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Los e s t r e n o s de la sema na. exact mente, a su inspiración, a sus nativas facultades asimiladoras. Sin tiempo apenas para dar un vistazo a los periódicos, para glosar la actualidad en el café, penetra en el teatro a primera hora de la tarde y ya no sale hasta la madrugada. A quién vio? ¿Con. quién conversó? ¿Qué ideas avivaron su cerebro? Futra del rutinario ensayo, de la rutinaria función, de las rutinarias visitas, nuestro hombre ignora toda relación con el mundo. Pasan los días sobre él como el rayo de sol por el cristal, en el Misterio de la Encarnación: sin romperlo ni mancharlo. Las artes, las letras, las ciencias, el progrese intelectual y social, se apartan de sus posibilidades. S: no está enteramente desnudo de conocimientos es por milagros de su instinto. Porque con su intuición suple e l estudio y el esfuerzo. El Arte y la Nómina E l actor extranjero, ejercitado diariamente en un afán de superación, incorpora a la- profesión todos los elementos de cultura. Libros, Museos, viajes, espectáculos, le proporcionan sin cesar emociones nuevas. E l actor español, arcaduz de la noria, del retruécano y de la comedia blanca, tiene siempre el mismo lamentable estado de somnolencia anímica. Y cuando, alguna vez, despierta de su modorra, no es, ciertamente, para resolver problemas intelectuales o artísticos, sino los tristes y vulgares del contrato y del sueldo. Porque también en esto es la excepción, la ominosa, injusta, indignante excepción. (Para nuestros actores el contrato, aun modesto y zozobrante, equivale a un triunfo. ¡Baste decir que de dos mil están parados la mitad. Y que de esa mitad en actuación, la mitad, por lo menos, sólo tienen garan Escena final del primer acto de la comedta Mamá ilustre de la que es autor tizadas unas semanas. Enrique Suáres de Desa, estrenada ayer ett el teatro María Isabel. En estas condiciones, ¿cómo pretender que responda al tipo, culto y ávido, del actor ¿Dónde la votación del entusiasmo, el estí- moderno? E l actor español, por su estructades en función del tiempo y del espacio. tura literaria, por su desorganización artísmulo del esfuerzo, la sed de combatir- i i Mas para el comediante español el tiempo tica, por su primitivismo financiero, está se reduce a la representación y a los ensa- algo levantado y grande? yos, y el espacio, al local escénico. ¿CuánE l actor español, al margen del teatro hoy, bien avanzado el siglo xx, como en los famosos días de la farándula: viviendo de do ni cómo habrá de renovar sus sensa- universal, de la vida universal, está, al cabo ciones? Emparedado en el teatro, hostigade un siglo, en igual posición de autodidac- intuiciones, entre apuros, al margen de la do por la premura de cambiar cada cuatro to que el figaresco de yo quiero ser có- cultura y de la regla, como en tiempos del días e! cartel, atiborrado de astracán mico Si algo es se lo debe todo a sí mis- Batihoja. No hemos de silenciar esfuerzos comedias blancas, influenciado ror caciaues mo. No se diga a su esfuerzo, porque el. como el Sindicato y la Asociación, ni excepciones individuales y brillantes, sabidas de ramplones e indoctos, os como ra morfinó- ambiente le cohibe esfuerzos; dígase, más mano o un sonámbulo. Su jeringuilla de Pravaz- -ese repertorio mezquino, entre pueril v cursi, que excluye toda novedad discursiva- -le prepara estados de iomnolencía. Su habitual hipnosis se irrita a cada esfuerzo, a cada cambio mental. Abismado en los paraísos artificiales de la vulgaridad y del retruécano, el anuncio de una obra audaz o profunda lo descompone... Sólo de vez en vez realiza algún esfuerzo heroico, afronta lo profundo o lo audt. z. Entonces, a la llamarada artística, se iluminan ante él los horizontes universales. Entonces el actor español contempla el panorama extranjero, se da cuenta de su aislamiento, de su rutina, de su drama íntimo y único: e! fracaso sin combate. ¿Qué ha sido de sus diez, de sus quince años escénicos? La suprema fórmula artística- -personalidad- -le está vedada; él pudo interpretar solamente obrillas banales, atenerse al ambiente provinciano, local, estricto, de un repertorio monocorde, uniforme, tirado a cordel. Los actores franceses, ingleses, alemanes, rusos, componen con las siete notas del pentagrama, pintan con los siete colores del iris, interpretan el repertorio universal. E l actor español sólo tiene un par de colores- -blanco y azul- un par de notas- -sol y far- dos temas únicos de teatro- -astracán y comedia blanca- ¿Qué personalidad artística puede forjarse con repertorio tan precario? ¿En dónde están los caracteres, las pasiones, los conflictos, los casos de conciencia que han de labrar una creación? Wn cuadro de la nueva revista de Ramos de Castro, mtísica de los maestros Rosillo y Balaguer, titulada Las del Beri que se representa en Eslava, (Fotos Zegrí. 1 El Robinsón escénico
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