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A B C. M A R T E S 24 D E M A Y O D E 1932. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. PAG. Jjg, 1 N F O R M AGÍ O N E S Y N O T I C I A S! TAURINAS En Sevilla: Una mala novillada. En Madrid: Sigue el abono. En Tetuán: Reaparece Contreras, el torero de etiqueta. Toros en Barcelona y Valencia. En otras plazas. Novilladas nete, quedó consumado a satisfacción del artista y del respetable senado. Con menos de Una mala novillada media estocada- -y no tanto por la lesión i n terna como po reí criterio de l a casa- -cayó U n a novillada harto representativa de las el novillo, y Juanito- -merecedor de salir otra cualidades de casta, fué l a enviada, para la vez- -fué muy aplaudido. corrida del domingo, por el S r Camacho, E l Niño de la Puerta Real hizo lucir en hoy feliz poseedor de la vacada de Guadalest. los quites su calidad de gran capeador. Los E s a inexplicable manía de tirarse ai suelo- lances al quinto toro, después de l a seguncomún a los toros de tal marca- -aquejó en da vara, fueron magníficos por el valor plásmayor o menor escala a los seis bichos, a l tico del ceñimiento, el reposó y l a cadencia guno de los cuales, como el segundo m á s con que fueron ejecutados. E n su faena al tiempo estuvo cómodamente echado sobre l a arena que trabajando, como era su obliga- tercer bicho, falto de ganas de pelea, algún natural bien consumado puso instantes felición, para distraernos a todos viéndole emces. Matando, mal. bestir a íos toreros. Mansotes, bastos, horros de poder... Sólo el quinto poseía codicia y suavidad que h i cieran agradable su l i d i a y únicamente el sexto tuvo en los remos fuerza para hacer, peligrosa su táctica defensiva. P o r todo, el ganado o f r e c i ó a l o s espadas menguadas ocasiones de lucimiento, y, el espectáculo transcurrió aburrido y desanimado casi siempre. Pepe Brageli, nuevo en esta plaza, actuaba, sin embargo, como primer espada, por ser el único de los tres que había actuado en l a de Madrid, que es donde ahora concédese la antigüedad. E s un muchacho muy valiente. Toreando de capa apreciósele poca naturalidad en las verónicas, pero mucho conocimiento y tino en brega y cuidado -de los toros. Su fuerte es la muleta, que maneja con grande soltura y deshogo, presentándola Juanito Jiménez, toreando de capa. desde muy cerca y empapando a las reses con mucha eficacia. Las dos que le corresCon el que cerró plaza, que era un manso pondieron eran reservonas y endebles, y el arrollador, deseoso de que lo dejaran tranjoven torero careció de base en que asentar quilo, Lobeto no quiso bromas, y apenas suel anhelado triunfo; pero estuvo fresco y frió en el segundo proyecto de pase la se animoso y acabó pronto con uno y otro nogunda arrancada, dedicóse a la desdichada villo, siendo notable l a rectitud y estilo con caza del animal, que no humillaba y sólo que h i r i ó a su segundo. E l público le aplauquería irse al tranquilo cerrado. Así, asistidió mucho y quedó con el deseo de verle mos a una deplorable serie de sablazos- -caotra vez para, en circunstancias más propisi siempre a la media vuelta- -en cuya procia, conocer todo lo bueno que de su afición, longada administración favoreció al espada arrojo y conocimiento puede esperarse. la benevolencia del presidente y del público. Cuando, por fin, murió el manso, al inexper, Lastimado Nicolás Vargas, toreó por él to Niño de la Puerta Real, en vez de baJ u á h i t o Jiménez, que nada pudo hacer con el jar ja cabecita y mostrar un poco de tribupobrecito inválido corrido en segundo lulación, se le ocurrió ¿graclecer no sin desgar. E l muchacho dio su nota brillante en parpajo unos aplausos harto indulgentes, con varios quites y, singularmente, veroniqueanlo cual motivó airadas censuras de los admido al quinto con elegancia, temple y quieradores del pundonor taurino (q. e. p. tí. tud que le valieron merecida ovación. Lue. E l Niño había pareado a su primero, con go de brindarnos a todos la faena con el lucimiento tan sólo en el par inaugural. trapo rojo, l a realizó con valentía, y aunque hubo poca limpieza en el remate de los. De modo que quedamos en que la novillada pases- -atropellado por lo general- -algún del domingo no fué como para ayudar al remuletazo al natural, en redondo o de molisurgimiento de la fiesta. Acertaron los habituales pobladores de las localidades calientes, anteayer harto deshabitadas. -Juan M. Vasquee. E N SEVILLA ¡Pero so malagé... st yo rio he sfo! han pasado y han dado en el toro doméstico. Y este toro es amigo del caballo y no toma varas; no conoce al hombre bajo el indumento arbitrario con que se presenta en los ruedos, y huye del hombre, y salta la barrera, y muere acosado en una lidia estéril. A s í se han lidiado ya muchos, muchos toros este año, en una labor muy parecida a la que aconteció el domingo con los toros de cofia M a r í a Sánchez y con los sustitutos. Y no lo digo en lamentación por lo poco divertido de la fiesta, que a mí me interesa mucho ver cómo se resuelven dificultades; me interesa bastante más que el lance hech -el pase estudiado. L o digo, porque para situar una corrida hay que partir del estado de los toros. E l domingo se aburrieron mucho los que fueron a ver el parón de Villalta y las baaderillas de Manolo Bienvenida y algún dentello belmontino de Ortega. Pero él domingo hubo cosas muy interesantes, aunque r; o hubo nada de eso. Yo recuerdo episodios singulares de los- ruedoi. E l toro en el tendido. E l toro que rompe los chiqueros y salta a la arena cuando hay otro toro. Pero lo de ayer, ni lo he visto, ni lo he leído. Y creo que debería anunciarse. Salió Villalta a matar el p r i mero, que era de D Juan Terrones. A l toro, tardo, había que llegarle mucho y aguantarle mucho con la muleta. Villalta no lo hizo. Pero así que igualó dio un pinchazo hondo y luego una estocada. D a r la estocada y desaparecer Villalta fué cosa de un instante. Rodó el toro con gesto. e x t r a ñ o y e talló una ovación. ¿A quién? A Villalta. Pero Vi lal ta no estaba. ¿D ó n d e está Villalta? H a b r á ido a l a enfermería. Pero los médicos estaban en su jitio. ¿D ó n d e está Villalta? Arrastrando el toro se percibe un gran revuelo hacia el desolladero. Los carniceros, al meter la cuchilla, descubren una zapatilla. Esto les detiene en su rápida y habitual maniobra y proceden con todo cuidado. V a n abriendo el toro, no ya como carniceros, sino como c i rujanos en delicada operación cesárea. Y ¡oh asombro! se encuentran con Villalta. Con Villalta que se había metido dentro del toro. 1 E N MADRID Sigue el abono E l abono sigue con no mucha fortuna para la fiesta. De la bravura de los toros, ¿qué se- hizo? E l domingo lidióse otra corrida mansa. Decimos otra, porque son ya varias las corridas mansas lidiadas en lo que va de año. E s una consecuencia de la moderna orientación. Se ha ido buscando el- toro artificial, de temple justo, de nervio preciso; el temperamento adecuado a una linea también artificiosa. Y son muchos los que se Brageli eri un quite. 5 Í Niño de la Puerta Real. ¡Qué lástima ravrna que no te entrara... ladrón!