que cruje bajo los pies como pergamino. Sobre esc solar clavan su escena, a prisa, afanados, atrafagados, rojos, un grupo de jóvenes. Afuera- las chaquetas, afuera las camisas, que este sol de antes de la tormenta se pega y pica como cantárida. Las estudiantas están en el autocarro encendidas también, ya con color campesino de un día, esperando el momento de vestirse en aquella casa orgullosa de sus dos pisos, donde el letrero reza castizamente: Posada. H a y otro letrero: Casa Consistorial, en un edificio con carasol. Apoyado en la barandilla del carasol preside, con su suavidad delicada, D. Ramón Menéndez Pidal. Estos muchachos que clavan, y sudan, encarnizados, joviales, son el espécimen de la nueva generación. Ninguno de ellos, ni ellas, parecen tener preocupaciones de galantería, ni de coquetería, ni de falso modal artificioso. Son camaradas: ¡Q u é lejos la escuela cortesana del X V I I I en que el boato de damas y galanes se regía por un imperceptible ritmo dé m i n u é! ¡Q u é lejos también el disimulado duelo por l a boda (el acomodo) entre el pollo y la señorita en estado de merecer, duelo que ocupaba la imaginación entera de nuestros abuelos y de nuestros padres! Estas chicas tendrán horizontes con su título de farmacéuticas, abogadas o médicas; como las menestralas son mecanógrafas, cajeras, vicetiples. L a vida se ha ensanchado para ellas, y no necesitan exacerbar la lucha de sexos, ni fingir altas temperaturas amorosas, ni dengues, ni milindres, encubridores de l a necesidad económica de casarse como únicos solución y porvenir. Los estudiantes tienen nueva mentalidad y nuevos fines; les interesan l a obra colectiva, los problemas reales, el trabajo manual, la mejor distribución de l a justicia, el deporte, los bienes limitados, la cultura ilimitada. L o mismo que se han quitado la chaqueta se han quitado el egoísmo. Son prácticos, saludables, musculados, divertidos, disciplinados al santo y seña de la labor alta, de ímpetu ascensional, nutrida de savia intelectual y de progreso. V e i n te años de hombre y de mujer, vitalizados y cerca de la Naturaleza; sencillez, energía, espíritu y un elemento que faltaba en E s p a ñ a fe. ¡E s t a generación tiene fe! U n escolar ha colocado en un balcón el cartel con su r ó t u l o Teatro del Pueblo. (Oficialmente se llama Teatro y coro de las Misiones pedagógicas Y a está el tablado, con su embocadura y foso, topes y arrojes, cortina y decoraciones. E l pueblo entero- -Esquivias, Seseña- -está en la plaza desde antes de ajusfar el tinglado. Cada niño corrió con su silla, cada vieja con su banco. Los hombres, en pie, alrededor; hom-
 // Cambio Nodo4-Sevilla