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anima ir c y subterráneo- -de París Midi el periódico de las doce de la mañana. Jiajo la imposición de la vida moderna en la ciudad moderna, sus sesiones no duran más que unos minutos. Los suficientes para que no se haga demasiado larga la espera de un tren en la estación de San Lázaro, de París, 9 nes de una estación ds l a manera más actual, m á s absurda y m á s sorprendente. ¿Cómo? A s í con un cinc. Naturalmente que un cine se ha de armonizar con su propio emplazamiento. H e aquí por qué los de los grandes bulevares proyectan ostentosas películas americanas, los de los bulevares exteriores, dramones de París, y los de los contornos de la plaza de la República, un aluvión de sentimentalismos. E l situado en el acceso de u n andén del ferrocarril no puede proyectar sino ¿n realidad, este cine es un poco desconcertante. El decorado de su vestíbulo lo que éste proyecta: viajes, docuparece de una revista del Casino de París, y sus porteros, unos boys que de mentaciones geográficas y cosas por el esun momento a otro van a evolucion- ar bafo el dominio de una música negra. tilo. E n el fondo, yo no sé si ello conviene o (Fotos La Burthe- Warolin. perjudica al Estado, en su calidad de explotador de los ferrocarriles. Porque si, por una grato, lo es mucho menos l a situación en parte, puede servir de invitación a l a avenLA EXTRAÑA SALA D E que se encuentra quien vive en los alretura ferroviaria, y aun a l a marítima, por dedores de Paris y resuelve sus asuntos otra cabe que incite a considerar que no es ESPERA D E L AEScon tal actividad, que no sabe qué hacer dei preciso salir de P a r í s para ver mundo tiempo que le sobra hasta la salida del tren Como el buen francés tiene una prenunciaTACIÓN DE SAINTque ha de llevarle a su rincón. E n Madrid da tendencia a abstenerse de los viajes, -es es distinto. E n Madrid se le mata. Pero LAZARE posible que este cinematógrafo la acentúe. ios franceses no saben gustar las dulzuras Y así el Estado habrá hecho un mal nede estos asesinatos. Los cafés, que son en Hasta ahora i r a esperar a un viajero a gocio. España unos lugares especialmente prepaandén de una estación de ferrocarril era Pero, por fortuna para él, las películas rados para estos crímenes, no se prestan cosa terminantemente molesta. E n realidad, que aquí se proyectan son de muy pocos no se está nunca seguro del horario de los en P a r í s a ellos. L o s mozos vigilan mucho minutos de duración. N o era posible otra a los parroquianos cuya dilatada permanentrenes. E n tal estado de irremediable i n cosa tratándose de un cinema destinado a cia ante un velador puede hacerles sospecertidumbre reside el punto de nacimiento entretener a los transeúntes de los andenes char que el tiempo corre peligro de muerte; de las guías de ferrocarriles, para cuya mientras llega el tren de cada uno. E s deLos únicos que no dan importancia a la prosperidad es indispensable eme todo el actitud, de los camareros son cir, a unos espectadores que tienen tasado mundo conserve su propia desorientación, filantrópica su tiempo. los españoles. Pitillo tras pitillo- -el pitillo y aun si es posible que contribuya a la ajees el arma mortífera- logran al fin asena. Esto es le que hacen quienes presumen sinar un par de horas. La angustia y un cinema de bien enterados. Pero si esto de i r a esperar a l a estaPues bien: Paris- Miái, l a alegre gaceta E n tocio caso, el cine de Paris- Midi, soción a nuestros amigos o a nuestros enede las doce de la mañana, ha resuelto todas bre ser, en el fondo y por su fórmula, una las complicaciones superficiales de los audcmigos, que tedo puede suceder, es poco expresión terminantemente periodí. íca (jo riiím- i
 // Cambio Nodo4-Sevilla