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El problema de los riegos en las huertas de Murcia y Alicante. Prohibida por el gobernador de Murcia la manifestación de huertanos que se iba a celebrar en aquella capital, de protesta por las obras ejecutadas en la acequia La Puxmarina, un numeroso grupo congregado frente al Ayuntamiento abucheó al alcalde cuando éste aconsejó a todos que se disolvieran, y después apedreó el edificio. La Guardia civil evita el paso de los manifestantes a. la Casa Municipal. (Foto Vidal. sar de su talento y buena fe, llegan un poce retrasados. Olvidan, sin duda, que hoy nos hallamos en plena República de trabajadores, y que si hemos hecho aquí l a revolución renovadora cuya ideología asombra É n estos días alentadores en que parece al mundo no está bien el procurar averdespertar el patriotismo ante el proyecto gonzarnos con l a inoportuna resurrección redentor del Estatuto catalán- -ese preludio de un pasado bochornoso. Porque nada pueal quebrantamiento de la unidad de Espade ser m á s molesto a quienes trajeron el ña- -leía yo un libro recientemente publicado en Inglaterra. Dicho libro, que ha a l- nuevo régimen de libertad y tolerancia como el glorificar las supuestas grandezas de la canzado en aquella atrasada Monarquía anantigua España cavernícola. Y o no conciglosajona un éxito rotundo de crítica y de bo cómo escritores europeos, que se dicen público, es Isabclla of Spaiu, por W Walsh. amigos nuestros, pueden elogiar l a obra de L a voluminosa e interesantísima obra es, la ex Reina católica en el preciso momenno sólo una evocación histórica favorable to histórico en que España oficialmente rea España, sino casi una apología de Isabel nuncia a serlo, abandonándose gozosa a las la Católica, llamada también la Grande, aunque su personalidad aparezca hoy muy corrientes regeneradoras del laicismo masónico, del socialismo, del judaismo y del disminuida cuando se, piensa que nació entre marxismo. Y a es hora de enterrar las trala época de Recaredo y la del S r Azaña. diciones históricas qüc perpetúan el espíS i n embargo, M r Walsh, quizá inconscienritu obscurantista de la reacción y el perte de esta desfavorable comparación, intennicioso patriotismo ibérico de una ficticia ta destruir el cerco de l a leyenda nec ra y unidad nacional. E l fósil erudito que se glorificar l a obra política de aquella Reina extasía ante las leyes de Indias haría mecavernícola, en cuya figura ve el compendio jor en extasiarse ante nuestra actual Consde nuestras grandezas pasadas. E s decir, titución y el impulso renovador que signique el historiador inglés, tentado por el desfican el Estatuto de Cataluña y el proyecto lumbrante ejemplo de otros ilustres histode ley agraria. Acaso aproveche al turismo riadores modernos como el mejicano Carlos nacional el que los extranjeros vengan a Pereyra, como mi amigo Roberto Levillier contemplar nuestros viejos monumentos; (cuyas recientes conferencias en la Sorbonpasemos por esta vergüenza en provecho del ne, de P a r í s ha sido una soberbia refutaE r a r i o público. Pero nadie me negará que ción a las falsas interpretaciones que han adulterado la América latina y -e n fin, la utilidad de sostener catedrales y mezquitas es completamente nula si se compara Marius A n d r é y Louis Bertrañd, entre a l a labor discreta y eficaz que las logias otros, se ha propuesto rehabilitarnos, a pevienen desarrollando. Parece mentira que sar nuestro, a los ojos del mundo. todavía ños emocionemos al leer ciertas des; Inútil empeño! Estos extranjeros adulacripciones del descubrimiento y de la condores y estos hispanoamericanos que no se quista de América, de batallas terrestres y a v e r g ü e n z a n ele su sangre española, a pe- LA UNIDAD ANA DE E navales o de épocas artísticas y literarias, en que la ilusa E s p a ñ a cavernícola creía entonces asombrar al mundo. E l ingenuo ciudadano que se entusiasma al leer las hazañas belicosas de Cortés, de P i z a r i o del Gran Capitán o de D Juan de Austria debiera reflexionar que es a ú n m á s digna de elogio una República que ha declarado la paz al Universo y que, por consecuencia, sólo necesita de los uniformes y de las armas para los brillantes desfiles militares. Es, pues, ya preciso acabar de una vez con L i bochornosa glorificación de la E s p a ñ a cavernícola encarnada en los llamados Reyes Católicos Porque no se olvide que de esa época nefasta data, no sólo l a ficticia unidad nacional, sino el intolerable centralismo del Estado, y la odiosa hegemonía del idioma castellano. Acaso entre los muchos errorres cometidos por aquella supuesta gran Reina ninguno tan magno como el absurdo monopolio de l a lengua castellana en A m é rica, que privó a los pobres indios de ha blar también el catalán y el vascuence. A s i sucede hoy día que nuestros descendientes americanos se avergüenzan con razón de esa pobreza idiomática, que logra unir y entenderse entre sí a los hombres desde M é jico hasta la Patagonia. Comprenden su humillación ante la- espléndida variedad que en breve ofrecerá nuestra República con sus Estatutos regionales, libres de esa monotonía verbal a ú n existente entre Montevideo, L i m a o Bogotá. P o r fortuna, dentro de muy poco el turista extranjero que llegue a nuestras fronteras ya no oirá esa palabra lacónica de E s p a ñ a Se le advertirá con orgullo: Señor, aquí empiezan los Pueblos Ibéricos. S i va usted a M a d r i d todavía puede servirle de algo esa anticua-
 // Cambio Nodo4-Sevilla