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A B C DOMINGO n D E M A Y O D E 1932. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 15 Pues esa voluntad al surgir los nacionasu trayectoria alempezar la Edad Moderna lismos ha sido débilísima. Sólo muchas ve- -palabras del jefe del Gobierno- s i su ces el valor simbólico y emocional, de las obra desde los Reyes Católicos era de opresión de pueblos, si el propósito de uniíicamás altas instituciones políticas servía la ción nos hizo perder nuestras posibilidades misión histórica. E l resto funcionaba mal. Y tal era el pro- de cultura y éxito, el nacionalismo particularista podía reclamar su puesto oficial y blema que no hubieran bastado n i siquiera director en la reedificación ibérica. E l pacto los órganos oficiales del Estado procediende San Sebastián no era solamente instrudo erí forma ordinaria. Hacía falta un ánimento táctico, sino una condensación de docmo público, un espíritu nacional operante trina. decidido y hasta agresivo, una técnica umversalmente empleada, para servir, sobre la Por encima de los Reyes Católicos y de base enorme. de las realidades unitarias seculos Austrias, y de los Borbones, y del siglo lares, la oausa de España, fórmula de paconstitucional, borrando efe pasado contratriotismo, de unidad nacional y de cultura. rio a la espontaneidad ibérica, nuestra tieCasi siempre, las actividades separadoras s rra se disponía a buscar su trayectoria en sólo encontraban enfrente frivolidad, abolos días de Enrique I V el Impotente, de gacía deseos, de comodidad transaccional. Castilla, y Juan I I de Aragón. L o s cuatro Nunca la tensión precisa. N o se quería m i estériles y lamentables siglos de Cataluña rar a la cara la tremenda realidad sentimen (el x v r el x v i i el x v m y el x i x) según l a tal y práctica de los separatismos españofórmula de mi ilustre amigo Estelrich, eran les. Se cubileteaba con términos distantes, también estériles y lamentables para toda autonomías, federalismos, descentralizaciola antigua España. A h o r a sí se podía, se nes. Método Ollendorf puro. puede, se debe desde el punto de vista de la revolución, resolver el problema. E r a la E n lo que. va de siglo el pensamiento poMonarquía, conviene decirlo claro, la que lítico español atraviesa una crisis de aisno podía resolverlo dando a l término su lamiento a la vez pretencioso y provinciadesgarrador alcance. E l Estado caído cumno. E l pensamiento político, a cargo sobre plía flacamente la misión espiritual de unitodo de escuelas libres con frecuencia de dad española. Pero pedírsela al nuevo es alta calidad literaria, alejadas de la oficialidad política, pero eficaces y hasta decisiel supremo absurdo. Representa sencillavas. Son todavía los partidos los que se muemente todo lo contrario. E l Estatuto, con ven poco más o menos como los del resto un molde cuidadosamente preparado en l a del mundo habitable, pese a una crítica desConstitución, por encima de minucias- -enorcomedida, y en ellos hay que encontrar i n mes minucias- define el espíritu d e r e cluso los últimos atisbos de enjuiciamiento vancha contra los cuatro siglos mal llama- normal de los problemas, ert el nacionalista dos tales y es doctrina oficial. Cánovas, armado del pensamiento de Mané Nadie lo v i o mejor que Giménez Caballey Flaquer, alimentando el provincialismo ro en su memorable folletón de septiembre interior catalán, según refiere el marqués último en El Sol, luego Robinson Literade Lema. L a crítica libre perturba nuestra rio, de octubre, lleno, y eso da más valor a política, privada de la aclaración y la transus palabras, de expectaciones optimistas, quilización de las comparaciones, haciéndodedicado a la República española como asunla peculiaridad local al inventar e l probleto catalán. L o único- -escribe Giménez C a ma de España y lanzarse a buscar en la ballero- -que me impresionó hasta el parohistoria de siglos y en sus sutilizaciones xismo entre los hechos que precedieron a l sociológicas males de tal volumen que sin advenimiento de la República española, fueotra sucesión de tiempo parecido y aún varon los vivas a Maciá dados en Madrid en rios milagros oportunos no podrían jamás el mitin aquel de la plaza de toros, donde remediarse. L a política, arte cercano de resocialistas y radicales vitorearon al destemedios inmediatos, se pierde en esa neburrado catalán, como adivinando, intuitiva y losa mitología. U n a gran creación de ancerteramente, la clave exacta de la Repúsiedad imposible de calmar es la resultante blica por venir. de tal embrollo trascendental y el verdadero problema de la España presente. Nada Fueron aquellos vivas algo más importiene contorno n i paridad. Y en semejante tante que el pacto de San Sebastián, pues selva estilizada hubieran sido demasiado era el plebiscito al pacto; era el asentitorpes los nacionalismos españoles para no miento de Castilla al triunfo de la táctica maniobrar y envolver sus precisiones loca- catalana. E r a el suicidio de Castilla como les en las nubes del pensamiento imperante fundadora de Estados. ¿E n qué consistía y especialmente en la del gran fracaso hisesta táctica catalana? E n cinco antis fundatórico de España. Todo les es posible, i n mentales: i Antimonarquía (desmembracluso manejar sus posturas