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Alberto de Bélgica asiste al estreno del film de Raymond Bernard Las cruces de madera en ún cinema de Bruselas, cuyo vestíbulo aparece convertido en una trinchera defendida por soldados belgas. (Fotos Vidal. HAY Q U E PROTEGER NUESTRA PRODUCCIÓN V Holanda y T u r q u í a acaban de inaugurar su producción cinematográfica sonora. E s p a ñ a aún no lo ha hecho. L a culpa no es, sin embargo, de nuestros cinemistas. Todas las exhortaciones que de unos años aj esta parte se han dirigido a los Poderes públicos pidiendo protección para l a industria española del cinematógrafo han caído sucesivamente en el pozo de la indiferencia; todas las iniciativas y sugestiones para dar forma a un posible auxilio oficial sej lian ahogado entre un f á r r a g o de papelotes sujetos al odioso trámite burocrático, i A pesar de ello, el entusiasmo no, sólo no ha desaparecido en nosotros, sino que renace ahora con más fuerza que nunca. E n las páginas de los diarios ha comenzado ya el torneo de los comunicados ianunciando la emisión de acciones, los títulos le las películas a realizar en Ir. temporada próxima, la capacidad de ti abajo de cada Empresa... Pero eso no basta -cr absolutamente indispensable que nuestra producción esté salvaguardada por disposiciones que la pongan a cubierto de manejos ignominiosos y de asechanzas criminales. i España, aunque parezca mentira, no tiene legislación en este aspecto; la indiferencia en unos Gobiernos, la falta de comprensión en otros, y en todos esa indolencia Carac; terística de nuestra raza, nos han traído a l estado actual de cosas, permitiendo que la: garra extranjera clave despiadadamente sus uñas en el mismo cuerpo con cuya sangre se nutre hasta saciarse. A y e r el oprimido era el modesto pro 4 ductor, para quien todas las puertas se cerraban hoy es el distribuidor, al que de nada sirve ofrecer sus películas en condiciones ventajosas con relación a las: expío- tadas directamente por las grandes Empresas; mañana será el exhibidor quien, atado ya de pies y manos, verá arruinado su negocio merced a l a amenaza y a la presión constante del productor en gran escala. Anualmente salen fuera de nuestro i país por este concepto muchos millones de pesetas sin beneficio alguno para los españoles, a quienes, por el contrario, nos es imposible trabajar y movernos con la líscesaria independencia a causa de este injusts; privilegio de que gozan productores y distribuidores extranjeros, entre los cuales es posible que no falten seres desaprensivos que, si llega el caso, traten de obtener provecho de la letra en muchas partidas arancelarias. Y esto no debemos- consentirlo de ningún modo. Sería vergonzoso ver cómo mientras: esas Empresas realizan negocios fabulosos a nuestra costa, la producción española, medida por el mismo rasero que la exótica en cuanto a tributación se refiere, no pudiera desenvolverse con soltura ni llevar, como consecuencia, a cabo la misión que, no sólo tiene el derecho, sino el deber de realizan E l cinematógrafo, formidable vehículo de 1 propaganda ¡turística, social, cultural y política, puede realizar en favor de un país labor cien veces más eficaz y beneficiosa que todas las misiones literarias, científicas o intelectuales: que puedan organizarse, i E l Gobieijno de los Soviets, nos da la pau- ta en esta materia. Convencido del auxilio poderoso, que supone el cinematógrafo para llevar a cabo sus fines, l a ha tomado Bajo su tutela y, destinando: a este renglón grandes sumas, lo fomenta constantemente, construyendo i locales, de exhibición y estudios, subvencionando investigaciones e inventos para perfeccionar los! sistemas actuales y, por último, creando una Universidad dónele se inicia iy: coloca en. condiciones de aptitud a todos aquellos, técnicos y artistas, que deban dediparse al. cinematógrafo en cualquiera de sus manifestaciones. 1 Aquí no! pedimos tanto; sólo un poco de atención yi buena voluntad para resolver el problema! Quizá no hiciese falta tampoco realizar un; desembolso para proteger la producción española; es posible que bastase con llevar a l a Gaceta unas cuantas disposiciones- -entre ellas la relativa al porcentaje obligatorio de exhibición- -en virtud de las cuales nuestras nacientes Empresas productoras tuviesen de antemano la garantía de que sus películas podrían explotarse sin trabas y en las mismas condiciones que las extranjeras. N o exigimos exclusivismos; por ahora únicamente solicitamos un poco de equidad y de justicia para situar, a la producción española en condiciones que le perraitaa -1 I r l 7 l TT r 771 T 1 T ir T- H TH i I T- T n- -iT- -TT: -r ri
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