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MADRID- SEVILLA 21 DE MAYO D E 1932. N U M E R O S U E L T O 10 C E N T S REDACCIÓN: PRADO DE SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS, MUÑOZ OLIVE, DIARIO ILUSTRADO. A Ñ O VIGÉSIMO OCTAVO NUMERO 9.150 CERCANA A TETUAN, SEVUJIÍA. E L P R O B L E M A N A C I O N A L P L A N T E A D O POR E L PROYECTO D E E S T A T U T O C A T A L Á N A N T E E L P A R L A M E N T O Y FUERA D E E L Juicios y comentarios en la Cámara acerca del discurso estridente del catalanista señor Hurtado y de la actitud conciliadora del señor Lerroux. Don Emiliano Iglesias impugna de nuevo, en una conferencia vibrante y razonada, el Estatuto. Continúan las protestas de corporaciones y entidades de toda España contra Jos intentos de desmembración de la soberanía nacional. El discurso del Sr. Lerroux ha. complacido al Gobierno, a las agrupaciones republicanas, y a los catalanes. Claro está que no podía complacer a la opinión pública, al país entero, que repugna la totalidad del Estatuto, y han de caer en el vacío sus afirmaciones unitarias y sus reservas sobre algunos par- ticulares del proyecto. No esperábamos, ni comprendemos, que nadie pudiera esperar otra actitud y otro discurso. Esclavo de su culpa, como los demás organizadores de la revolución, el Sr. Lerroux está en la corriente de la componenda. A la componenda tienen que sucumbir todos los que suscribieron el pacto de San Sebastián, y los que más hagan y se esfuercen por aliviarse del compromiso con regateos, gesticulaciones y desahogos, tendrán que votar la esencia del Estatuto. Desecharlo totalmente, substituirlo con un proyecto admisible, pasarse al otro lado, al lado de la protesta nacional, ninguno; ni- D. Miguel Maura, tampoco. El Estatuto es una responsabilidad de la coalición revolucionaria. Las versiones del pacto, la que confirmó ayer el Sr. Lerroux, y todas las que se den sobre el alcance de aquella conjura, no contradicen esta conclusión. Sin el pacto, sin el llamamiento del nacionalismo catalán a la colaboración revolucionaria, no existiría la Generalitat, no existiría él título primero de la Constitución, y no existiría, eso sí, el nacionalismo, con iguales aspiraciones y en la postura que le acomodara, que le permitiesen las circunstancias; pero todo lo demás: Generalitat, capítulo catalanista en la Constitución y Estatuto; lo que hoy es el conflicto de las Cortes, y la trinchera del nacionalismo, no existiría. Es una responsabilidad de los hombres del pacto. ¿Pueden eludirla, volverse atrás? ¿y con qué consecuencias? Son el Gobierno, tienen la adhesión disciplinada de los partidos, tienen el voto de las Cortes; en fin, son el régimen. Sobre el régimen caerían las consecuencias del fraude. Contra la República se revolvería el nacionalismo defraudado, no por el país, que nada pactó, sino por los poderes republicanos. He ahí la fatalidad de la componetida. Nosotros no sabemos si la República fracasaría en el fracaso del Estatuto. El Sr. As aña dice que sí; casi todos los republicanos dicen que sí; todos, los que lo dicen y los que no lo dicen, lo temen. Sálvese la Repiíblica es el espíritu de la componenda. La República sobre todo, por encima de todo. Ayer un orador catalanista, el Sr. Hurtado, para que pasaran mejor sus afirmaciones audaces y estridentes, quisp desvirtuar la unánime y enérgica protesta español- a, atribuyéndola exclusivamente a los monárquicos. No es una habilidad precisamente atribuirles tanto poder y sugerir lo que sugiera la apreciación del Sr. Hurtado sobre la actitud de España. Pero conviene recordar que la oposición sañuda c implacable en que se han estrellado siempre las tentativas descentralisadoras ha sido de los elementos que van a votar el Estatuto. Hasta la fecha del pacto, los mayores enemigos del nacionalismo catalán eran, los que luego. lo han apadrinado. Es un antecedente