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corazón al sentimiento, r- e le nubló el pensamiento sin sentir! Horas de la H e r mandad trianera. Salida en la mañana hacia el campo en flor. Noche en L a í. opa. L a Virgen va en su cam a r í n de plata, sobre la carreta que es un altar. Y después, la teoría del alegre fervor, las carretas- tan blancas- que al- grave paso de los bueyes avanzan íinnes sobre la senda que se hace arenosa, f l a n q u e a d a por los pinos olorosos. Después, Viilamanrique, ¡Villamaurique! Y luego, el R o c í o donde la Blanca Paloma recibe ci homenaje de todas las Hermandades que en las provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz llevan su nombre. E l Rocío, la humilde aldea de la marisma de Almonte, se convierte en espejo de Andalucía. 1 sión indescriptible. Y el Rosario en la noche, impresionante, a través del a r e n a l tiemblan arriba las estrellas, y abajo los c i rios de los romeros- -infinitas luces que í e mueven- -replican en la obscuridad de la noche a los luceros celestes. Otra vez S e v i l l a Bajan las carretas la Cuesta de Castilleja, la Pañoleta, el Patrocinio, Triana. E l barrio tiene luces de ilusión en esta noche de mayo. U n eco de tamboril, un eco de flauta. Desde. las carretas, en plena fiesta, las mocitas ofrendan al aire de primavera coplas y r i sas en los labios encendidos, en los ojos brillantes brinca la v i da, como en un gracioso quiebro de seguidilla liviana. E n el corazón nos traen de ía romería firme promesa de la continuidad de Andalucía, el fervor por la Blanca Paloma, rocío y luz de la mañana. M SÁNCHEZ Domingo de Pentecostés. Solemnidad l i túrgica en la ermita, y después, sobre un mar convul se, j a d e a n t e, que es el pueblo aimonteño, ía Virgen del Rocío que scño Ta a marisma, en la proce- Escena de la romería. DEL ARCC Sii Las Hermandades regresan a sus chozas después de la misa en el santuario. (Fotos Serrano.