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D I A R I O ILUSTRAD O A Ñ O VI G E SI M O C T A V O 10 C T S N U M E R O FUNDADO E L i. DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O VJ G E SI M O C T A V O 10 C T S N U M E R O D E TUNIO D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A M E N E N D E Z PELAYO Y WELLS Ayer, 19 de mayo, aniversario de la muerte de Menéndez Pelayo, habló, en el Español, de la crisis del mundo el novelista Wells. Así junta el azar las dos figuras m á s heterogéneas, aunque se trate de hombres que quisieron lo mismo. Porque el ideal de Wells, según nos dice al término de su Esquema ele la Historia es: L a fusión del género humano en una sola comunidad y el Dios de todos los hombres en contraste con el Dios del nacionalismo. F u é también el de Mcnéndez Pelayo, sólo que sabía que es inútil desear el fin si no se quieren los medios adecuados, y por ello anhelaba, como, la E s p a ñ a del siglo x y i que todos los hombres reconocieran el mismo padre, Dios, y la misma madre, Nuestra Señora, y habitaran el mismo lugar: la Iglesia. L a hermandad de los hombres depende de la paternidad de Dios. Menéndez Pelayo fué todo saber y disciplina servidor voluntario de su religión y de su Patria, soldado de su deber contra la corriente, de su tiempo, arca del saber español frente al diluvio, enciclopédico. Wells, en cambio, es el hijo de su tiempo, el favorito de la fortuna, escritor tan fecundo que no ha podido leer libros difíciles, todo capricho y fantasía, todo imaginación irresponsable, éxito y libertad. H a y dos cosas que se le han atragantado: una, la Iglesia; la otra, España. Wells historia a J e s ú s de Nazarcth como maestro de m o r a l pero lo que le hace la figura central de la Historia no es su moral, sino su Ser, su ser el Cristo, H i j o de Dios vivo, y atestiguarlo, no sólo con. milagros, sino con presentársenos, único entre los santos, como e x t r a ñ o al pecado, al remordimiento y al pesar. E n cuanto a España, ni se da cuenta Wells de que hemos sido l a única nación colonizadora, que ha igualado a sí misma a cuantas razas dominó, ni ve a San Ignacio sino como a un Quijote, ni a Carlos V m á s que como a un insaciable comedor de pescado. Menéndez Pelayo cifraba su fe en los métodos civilizadores de E s p a ñ a primero, la religión; después, la civilización; y siempre, el perfecto concierto entre los poderes temporal y espiritual. Wells confía en el libre pensamiento en la técnica. Cuando el mundo separó los poderes espiritual y temporal, E s p a ñ a tuvo. que ver disolverse su. Imperio. Inglaterra, en cambio, pudo difundir su maquinaria por todo el mundo, sin propagar previamente el Cristianismo; Sólo que este triunfo ha sido tan funesto para su Imperio como para la H u manidad. E l hombre cle color se ha hecho con sus máquinas, y como vive más barato ha dejado sin trabajo a los obreros blancos, y hoy Inglaterra liquida a cualquier precio la. maquinaria de Mauchcsícr, porque no puede competir con el Japón, ni con l a China y. la India, y un mundo sin cristianismo es todo concurrencia. E n cambio, los españoles inteligentes, que hace treinta años ponían sus miradas en la Inglaterra brillante y arbitraria de Wells y Bernard Shaw, vuelven ahora los ojos a Menéndez Pelayo, a las tradiciones de su Patria y a Dios Nuestro Señor. RAMIRO DE M A E Z T U Es preciso vigilar más de cerca a los extranjeros. (La Prensa de París. Los españoles residentes en Francia tienen poco que temer de la obra de xenofobia que ha levantado el crimen político. que todos deploramos. Nuestra colonia, comprendiendo en el a el proletariado nacional, que ha resistido a la crisis del trabajo, no es turbulenta. E l español, díscolo en su país, adquiere como, por arte de encantamiento cuando emigra una disciplina ejemplar. V i v e retraído en sus quehaceres, e x t r a ñ o a las rivalidades políticas. Pero esa corrección, apenas quebrantada muy d é tarde en tarde por alguna reyerta de índole pasional, no les evitará la prevención con que es mirado aquí el extranjero, aunque: demuestre que no es un parásito. Contra 1 a experiencia más evidente, el francés de cortas luces no admite el que uno venga aquí por gusto, sino por necesidad. Felizmente, ese prejuicio es menos fuerte en aquellas personas de otra mentalidad que se rozan con nosotros. N o es que se nos ame. E l amor: entre pueblos es una invención periodística y parlamentaria, como la ficción de la fraternidad humana. Se nos soporta cortésrticnte, y gracias. De todos los pueblos que conozco el más hospitalario es. el nuestro. Nada tan difícil como perecer de hambre en España. Somos ignorantes y cordiales al mismo tiempo. E l francés m á s cultivado- intclcctualmente que nosotros, nos supera también por la