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A BC. ¡VIERNES 27 DE M A Y O DE 1932. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. P A G 33. INFORMACIONES Y NOTICIAS U n a novillada a b u- TAURINAS E n Sevilla: L a faena de C h i c u e l o E n M a d r i d rrida, pero b eve. T o r o s en T o l e d o E n otras plazas. N o v i l l a d a s EN SEVILLA ñera por esos lidiadores casuales que se esfuman cuando el toro no les ayuda; pero Chicuelo conoce del oficio lo bastante para no ser un tributario del toro a pedir de boca. E n su labor de ayer hubo tres instantes felices: dos magníficos quites en los dos p r i meros bichos- -uno de rodillas y otro por chicuelinas- -saturados de sal, de primor y de coraje, y los cinco muletazos por alto con que comenzó la faena de su segundo. E n ellos, esa graciosa inmovilidad- -incopiable por los imitadores- -que Chicuelo imprime en sus destellos geniales, y el sereno aplomo con que atrajo a l a res a los vacíos de la tela para hacerla pasar entera muy cerca de sí, alzaron en la grada el frenesí de las grandes solemnidades, diluido en el resto del trabajo, porque Manolo no puso empeño en suplir a fuerza de arrojo las dificultades que el tardo animal oponía a una labor de lucimiejrito, sos que fueron su premio. A l estoquear se metió siempre con rectitud, completando así, en la suerte decisiva, el estimable éxito a l- canzado. L a faena de C h i c u e l o E l público sevillano no quiso hacer un desaire a Chicuelo, y como un. solo hombre encaminóse ayer a la plaza del A r e n a l para optar al regalo de las tres mil pesetillas ofrecidas por el famoso artista como cesión de l a utilidad neta de sus honorarios. Y a son conocidos los antecedentes- -de precedentes 110 tenemos noticia- -del insólito rasgo, provocado por el juicio temerario de unos señores que acusaron a Manuel de una absoluta y preconcebida dejadez artística- -atento sólo a cobrar su espléndido estipendio de torero grande- -en sus actuaciones en Sevilla? Como si él- -sevillano por la cuna y por el arte- -menospreciase a su patria chica y redujese sus afanes, a apoyar el Estatuto complaciendo tan sólo a los castizos aficionados de Barcelona... N a d a de eso: Chicuelo se viste en su tierra animado por el sentimiento que impulsa siempre a todo corazón de artista. Que el toro le acompaña en el sentimiento, pues el artista se remonta a las más altas cumbres; que no... entonces el artista se queda en el llano, en espera de la ascensión futura. E l dinero- -ya se vio ayer- -es lo de menos: cuando llega la hora de engarzar estrechamente los pases naturales, y se siente el orgullo del dominio sobre el bruto, y en los oídos resuena como un himno triunfal el homenaje del tendido, ¿qué torero que l o sea de verdad es capaz de ir contando, con cada muletazo, los billetes que aquello va a valerle? Y a vendrán luego los billetes, y si tardan en venir, se recurrirá al Juzgado, y se embargará, y se pedirá para el cobro incluso el apoyo de la fuerza pública. Pero todo eso, después, de la corrida, y esn frío. Durante ella, y metido en la hoguera de la propia inspiración, no hay más que l a embriaguez del arte y los clamores. A menos que, en vez de corazón, se tenga. en el pecho una máquina. Pero n i aun así, porque la máquina sólo podría emplearse en un 20 por 100... Aquella embriaguez no llegó a Chicuelo en la corrida del Corpus, cuando no había de cobrar, como no había llegado en abril, en que cobró hasta el último céntimo. E l l o prueba l a imparcialidad del diestro y, en cierto grado, la certeza de su aserto de que para el torero todo depende de l a suerte. E n cierto grado nada más, porque todos sabemos que un maestro de torería puede forzar la suerte, cuando es mala, teniendo coraje para desarrollar todos los recursos del arte. L a suerte puede ser invocada de aquella ma: Chiquito de l a Audiencia Eí Chiquito de la Audiencia no supo reverdecer los laureles de su magnífica despedida de novillero. F u e r o n los suyos dos b i chos de feo estilo, muy descompuestos al final, y él no tuvo arrestos para dominarlos como el arte manda. Dos faenas, deslucidas y desconfiadas, mal