como piezas de ción de, la unidad sostenida por una arquia la regeneración, paralizando en gran parte secular) 2. Anticlericaiismo (fractura de la elemental defensa española. E l día en la red espiritual tendida sobre las concienque acertaron mediante las mejores complicias hispanas unidas) 3. Antimilitarismo cida des intelectuales del centro a clasificar (disección del Ejército para quitar podea los españoles según su mejor o peor comres al t o r o esencial puyazo) 4. Antilaprensión del problema nacionalista, descutifundismo. (pulverización de la aristocracia briendo esa impagable panacea política que latifundista castellano- andaluza, que sostees una fórmula para ser listos y sensatos al alcance de todo el que les toleraba y nía desde la unidad española del cuatrocientos la cohesión territorial y propietaria del ayudaba, dieron un paso enorme en aquel suelo) Y 5. Antidiomatismo (expulsión de todavía incierto período de la incongruencia. la lengua española, derrota del maestro nacional germen de la cultura unitaria La revolución había de proporcionarles dentro del niño) el decisivo. A la vacilación, a la incoherenE l pacto de Sari Sebastián- -aunque no cia, a. ratos compensada por el sentido del deexistiese por escrito- -constará siempre en Iber y la inercia histórica, sucede nada menos, la Historia como el testamento de Espaque úha; doctrina estatal coincidente con la na- ña Como el triunfo de la táctica catalana, cion. alista. -Si España se había desviado de en alto el martillo para el golpe final del 14 de abril. N o fué arbitrario que la República española se proclamase primordialmente en Cataluña. S u niño se criará mejor L a República española era un asunto catalán 0 DE LOS MOS NACIONALISESPAÑOLES Durante treinta años España y ¡os nacionalismos españoles han conversado por el puro, método Ollendorf. Los nacionalismos- -e l catalán sobre todo, los demás le reproducen- -exponían su postura en términos corrientes en el mundo. Somos razas históricas, tenemos las características de idioma, pasado, sentimiento común, etc. etc. que con arreglo al principio de las nacionalidades justifican la constitución de un puebloen Estado autónomo, liberándole de la tutela dura o suave, inteligente o torpe de otro. Vamos, pues, a proceder con arreglo a esta norma, separándonos de la unidad de España y viviendo libres, incluso en cordial amistad, como inevitables vecinos geográficos que somos. España, los hombres encargados de reflejar su pensamiento, los de tipo intelectual puro especialmente, contestaban: Vuestras palabras, hermanos nacionalistas, nos llenan de ilusión. Compartís el dolor nacional, la pesadumbre del fracaso histórico, el deseo de rectificar un pasado detestable. V e n i d a colaborar con nosotros. Vuestras estridencias son grata prueba de vitalidad. ¡Ojalá los demás pueblos de España sintieran iguales hervores de regeneración! V a mos juntos a transformar el viejo Estado culpable decantas faltas. L o s más concretamente políticos añadían a sus contestaciones propuestas de descentralización administrativa sin la menor relación también con las auténticas apetencias nacionalistas y que en rigor a nadie interesaban sino como medio. Los de pura oposición atribuían al régimen la no satisfacción de los anhelos autónomos. Y los escandalizados cerraban los ojos y plañían: N o no es posible. España no ha podido producir tales hijos desnaturalizados Posible vaya si lo era. C o n sólo salir a la calle quienes vivíamos en zonas afectadas de nacionalismo, encontrábamos per docenas, o por centenares, y en los días solemnes por millares, los partidarios de la independencia de nuestras tierras provinciales y de su ascenso a naciones. Y veíamos, además, cómo por todos los medios de la cultura y de la riqueza, de la emoción patriótica y de la actividad política, de las artes y de las fiestas populares, se estaba fabricando un espíritu nuevo disociador, antiespañol, en países muy dentro de la unidad de E s paña, pero con suficientes características peculiares para hacer jugar sobre ellos el mecanismo del principio de las nacionalidades con arreglo a incontables ejemplos contemporáneos. U n a nación no se hace de una vez para siempre. L e acompañará el éxito histórico a través de su carrera y aún podría sufrir disociaciones. ¿Qué será cuando el fracaso no falta en el camino? Julien Benda, en un ensayo reciente sobre la voluntad de ser nación en los franceses, escribe estas palabras: Necesita una nación la misma fuerza para durar que para crearse. Diría gustoso que todavía necesita más para durar: porque con el tiempo sus varias partes toman plena conciencia de sí misma y de sus antagonismos irreducibles; porctie nuevos medios ce agrupación seducen el alma de los hombres: porque lo instintivo inherente al querer nacional se ablanda con la civilización; porque el elemento de fe preciso para este querer se ve a la larga corroído por el espíritu crítico o atraído hacia otras fes más jóvenes. N o estoy lejos de pensar que Francia, para ser nación, necesita hoy una voluntad más fuerte que en tiempo de H u g o Capeto S i adá menos requiere Francia, ¿qué grado de voluntad no sería precisa en nuestra E s paña, tan probada dentro y fuera? aún con ftiMTAitiÍA JÓSE F É L I X LFQUERIC
 // Cambio Nodo4-Sevilla