tacañería. Sólo así se explica el ciue este pueblo haya atraído a sus cajas la mitad o m á s del oro mundial. Algunos periódicos han exagerado el tono de sus comentarios al exponer la idea de. que se: debe limitar la entrada de los extranjeros en Francia. Es evidente que en algunos momentos se ha abierto la frontera con demasiada amplitud. L o s rusos y los italianos han traído aquí sus querellas políticas, sili acordarse de que no estaban en su tierra. Pero los españoles se han mostrado siempre circunspectos. Los mismos emi- grados políticos que vivieron aquí durante la Dictadura observaron siempre una actitud irreprochable. L a mayoría de los que residimos aquí vive de dinero español o hispanoamericano. L a hospitalidad que se nos da está largamente pagada. ¿D e qué tributo se nos exime? ¿Q u é atenciones especiales se nos dispensan? Y o satisfago al Fisco los mismos impuestos que. un francés, sin beneficiarme- de sus derechos. E n ningún orden de actividades nos concede nada el egoísmo nacional. Nuestras obras de teatro no se a q u í nuestros libros no son. admitidos en el mercado literario la Prensa apenas ucs presta atención, y en el comercio no se nos acepta más que como clientes que liquidan al contado. ¿Alores? E l otro día un gran diario do Roma, 11 Popólo d Italia, exhortaba a F r a n cia a salir de su egoísmo frente a los problemas internacionales. ¡C c n qué razón! Pero este país, ¿n o advierte su creciente aislamiento? ¿Quién se siente hoy satisfecho del trato que recibe en Francia? T a l vez la democracia republicana española... ¿Pero le bastará a la gran nación latina ese concurso, en las horas difíciles que pueden venir... XENOFOBIA ...Y E L N I Ñ O HABÍA MUERTO L a muerte se produjo porque el individuo que arranco de su cuna al hijo del aviador lo dejO caer cuando descendía por la escalera de mano. Gloso estas palabras que cierran la declaración de Frank Parsych, cómplice convicto y confeso en el rapto del hijo de L i n c bergh. P o r una cruel ironía de la suerte, al retoño del hombre pluma, del hombre flecha, dueño del aire y amigo de la nube, -aún no le habían nacido alas en los hombros. ¡V sin embargo, era un á n g e l! Pero sólo á. su almita, nueva y en estado de gracia, limpia de todo barro de pecado, le era dado volar; el cuerpo, mísero, no había aprendido a ser ingrávido, y cayó en la plomada, víctima i n defensa de ese rencor humano y envidioso a todo lo que vuela. L a declaración tiene grandes visos de verdad y es, desde luego, perfectamente verosímil pero, ¿s e r á esa la verdad verdadera? i Cómo pudieron conservar el niño, muerto tanto tiempo, sin que fuese mayor la descomposición del cadáver? ¿P o r qué, si la muerte casual frustraba todo el plan, no dejaron el cuerpo del angelito allí donde había caído, sin insistir en un crimen, que ya no tenía objeto? ¿E s que el niño no m u r i ó en el acto, sino después, a pesar de los cuidados que le prodigó la codicia de sus raptores? L o que siempre ha de quedar en pie, con. toda la repugnancia que provoca el hecho, es la codicia de los facinerosos, que aceptaron el precio de un rescate cuando ya nada podían devolver. Pero la repugnancia, que era horror. y vergüenza, se. atenúa bastante si Ja muerte del inocente fué obra de la casualidad y no de mano asesina. L a herida en el corazón de los padres es la misma, y la circunstancia casual no amengua en nada la intensidad de su- dolor pero la i n famia contra el héroe dignó, de todos los amores, de todas las admiraciones y de todos los respetos, pierde un. poco su tinte, sombrío de bochorno nacional, en cuanto los ladrones, no homicidas, sólo quisieron arrebatarle al coronel valiente el diñero del bolsillo y no la flor de su- sangre. E l destino del niño, es el mismo, y yo no me atrevo a asegurar que, sea un destino trágico precisamente, porque era ún niño, y la tragedia sólo es para quienes lo engendraron con amor y aun para la P a t r i a Norteamericana, por si un día, ya hombre pecador el ángel candoroso, se hubiese renovado en él la psique abolida del aviador intrépido. E l niño se a h o r r ó- d e pronto el dolor. de la, vida, y murió, niño, más que jo- ven como el amado de los dioses. ¿P e r o serán la verdad, toda la verdad, las declaraciones verosímiles de F r a n k P a i sych? Ellas no disminuyen la responsabilidad de esta desgracia que a tantos hiere y salpica, a unos de dolor y a otros de. aprobio; pero agarrémonos como a un clavo ardiendo a su posibilidad, siquier sea por solidaridad humana, por muestra dignidad m o- ral, por respeto a la especie, y pensemos que en el acto no existió c; hecho de la muerte violenta, espantosa y terrible siempre, cuando es por la mano del hombre y cuando es por mandato de la ley. FELIPE SASSONE MANUEL BUENO
 // Cambio Nodo4-Sevilla