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drogas y cercarlo al fatalismo 3 e IóS oriess- T tales. E n estos días discuten los técnicos quién es el culpabte o el más culpable, si el automovilista o el peatón; y lo único que sais a relucir de l a controversia es que hay un. porcentaje peligroso de conductores que guían como si estuviesen locos, o como si fuesen dueños únicos de las carreteras, y que también hay un número vastísimo de peatones irreflexivos, ensimismados o temerarios. A estas dos categorías de causantes de tragedias es preciso añadir una tercera, constituida por los automóviles defectuosos, con frenos desgastados, volantes sueltos y. ballestas rotas, que disminuyen en número gracias a la severa inspección de las autoridades. Pero el factor humano, vaya a pie o en automóvil, es el principal responsable de las tremendas desgracias que ocurren, pese al argumento de un eminente hombre de ciencia, lord Dawson of Penn, que en el Times ha escrito recientemente que más que las personas, las circunstan cias tienen la culpa y que en lo relativo a los transportes por carretera, la demanda de medios de viaje ha dejado atrás a los medios existentes De ser exacto este argumento, en L o n dres, donde el tráfico rebosa y a la capacidad de las calles para contenerlo, los accidentes no tendrían fin ni principio. H a r t o frecuentes son, por desgracia; pero si se tiene en cuenta que en Londres hay ocho millones de habitantes en continuo i r y venir, que por ciertos puntos céntricos pasan en doce o catorce horas medio millón de personas, y a veces más, y que el tráfico es de tal intensidad, que una conocida tienda acaba de comunicar a su clientela que por sus puertas circulan diariamente doce mil autobuses del servicio público, si se tiene en cuenta todo esto, se verá que L o n dres es, en realidad, una. ciudad ejemplar en lo tocante a la circulación. Quienes la visitan, de igual modo que los que en ella residen, admiran en justicia la pericia de los que guían automóviles por sus vías abarrotadas de vehículos, y la presencia de ánimo de los peatones, tan despiertos por regla general, que el uso de la bocina y el klaxon, ha llegado a suprimirse casi por completo, en contraste con lo que sucede en otras ciudades, donde la densidad, de la 1 P ó r f i d o -d e f ú t b o l amistoso. Un equipo del Madrid contendió ayer tarde, amistosamente, con el primer once del Castilla, El encuentro tuvo efecto en el campo de Diego de León. (Foto Diae Casariego. circulación está en proporción inversa al número de bocinazos y toques de klaxon necesarios para abrirse paso entre habitantes absortos en sus contemplaciones o sumidos en discusiones que suelen desarrollarse en el espacio reservado a los coches. L o s hombres que conducen en Londres esos inmensos autobuses rojos de seis ruedas, con sesenta pasajeros a bordo, y que invariablemente guían con la mayor cortesía y con una seguridad admirable, constituyen la prueba, más convincente de que el factor humano está obligado a ajustarse al medio, y es, además, perfectamente capaz de ajustarse a él. Decir lo contrario equivale a formular esta extraña teoría: Todo el que tiene prisa y sea dueño de un automóvil, cuya rapidez desea l u c i r- -p a r a algo lo ha comprado- puede atrepellar a cuantas personas se le pongan por delante; el que no se contente con esto, qué construya por su cuenta carreteras adecuadas o que renuncié a salir de su casa lo que sería tan absurdo como querer suprimir los automóviles para entregar las calles a los que no saben circular a pie. Luis ANTONIO BOLÍN I Londres, mayo, 1932. Lo c o r r i d o de ayer en ia plaza toledana Con la misma animación de otros años se celebró ayer en Toledo la tradicional corrida del día del Corpus. Marcial Latanda, Barrera y Ortega lidiaran reses de D. Argimiro Peres Tabernero. Vicente Barrera, en su primer toro, del cual obtuvo tas dos orejas y el rabo. A la derecha, Domingo Ortega en un pas e por bajo. (Fotos Rodero.