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NECESITAMOS CÓNSUL A los españoles no catalanes residentes en Cataluña y a los catalanes que han hecho pública ostentación de ser y querer ser es- pañoles, lo que m á s les habrá impresionado del discurso del Sr. Maura contra la tocalidad del proyecto de- Estatuto de Cataluña debe haber sido la parte correspondiente a la indefensión con que unos y otros quedarían en Cataluña de cederse a la Generalidad la administración de la justicia. Quizá antes no pensarían en esto: tal vez ahora no piensen en otra cosa. P a r a darse cuenta de la situación crítica, expuesta a toda clase de injusticias y atropellos en que, si las Cortes no lo remedian, quedarán en Cataluña los cuatrocientos m i l españoles no catalanes en ella avecindados y los naturales españolistas, el estado pasional de C a t a l u ñ a y la hostilidad de la inmensa mayoría de los nacionalistas, que dispondrán del Gobierno del principado, a cuantos hablan una lengua extranjera y muy particularmente a los catalanes que no reniegan de ser españoles. L o m á s sensible para unos y otros no será el que de hecho se les excluya de los cargos públicos, sino de las venganzas y de los atropellos de carácter aflictivo de que pueden ser víctimas y de resoluciones parciales de los Tribunales de justicia, características de las taifas y organismos locales. ¿Q u i é n nos asegura que en una atmósfera de odio como la que se respira en Cataluña, donde el partidismo ha llegado a los mayores extremos, la justicia se administrará serenamente, desafiando la presión coercitiva de las taifas, apoderadas del mando? ¿Q u i é n puede respondernos de cuje la justicia en manos del sectarismo antiespañolista, de los que no disi- mulan el placer que les espera cuando, en virtud del Estatuto, asistan al éxodo- forzoso de empleados del Estado español y de particulares, que no se avendrán con el nuevo estado de cosas, será una garantía para la libertad y la hacienda de los ciudadanos fichados? ¿Y quién puede salir garante de que, cuando el daño no pueda hacerse desde los Tribunales de. justicia, no se r e c u r r i r á a medios m á s dolorosos, y expeditivos? Todo es de temer en la tierra de las violencias y de los rencores sicilianos, y donde el pistolerismo sentó carta de naturaleza. Y contra la injusticia, la persecución, la arbitrariedad, el dolo, el abuso, el atropello, ¿a quién recurrir? Sí, ya sabemos: al T r i bunal de lo Contencioso. Pues ya pueden cargarse de paciencia y esperar sentadas las posibles victimas. Que todo eso son pesimismos carentes de racional fundamento? Pues atengámonos a un hecho reciente, que viene a apoyar nuestro pesimismo. Hace poco el Ayuntamiento de Barcelona acordó por gran número de votos de mayoría solicitar del Gobierno de Madrid la aplicación de la malhadada ley de Defensa de la República al Sr. Ventosa y Calvell por sus conferencias por tierras de España. Esta enormidad se ha pedido por el solo hecho de pertenecer el Sr. V e n tosa a l a L l i g a RegionaIista, temida por la esquerra, y haber sido el ilustre catalán ministro de la Monarquía. Calcule el lector lo que le iba a suceder al. Sr. Ventosa si la Generalidad, a estas fechas, dispone de las facultades de gobierno. L o m á s probable es que ya estuviera en la cárcel. Y si esto se hace con un catalanista del otro lado de un partidario del Estatuto, piénsese en lo que le podría ocurrir en caso igual o parecido a un español asentado en Cataluña o a un anticatalanista. E l desamparo en que van a quedar estos españoles es criminal. N o tendrán a quién apelar ni quien les defiendan contra un nacionalismo de aldea. Cataluña con el Estatuto corre peligro de convertirse en una Italia del Renacimiento. L o peor del Estatuto es que el Estado español no tenga en Cataluña un representante civil, un gobernador general. S i n éste los catalanes estaremos a merced de las taifas separatistas. ¿Por qué se ha de dejar indefensos a los habitantes de Cataluña y en peligro cíe ser objeto de vejaciones a los que se sientan hijos de E s p a ñ a? A l menos legí ese de manera que puedan perder su nacionalidad catalana para acogerse a otra los residentes en Cataluña que lo deseen, bien por simpatía a otras tierras, bien en legítima defensa de su vida, de su libertad y de sus intereses. H á g a s e esto, y ya que el Estado, renuncia graciosamente a no tener en C a taluña más. representantes que un general de división, un comandante de Marina y unos cuantos carabineros, como dijo el Sr. M a u ra, establézcase el Consulado de España en Cataluña. ¿Q u e esto sería deprimente para España y parecería la separación? ¡B a h ¿Q u é m á s da? Nada puede ser más depresivo para E s paña que el propio Estatuto, y en cuanto a la separación, la espiritual la crearon ya los catalanes concurrentes al banquete de la Concordia, y la política, la de hecho, nos ¡a ha de traer el Estatuto. c ADOLFO M A R S I L L A C H a v. mañana AGU En Farmacias y Droguerías. TENA SEVILLA
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