de los que más pesan en la opinión pública para descalificar el Estatuto. El jefe radical, ovacionado en los pasillos. Los vítores a la República Cuando terminó su discurso el Sr. L e rroux, el presidente de la C á m a r a suspendió el debate y suspendió la sesión y los diputados, que durante cuatro horas habían permanecido inmóviles en sus asientos, salieron a los pasillos, donde a poco se entablaban discusiones y se hacían comentarios da l a actitud del Sr. Hurtado, que se tacha de agria y dura por la mayoría de los opi- nantes, y de los tonos conciliadores y ele- vados que empleó en su discurso el Sr. L e- rroux. ¡i Ambos oradores coincidieron bajo l a t r i buna de la presidencia y sostuvieron un breEl discurso del señor Lerroux ve diálogo para comentar mutuamente sus intervenciones. M u y temprano, a poco de comenzar la seE l Sr. Lerfoux salió a poco al pasillo y sión de ayer, llegó D Alejandro Lerroux a sus amigos políticos le hicieron una ovación la Cámara. entusiasta, que se repitió varias veces. L a animación en ella era desusada. Con gran Se do un viva a la República y momentos i antelación acudieron diputados y periodistas después diputados de distintas fracciones exen tal número, que se hacía difícil circular presaban su entusiasmo por el régimen, v i por los pasillos. E n las tribunas el gentío era toreándolo con gran calor. Se oyeron tamimponente. bién gritos de: ¡V i v a E s p a ñ a republicaA l entrar el Sr. L e r r o u x preguntó a quien a! y ¡V i v a la unión de los republicanes le rodeaban, en tono humorístico: nos! ¿H a b l a hoy D Alejandro L e r r o u x? E n aquel momento oimos un comentario, E l diputado Sr. Rey M o r a dirigiéndose a que nos padeció acertadísimo. U n diputado su jefe, le dijo, señalando el salón de sesiode la minoría radical se expresó en estos nes. términos: -A h í está la solución, don Alejandro. -Esta explosión de fe. republicana explica- ¿L a solución de qué? Y o siempre he muchas cosas. Explica, sobre todo, el tono y tenido la misma filosofía. Se pone remedio a la medida del discurso de mi jefe, que ha las cosas cuando lo tienen, y cuando no es hablado hoy bajo la preocupación. de los preciso conformarse. momentos críticos que atravesamos y de l a Ante la curiosidad que su presencia provonecesidad de afianzar y consolidar el r é caba, pues al Sr. Lerroux le era materialgimen. mente imposible romper el cerco que forE l Sr. Lerroux abandonó la C á m a r a y maban a su alrededor diputados, periodistas en l a calle, al tomar su automóvil, fué nuey curiosos, procuró ganar la puerta del savamente aplaudido y vitoreado, no ya por lón de sesiones, despidiéndose de todos y sus amigos, sino por algunos grupos que se rogándoles que le oyeran con benevolencia. hallaban frente al edificio. E l problema ante la Cá mará r Y así comenzó el debate del Estatuto. Con una expectación y un interés como pocas veces se notaran en la Cámara. L o s escaños, totalmente ocupados, y en las tribunas la gente, enracimada, dispuesta a no perder una sílaba de las que se pronunciaran en el hemiciclo. E n su lugar correspondiente encontrará el lector, los extractos dé los discursos pronunciados por los señores Hurtado (catalán i n dependiente) y L e r r o u x y podrá apreciar las reacciones que provocaron en- el auditorio, sumamente atento a las incidencias de la discusión Juicios y opiniones Transcurrido mucho tiempo desde que se levantara la sesión, aún permanecían en l a C á m a r a casi todos los diputados, entretenidos en comentar el discurso de D Alejandro Lerroux. Los periodistas quisieron conocer las opiniones de los ministros y de los políticos representativos, y he aquí las m á s interesantes: El presidente del Consejo: H a sido un gran discurso, como yo esperaba que lo h i ciera. Exacto en la palabra y preciso en el concepto. U n reparo, sin embargo, tengo que
 // Cambio Nodo4-Sevilla