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ííolcs: Picasso, Utrillo, Solana, el infortunado Barradas. A P a rís hay que ir y marcharse. ¡N o quedarse allí! Play aquí en E s paña un materia! maravilloso. Así lo han comprendido artistas de la talla de un Alberto y un B e n j a m í n Palencia, verdaderos paladines del renacimiento artístico actual de E s p a ñ a creadores de un gran arte nuestro, castellano sobre todo. N o es un patetismo enfermizo el de Souto; es un patetismo varonil, a pesar de todo. E s t a frase conviene ampliarla. L a generación de los treinta años está empapada de sentimiento rebelde. Eso es magnífico. No lo es que el sentimiento rebelde sea triste. Los escritores rusos no son buena orientación como fin; no armonizan con nuestro temperamento, no convienen a nuestro destino. U n ruso tiene de la vida un sentido de légamo, que le mancha indeleblemente, que no le puede eliminar. Además, el ruso es un empedernido del dolor, le gusta a r a ñ a r sus úlceras para producirse m á s sufri Titiriteros mientos. Añádase una psicología que no es cifrable para un sureuropeo, porque todas sus claves son secretas- -anormales- -para nosotros... y para ellos. Se abusa demasiado de la gran antología de novelistas rusos y se ha creado un misticismo de esa tendencia. Y a padecimos a Zola y el naturalismo medio siglo. ¿V a m o s a sucumbir otro medio siglo a la anormalidad, -lo enfermizo y la epilepsia? Se les olvida una cosa a los artistas j ó v e n e s que en nuestro interior está la senda. Ante la catástrofe moral la actitud española está d i rigida por las humanidades. U n pueblo nutrido de Grecia y Roma, como nosotros, no tiene nada que ver con la tortura físicomoral que se inflige a sí misma la conciencia rusa. Nosotros hemos rebasado éso, qué c o r r e s p o n d e al s i glo XIII de nuestro meridiano histórico. Nosotros hemos creado dos válvulas para liberar al espíritu de la carga del dolor de v i v i r una válvula para el alma. la fe; otra válvula para el cuerpo, la risa. ¿P o r qué no se enteran los rusófilos de la existencia de Cervantes, de Quevedo. y los novelistas picarescos? Cuando Velázquez se encuentra una humanidad decadente, un país sombrío y hacia el abismo, un tono bajo y lúgubre, pinta todo eso, pero sus cuadros no son encarnizados ni el bobo de Coria es el inocente gorkiano; ni Menipo es Raspuíin ni las enanas son tumores. D o n Quijote no es tampoco un paralítico progresivo; el hambre del Buscón es resorte de burlas, como la del Lazarillo. Hay- placer triste, desesperanza, aire ácido en las cosas, encono, odio diluido en l a v i d a nuestros días son de pesadumbre. Sí. i Debe reaccionar el arte español en sentido elegiaco, cantar lo irreparable, meterse en el subterráneo de la tiniebla, de la penitencia, del remordimiento continuo, de la demencia santificada, Caer en el fuego lento Máscara de la desesperación? H e dicho que Souto- -modelo de toda una j u ventud artística- -tiene un patetismo v i r i l E s lo instintivo nuestro, que rechaza, que repele la estética semiasiática de lo turbio. Souto también afirma que en E s p a ñ a hay un material maravilloso Que la nueva plástica, como se quiera en la forma, no se sienta con un fondo ruso o sollozante. Que se vuelva a nuestra claridad y r iestro peculiar concepto. Eso quiero clamar en un comentario a eate pintor de rango, de substancia tan propia, de maestría en el dibujo, todo él piedad, sobriedad, infantilismo gracioso, amor a i a s cosas humildes y desgraciadas, gritador de protestas, limpio de intención, buceador de jardines sumergidos, místico a veces, que eleva y vivifica las cosas elementales y pinta franciscanamente Sueños, ángeles caldos X el gran baratillo del mundo. Paisaje suburbano TOMAS B O R R A S