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NOVELA, POR EMILIA PARDO RAZAN (CONTINUACIÓN) UDO DE LAS BRUJAS lomitsa, largos y flexibles, de curvas u ñ a s ambarinas, medio dislotiene, ¡y estupenda! E s el momento de clavar, a Cristo en l a cados, se adherían al arco, transmitiéndole una eléctrica corriencruz; sólo que los sayones, en vez de soldados romanos o tagarote de sentimiento, y volaban las notas, llorosas, irónicas, ensoñadotes judíos, son gente de hoy, generales, políticos, banqueros, ¿comras, -rientes; rumores sutiles y misteriosos, como el susurro del prendes? de los que codeamos por ahí, en los teatros y en los follaje, o quejas reprimidas, como las que. arranca un dolor oculsalones... y vestidos como t ú y las caras, en vez de la expreto; violentas exclamaciones de ira, orgul losas protestas, melancósión que tienen en sociedad, presentan l a de su alma vista licas frases de resignación... E l violín reía con risa del infierno; por dentro... Almas que nos enseñan el forro... ¡V a y a un forro suspiraba con ansia infinita; y, de pronto, sonoro y marcial, lanm á s horrible! N o es como el de este gabán que me ha regalado zaba un himno guerrero, que terminaban estridentes gritos de mi amigo F l a v i a n i ¡O h gran Flaviani, m i Providencia! Dame triunfo. l a mano... i Q u é es eso? ¿L a tiendes de mala gana? Parece que l a siento tiesa, f r í a ¿C ó m o se llama éso, Gregorio? -E l canto de U l r i c o U n o de tus abuelos, F l a v i a n i ¡U n- -E s que el día es de prueba- -contestó impaciente Felipe- y, tirano... además, t ú has traído frío de l a calle... -U l r i c o el Rojo... Y a sé. ¡Cómo revela ese canto el despre- -S i vieses- -continuó Yalomitsa, engullendo distraídamente cio de la v i d a! huevos revueltos con trufas- ¡qué gestos, q u é muecas, qué mira- -A h o r a tocaré lo que bailan las aldeanas, y lo que las dicen das! ¡H a y un tío viejo, idéntico al varón Weider, que le tira a sus enamorados, y las coplas del molino... Cristo del brazo para que se lo puedan clavar en l a cruz... ¡Q u é Y como si el violín se bañase en auras de primavera, brotó t í o! D a n ganas de crucificarle a é l ¡M á s antipático! de él una melodía fresca, húmeda de rocío, oliente a flores camComo empezase el bohemio a hablar de. arte, no se le acababa pestres, entrecortada por ingenuas risas y- requiebros candorosos. tan pronto la cuerda. N i sabía lo que tragaba, engolfado en su U ñ a inocencia maliciosa, idílica, tierna, rebosaba de las estrofas entusiasta descripción. T o m ó l a ampolleta, comparando la factura del villancico, y el ritmo del agua al hacer girar la rueda del de V i o d a l y l a de otros pintores impresionistas, luministas, bomolino, acompañaba con originalidad el amoroso diálogo... Felipe rronistas y puntillistas, a los cuales puso como hoja de perejil. escuchaba absorto. Gregorio, fatigado, echando a t r á s los mechoCalificó a Viodal de socialista s a t í r i c o sus cuadros siempre nes que le comían los ojos, pidió tregua. exponían en l a picota a las altas clases, especialmente a la pluto- -L i p e déjame fumar. cracia o burguesía adinerada. -Descansa y fuma, y bebe... aunque eso no lo pides. -A fe que se v a poniendo pesado con ese tema- -observó FeEncendió Ta pipa, se puso coñac, paladeó un sorbo, y se relipe, dejándose en el plato un jugoso rwnpsteack. costó en el diván, sacando una bocanada de humo, que lanzó al teE l bohemio p r o t e s t ó cho, cubierto de telas japonesas, plegadas en figura de gigantes- ¡A l c o n t r a r í o! V i o d a l sube. S u nombre ya era respetado en ca sombrilla. D e pronto volvióse hacia Felipe, como quien reE u r o p a ahora le encargan de los Estados Unidos dos grandes cuerda algo importante. lienzos para el local de la W o r k i n g Association (Unión del tra- -A h o r a que no nos oyen... ¿Q u é te querían esas aves de bajo) rapiña? -Pues yo te aseguro- -afirmó secamente Felipe- -que Viodal- -Ofrecerme el trono de Dacia- -respondió al punto Felipe, cansa; y es que pinta con el cerebro. Vengan los que pintan con cual si esperase la pregunta. 