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DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O VI G E SIMO CT A V O JO CTS. N U M E R Ó FUNDADO E L i D E- J U N I O D E 1905 P O R D T O R G U A T O DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O VI G E SI M O C T A V O 10 CTS. N U M E R O LUCA D E TENA NO L O C O M P R E N D O El pianista español José Iturbe se ha naturalizado americano. Comedia del 23 del actual. N U E V O AXIOMA El exceso de una cosa no puede cambiarse por el exceso de otra. (De la Faillite du capitaUsme de Fierre Lucius. COSAS D É A L C A L D E S E l alcalde de Getafe ha sido (multado por haben asistido oficialmente a un acto religioso. Fuera de aquella minoría que considera el patriotismo como un prejuicio, todos ios españoles se enteraron con sorpresa y disgusto de ese acto del ilustre artista valenciano. ¿Q u é resentimiento puede tener el gran pianista con su tierra? ¿E s que se le ha perseguido o menospreciado? A u n así, su determinación no sería defendible. Siempre hemos creído que el hombre carece de libertad para renegar de su país. Eso de las naturalizaciones está bien como medida de repoblación cuando se quiere suplir el déficit demográfico, que es una amenaza para el orden económico. E l que una nación enviciada ciegue o disminuya sus fuentes de natalida d por temor a las consecuencias materiales del exceso prolífico, puede dar lugar a que, en circunstancias especiales, tenga que compensar aquel error facilitando la naturalización de elementos extraños. Todos conocemos el país en que ocurre eso, y si yo no lo designo ahora concretamente es porque no parezca que lo aborrezco. Intelligenti pauca... Pero España no se. encuentra en ése caso. Aquí la familia se funda generalmente sobre bases de amor, sin limitar, a la naturaleza su poder de reproducción. E l cálculo no rige en esa materia. Y o quisiera creer que Comedia se ha equivocado afirmando que José Iturbi ha perdido voluntariamente la nacionalidad española. A nadie, y menos a un hombre ilustre, se le puede perdonar el que rompa, sin motivos poderosos e indeclinables, los vínculos que le atan con la tierra que le vio nacer. A ninguno de nuestros artistas m á s prestigiosos se le habría ocurrido dar ese paso. Halagado por todos los p ú b l i c o s d e i mundo, Pablo- Sarasate, no sólo conservó su nacionalidad, sino que no dejaba transcur r i r el a ñ o sin venir a su rincón natal, donde le adoraban. Vicente Blasco Ibáñcz, expatriado por causas políticas y sensible, como pocos, a los encantos de otros países, se mantuvo español, y lo pregonaba con orgullo. N o ha hecho la República norteamericana m á s por Iturbi que hizo por Joaquín Sorolla, y, sin embargo, el gran, pintor, valenciano se ufanaba de su españolismo. ¿A qué citar otros ejemplos? A l volver a su país Eusebio Blasco, después de muchos años de alejamiento, me decía: A q u í me siento m á s joven. Todo me parece lo mejor de lo mejor... P a r a comprender el sentido de aquellas palabras del inolvidable maestro me ha hecho faita a mí pisar el umbral de l a vejez. Y o ¿mpiezo a sentir por España un amor casi físico. L a amo con todos sus defectos, como se ama a una mujer que nos hace sufrir y gozar alternativamente, según los vaivenes de su humor. Y o sé tan bien como cualquiera cómo son mis connacionales de irracionales y de apasionados, y lo poco que puede esperar de su justicia el solitario que no adula a nadie, ni a los altos ni a los bajos. ¿P e r o q u é importa? E s p a ñ a es España, y y a considero un honor, que me dispensó Dios, el haber nacido bajo este ciclo azul, jpoleádo y terrible, que imprime a nuestras costumbres su dramática incoherencia. Y o no me siento orgulloso por nada, pero estoy contento de pertenecer a un país que hizo grandes cosas, y al que todavía se nombra con respeto en ío- as partes... H e ahí un axioma que la Humanidad no habia vislumbrado hasta hace pocos días. E n un artículo que para el Anuario estadístico r e d á c t e l a mediados del mes pasado, va su sentido, pero no su expresión. Digo en él que hay un momento en el proceso productivo- -el. q u e i n i c i a l a superproducción- a partir del cual l a mercancía, no sólo no es ya riqueza, sino que, en su depreciación, arrastra a l a que lo es. Pero la forma axiomática de esa verdad no la hemos poseído hasta comparar el exceso de un producto, no con el producto mismo, sino con el exceso de otro. U n a mercancía se cambia contra cualquiera otra mercancía. Esto lo vieron lo mismo Rica. rdp que M a r x L o que ni uno ni otro percibieron es que el exceso de una mercancía no se cambia por el exceso de. otra. Y es claro que, si un exceso no se cam- bia por otro exceso y lo que. se cambia es forma de riqueza, los excesos, carecen de valor. Luego no es su substancia el trabajó, que es igualmente factor del exceso