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el curso del río en largo trecho, estrechándose entre las montañas o con desperezo gozoso de luz y de espacio al tenderse en la llanura. Del castillo apenas quedan unos muros ennegrecidos, por donde trepan la hiedra y los lagartos. Hoy es nido de águilas lo que se alzó desde la primera intención para serlo, pues aquellas otras águi- las qué lo poblaron cuando aún tenía estancias recamadas y hombres de armas en las almenas, como estas que hoy levantan el vuelo al rumor de nuestros pasos, se alzaban hasta las nubes para caer sobre los míseros rebaños indefensos, y unas hunden sus garras en los vellones y otras las clavaban en las carnes. Melk no se asien a sobre una cumbre aguda como Aggstein, sino sobre una colina suave. A l castillo no se podía llegar sino rampando en gesto de león, y desde el castillo bajaban sus moradores en alud p en vuelo rapaz; pero Melk tenía abiertas sus puertas, en las que morían senderos fáciles y sobre las que se alzaba una cruz. Cuando el castillo se ha desmoronado, el monasterio de Melk, más viejo que el castillo en el nacer, si no en los muros de hoy, sigue mirando, en el remanso partido del Danubio, sus ventanas con luces en k V noche y sus torres con campanas, cuyas voces caen en las aguas del río y les hacen temblar levemente como una caricia de brisa o como una flor qtíe viniera a morir en ellas. Del poderío de la mansión señorial sólo queda el fantasma de los muros defruidos; pero aun en estos días de vendavales v tormentas se yerguen entre los abetos y los almendros las dos torres gemelas del monasterio de Melk. Alguna vez, ya ausente, he vuelto a ver este valle del Vachau en el lienzo, al compás de las dulces melodías del An der Sch áne Blau Donan; ñero las imágenes pasaban por la pantalla sin relieve de árboles que agitan sus ramas, in olor de campos en primavera, sin voces de aguas y de campanas domingueras; tenía más emoción el vals de Straus, tantas veces oído en aquellos lugares, y cerraba los ojos para que acompañara únicamente al desfile de mis recuerdos, ya tenues, apagados, como el color de los almendros en flor. MARIANO T O M A S