3 a inspiración y con l a maestría adquirida, como Bonnat. ¿Que- -L o sabía- -gruñó Yalomitsa, ahumando a m á s y mejor- tiene ideas? ¡Sabe Dios si son suyas! E l cuadro del Salón sé dónde lo pescó V i o d a l Cerca de Madrid, en E l Escorial, hay un L a s cosas andan revueltas por alia. Aurelio Leonato es impopular, porque ha vendido el alma a los rusos; y el intrigante de Bosco muy raro, Cristo cargado con l a cruz; Cristo es el, mismo Stereadi aprovecha esa corriente para poner un Rey de su mano. pintor, y los sayones que le van empujando, sus acreedores, sus Neeesita un maniquí para reinar en su nombre, y ha olido que usureros, sus judíos, sus ingleses. ¡M e lo ha dicho Rosario! CuanAurelio, cuando suba al trono, es muy capaz de cortarle l a cado V i o d a l y ella estuvieron en España, el pintor se pasó dos hobeza. ¿T e asombras de que sepa tanto Gregorio? Pues es que a ras en éxtasis ante el Bosco, y hasta se trajo una fotografía... Gregorio, aquí donde le ves, le han querido chapuzar en el estiérVosotros, los que tenéis el prurito de asombraros y de descubrir col, en la política... Stereadi me ofrece el oro y el moro si te un genio cada mañana, poseéis también unas tragaderas envidecido a hacer porquerías... ¡O r o a m í! S i al- menos me hudiables... biesen ofrecido una barrica de esta gloria celestial... Esta discusión terminó al vaciarse las tazas del t é ruso. ¿E s de veras, Gregorio? Pasaren los dos amigos al fumadero, no sin que Yalomitsa, a- -Como lo oyes... ¡P e r o les canté las verdades! ¡E l chalán espaldas de Felipe, hiciese una seña a Adolfo, que la entendió y- -uno de los buitres, ese escribidor que se llama Miraya- -se larsiguió, al bohemio, llevando una bandejita con la botella y las cogó con las orejas m á s gachas! L e solté lo que verás. E n t é r a t e pas del coñac. Sobre ochavado velador morisco esperaban los pabelitre, de que si tengo hambre, no me falta un faisán en las pelitas españoles de Felipe y la pipa de madera de Gregorio, atesmesas de los amigos... E n t é r a t e de que el frío me lo paso junto tada de rubio tabaco. M a s antes de q u é el bohemio la acercase a las chimeneas ajenas... E n t é r a t e de que visto como un prínal mechero encendido, Felipe, ya recostado en el diván, tendió cipe, y voy m á s decente que t ú con las sobras del gomoso Flal a mano imperiosamente. v i a n i E n t é r a t e de que este gabán de pieles me. lo ha dado él. -Gregorio, ¡u n popo de m ú s i c a! Tocando no disparatas como Y a ves; yo tengo gabán de pieles y él puede regalarlos; no nos hablando... L a s canciones... de tu p a í s! ¡L o s aires dacios! sobornas... E n t é r a t e además, de que si me. das dinero hoy, de S i n objeción, el bohemio obedeció a aquel capricho, que parenoche, no tengo una mota m a ñ a n a por l a m a ñ a n a Paradlo qu cía mandato regio. Sobre el diván yacía el violín; apoderóse de me había de durar, vaya enhoramala el- dinero... E l incorruptiblí él con una especie de transporte, empuñando el arco y estrechando has hallado; soy Catón. Llevaré una carta amorosa, pero no m (contra el pecho el instrumento, sobre cuyo árbol recostó amorosahagas tercero de reinos. M e rogó que guardase reserva... Bienj mente l a mejilla, sacudiendo hacia a t r á s la melena serpentina, que soy m a g n á n i m o lo prometí. Bastante tiene con la retahila qus radió y formó aureola. A l primer roce del arco sobre las cuerle soplé... y con las calabazas que t ú le regalaste. as, cv. ya afinación no se tomó el trabajo de probar, el violín (Se continuará. exhaló un quejido breve, intenso, espasmódico. L o s dedos. de Y a-
 // Cambio Nodo4-Sevilla