que no lo tiene, como de la mercancía que lo tiene. Y como para fines diferentes, socialismo y capitalismo, han asentado sus doctrinas- -de que nos estamos muriendo- -en u n cori- cepto del valor, esencialmente ligado al trabajo, resulta. en definitiva que el dolor mundial se origina en la repudiación en el orden espceulatiyo primeramente, y después en el práctico, dé una obvia consecuencia del m á s elemental axioma de E c o nomía. E l exceso de un producto no tiene valor. P i e- a q u í la gran conclusión económica del siglo x x y del siglo x m Porque doctrina, del siglo x m es esta última novedad del siglo x x Y carece de valor, aunque sea, trabajo, porque el valor nace de l a relación de las cosas con el hombre, no con su actividad tan sólo. V a l o r es l a adecuación de una mercancía, producto del trabajo, al hombre; es decir, su utilidad. E l trabajo hace la mercancía, la utilidad, hace- el valor. S i hubiésemos escuchado siempre éstas verdades del siglo x m no estaríamos tan retrasados en el x x Quien se haya imaginado que el progreso se acrece al compás de la caída de las hojas del calendario tiene de él una concepción pueril, aunque se crea su verbo. Por eso es aleccionador el espectáculo desconcertante que ofrece el comunismo. E n él, había una i doctrina que le llevó al fracaso; y para salvarse se: agarra desesperadamente a la contraria, que es ese monstruoso capitalismo del plan quinquenal. E l sarampión de petulancia que hoy provoca en quienes pueden permitirse lujos tan caros, una vez que desaparezca, dejará al descubierto su doble inanidad doctrinal en las dos formas adoptadas. Y constituido de nuevo el hombre en centro de la economía, nos iluminará la verdad que Pierre Lucius ha formulado en estos térnrinos- r E l exceso de- una cosa na puede- cambiarse por el- exceso de otra Porque es de esperar que, por su sencillez, penetre lo mismo en el cerebro del capitalista que del socialista, que habían coincidido. en él más lamentable olvido- de la misma. Nunca me pareció fácil l a misión de alcalde, y siempre disculpé yerros y hallé justificadas las torpezas. S i regir una casa tiene sus complicaciones sociales y de economía, regir esa agrupación de casas- -de intereses dispares, de codicias, de egoísmos- -que se llama pueblo, siempre lo tuve por función- que no está en los límites de las. posibilidades del hombre. P o r esto nunca me e x t r a ñ ó que los alcaldes cayeran en desgracia. Pero hoy se ha simplificado tanto la autoridad, y hay unas normas tan. definidas, concretas y claras, que es absurdo que los alcaldes caigan en el error, como este de Getafe. Este alcalde, dejándose llevar de lo que a t r a v é s de toda su vida creó un estado de conciencia y una naturaleza, asistió oficialmente ál Cerro de los Angeles. N o supo dividirse, separar el hombre anterior de este otro hombre que externamente tiene que ser laico. L o subconsciente le ha dominado, y le ha hecho caer en el error, en el desagrado y en la multa. E n la misma Prensa leemos otra actitud; bien distinta, de l a autoridad local de Museros. Dice Diario de Valencia que un grupo de republicanos anticlericales, que había anunciado sacar violentamente de su casa a l cura de Museros, para arrastrarle, se presentó el domingo, a las. nueve de l a noche, a realizar tal proyecto; acudieron socios del Sindicato Agrícola y l a m a y o r í a de las mujeres de l a localidad, y l o impidieron. Completa l a noticia diciendo: l o s á n i m o s contin ú a n excitadísimos, sin que lá autoridad lo cal ni provincial hayan intervenido N o i n terviniendo, dejando hacer, convirtiéndose en el primer espectador del pueblo, cualquiera puede ser hoy alcalde. H a y otra manera de actuar. E l juez de Torrijos- -también es noticia del día- -instruye diligencias por las coacciones de grupos de obreros de Mesegar y Cebolla, para impedir que trabajaran los de Malpica, conformes con las bases acordadas. U n o de ellos es el juez municipal de Mesegar, que dirigió el grupo de este pueblo, excitándole a que se proveyeran de armas y asaltase las casas de los ricos de Malpica. Este alcalde de Getafe, que ha concurrido al. -Cerro de los Angeles, no es solamente una autoridad imprudente, sino poco observadora. U n alcalde cumple su misión, sin complicaciones, r abrir, al pueblo los jardines y dejar que el pueblo, con ese concepto tan simplista que tiene el que nunca poseyó, arranque las flores, y con las flores algunas ramas, porque son suyas, y antes de que las arranque el vecino. O t a m b i é n como el de Museros. Unos ecinps quieren arrastrar, al cura. Otros sp oponen a que, el cura sea- arrastrado. Y el alcalde lo i presencia sin intérve. nir, c no podría presenciar una capea. Per no c tar m á s ejemplos. IVEANUEL B U E N O YICTOE PRADERA G. C O R R O C H A N O
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