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r A, B C. D O M I N G O 29 D E M A Y O D E 1932. EDICIÓN D E ANDALUCÍA P A G 22, po hay quien ha querido convertirse di minoría en oligarquía tiránica, y h a tetado de subyugar contra l a propia R e p ú blica al resto del país. N o hay que sembrar discordias; pero no hay que olvidar que l a República es un niño enfermo que necesita una inyección de vida, que sólo nosotros, en unión de nuestros colaboradores y los que a nosotros lleguen, podemos dar, y cada uno de vosotros sea un sillar que asegure a perpetuidad que en E s p a ñ a habrá una Patria estrechamente unidas y una República i m perecedera para el porvenir. (A l terminar su dFscurso el Sr. Lerroux, los presentes le ovacionaron, como lo h i cieron en diferentes pasajes de su oración, puestos en pie. íido radical no vive de motes, no es dé los Üe nueva hechura que acaban de constituirse; no es de los enemigos de la derecha ni d é los que no saben sacrificar nada. Y por eso os digo a todos que, cuando veáis un elemento derechista que se acerca a nuestras filas, no le alejéis, porque si lo alejáis ese elemento perturbará l a libertad o se irá a los ¡partidos de extrema izquierda y será un peligro para l a República. Nosotros ocupamos una zona templada. Vamos a ponernos en el caso de doctores y os diré que tenemos un enfermo muy delicado, que es ¡a, República, que necesita tan delicados remedios, y urgentes y heroicos; pero que en algún caso yo no me atrevería a aplicar, porque me interesa m á s l a vida de m i hijo, y m i hijo no es la derecha ni la izquierda, sino la República. L a República, por l a que el partido radical y yo vengo trabajando cuarenta años, día por día, sermón por sermón, con l a pluma, con l a palabra y con la acción, y que desde hace diez años he pagado con destierros, cárceles y persecuciones. Y o no entablo compretencia con nadie, pero tampoco admito que nadie pueda, ensayar disecciones en el cuerpo de la República, porque solamente podrán hacerlo aquellos que no la sienten, o que si la sienten y quieren, no l a quieren con el fervor que ama una madre, que tuvo grandes, ¿o l o res al parir a su hijo. Bien está resolver el problema de la autonomía, pero sin claudicaciones, ni precipitaciones, que yo no he de tolerar. Se ha de marchar con pausa, con la tranquilidad y firmeza del paso eficaz, con la limpidez de conciencia de que el paso mal dado será rectificado. Pero no sirve sólo un discurso para recoger, como he recogido yo, de pueblo en pueblo, de región en región, la miel de todas las flores, creyendo que con él no h a b r á i discordias, porgue ya es hora de que E s p a ñ a enseñe las llagas de su corazón, porque Cataluña tiene al fin los mismos, dolores que el resto de las regiones. Allá hay muchos, hermanos nuestros que son como nosotros, y si se les. da a los catalanes una libertad que ponga en peligro l a l i bertad de los nuestros, éstos nos pedirán mañana estrechas cuentas de porqué hicimos esas concesiones, y son los mismos que cuando en E s p a ñ a se gobierna en republicano y se protegen las libertades por igual, vendrán a pedir nuestro apoyo para que aquéllas no desaparezcan. Vosotros tenéis vuestra confianza en mí, y yo no quiero defraudaros, pero hay unos que hablan de Cataluña y apenas si geográficamente l a conocen. Y o no solamente conozco Cataluña, sino a los catalanes, y los que tengan confianza en mí sepan que, bajo el G o bierno formado por el partido- radical y aquellos republicanos que con él quieran compartir la responsabilidad de gobernar, se resolverá, el problema catalán, sin merma a l guna para la integridad nacional. E n algunos discursos se ha comparado E s p a ñ a con esos territorios de las Confederaciones Hidrográficas, y es necesario distinguir que la unidad económica españo- la no permite situaciones ancestrales, que harían s e g u r á r o n t e inclinarse a muchos delante del gran estadista. L a H i s t o r i a no hay soto que leerla; hay que vivirla. Cuando a mí me digan que hay una fórmula cuyos argumentos sean restablecer la autoridad, respetar l a Constitución, l a Patria y la Hacienda en su integridad, en suma, hacer una nueva España, los votos dé mi minoría y el mío estarían al lado de aquel que fuera su autor; pero como yo crea que las concesiones que se hagan son arrancadas por el miedo o la cobardía, no lo toleraré, porque, señores, escalonadamente, y hay que decirlo, en este espació de tiem- Dos frases interesantes del señor Lerroux E l Sr. Lerroux. después de su discurso, que produjo una vivísima impresión y un. entusiasmo enorme en. el auditorio, sobre todo en l a parte relativa al Estatuto de C a taluña, fué abordado por los periodistas, quie. nes le hablaron de la teoría política sustentada ayer por el Sr. A z a ñ a en l a Cámara Constituyente. -Y a vimos- -le dijeron- -que aplaudió usted, desmayadamente al orador. -Pues fui m á s generoso que el Sr. A z a ñ a lo fué conmigo, porque no me aplaudió nada. -Dimos- -agregaron los informadores- -una gran importancia a la alusión que le h i zo el Sr. Azaña, puesto que pareció entregarle l a nave del Estado. -N o hizo m á s que restituirla- -contestó el Sr. L e r r o u x- -porque yo se l a entregué también con mi discurso. Las dos frases fueron comentadísimas. t