rematadas con el acero, y se acabó lo que se daba. Su haber sa redujo a dos o tres quites de excelente marca- -sobre todo uno en el segundo toro- -que arrancaron otras tantas ovaciones. L o s toros del marqués de Villamarta, i n tachables por la lámina; muy tachables por todo lo demás. Picaron bien Faíco y Barrera, y Rubichi, E l Boni, Escudero, Posadero, Guerrillero y Rerre trabajaron con actividad y tino. E l sorteo de los premios, muy emocionante. Todos los números agraciados, exhibidos al público por dependientes de l a Empresa, dieron la vuelta al ruedo. Bien lo merecían. Ellos eran la gran faena de C h i c u e l o -Juan M. Vázquez, EN MADRID Una Estudiante Tampoco en su primer- adversario, que. se ceñía por el lado izquierdo, se había esforzado mucho el protagonista de la fiesta en hacer l a faena de eficacia y dominio que las c i r cunstancias requerían. Y como n i en uno ni en otro mató bien, su tarde no fué para señalada con piedra blanca por la afición. Hubo, no obstante, un momento en que Chicuelo daría por bien pasadas aquellas contrariedades: ello fué al recibir, el fervoroso abrazo do aquel viejecito de Brenes que, mojando sus m i l chicuelinas- -imprevisto alivio de su pobreza- -con lágrimas de emoción y de alegría- -ofrecióle, como a providente autor de su ventura, un homenaje de gratitud que bien valió por las ovaciones apetecidas. E l Estudiante debe haber asistido a las aulas, de septiembre acá, con gran asiduidad y aplicación, pues sus progresos han sido notables. -Toreó de capa superiormente, aguantando serenamente el nervio con que se le revolvía el segundo de la tarde y llevándole bien embebido en el percal; alternó en los quites con valerosa actividad, prodigando, con el capote a la espalda, adornos y juguetes de mucho sabor torero, y con la muleta pisó el terreno de los toreros de corazón, sin perder nunca n i la cara del enemigo ni la propia admirable tranquilidad. T o cáronle dos toros aplomados y cobardes, y a los dos los desafió bravamente, invadiéndoles l a jurisdicción y cogiéndoles de los pitones para más obligarles a tomar el trapo que tan poco les atraía. E l quinto ie alcanzó en el pecho con un derrote seco, que no hizo disminuir el arrojo del muchacho, el cual muleteó de pie y de rodillas con gallardía y buena voluntad dignas de los ruidosos aplau- novillada aburrida, p e r o breve Chieuelo Preciosa, fácil y suave, exceptuando el b i cho corrido en último lugar, -con mucho nervio; y difícil, resultó la novillada de D A n tonio Pérez, de San Fernando, jugada en l a fiesta de ayer tarde. Terciados todos los novillos, algunos fueron muy bravos, aplaudiéndose en el arrastre el primero, el segundo, el cuarto y el quinto. Y a se ha dicho que el que cerró plaza tenía mucho nervio y se ha de añadir que tiraba cornadas a diestro y siniestro, con velocidad vertiginosa. Bien. Pues con esta magnífica novillada, casi nada, o nada, hicieron los diestros encargados de lidiarla, que eran José Baquet, Fél i x Rodríguez I I y Antonio González (Pilín) Uñase a 1 Q consignado que la tarde era desapacible y la entrada muy floja y se comprenderá lo aburrido, de l a fiesta, aunque gracias a Dios su duración no excedió de hora y media. José Baquet toreó embarulladamente sus dos toros, lo mismo dé capa que de muleta, deshaciéndose de su primero de una estocada caída y pasaportando el cuarto de la tarde de un sablazo tendido. y un pinchazo. E l muchacho oyó muestras de impaciencia en el bicho que abrió plaza y francas protestas en su segundo enemigo. Félix Rodríguez manejó la capa con su soltura característica, realizando en su p r i mer toro una faena de muleta vistosa, prólogo de dos pinchazos y media estocada alta, escuchando el espada muchas palmas. E n el quinto de la corrida tomó Félix los rehile tes para dejar de frente un solo palo, repitiendo con otro par en la misma forma, cayéndose ambas banderillas, porque el toro desparramaba un horror, impidiendo clavar los arponcillos. Con la muleta realizó Félix una faena voluntariosa, a la que puso fin de un pinchazoq sin soltar y media estocad 1
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