Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
todos. Nos referimos a la masa, al número, a las cincuenta compañías, que con idéntico repertorio, iguales angustias económicas, análogos escepticismos, ante lo inútil del esfuerzo, dispersan por España las ilusiones de toda una generación escénica. Nos referimos al robinsonismo español, aislado en su isla de astracán y sensiblerías, de empresarios tramposos y compañías abandonadas, de miseria intelectual y económica. No merecen nuestros actores- -forzados de la desorganización, galeotes de un arte esclavo de la hipocresía y la sordidez- -ni el desdén oficial ni la indiferencia pública. A n tes, por decoro nacional, urge que el Estado los aliente y el puebio los estudie y comprenda. Sus dos problemas esenciales- -el arte y la nómina- -los sitúan en inferioridad inicua. Hay que reaccionar vivamente contra semejante abandono. Sin proclamar, como en los banquetes, que el actor español es el mejor del mundo; ni el peor, como en las maledicencias de café, digamos que sus cualidades innatas- -sensibilidad y asimilación- -le hacen- digno de encauzamiento y aliento. Hágase lo posible por substraerlo al astracán y al remilgo- -las dos enfermedades que lo postran- -y lo pondremos en camino de honrarse y honrarnos. CRISTÓBAL D E CASTRO. DE T EÁT RO Las traducciones En el último tercio del siglo pasado el teatro español absorbía, además de la producción de nuestros dramaturgos, una gran cantidad de obras importadas. Pina Domínguez solía decir a sus amigos en el cafe: Este año he estrenado tantos actos Era una manera de publicar su balance industrial. Quizá esta frase parezca intempestiva o desdeñosa. A l interesado no le hubiera herido; tal concepto tenía de su oficio. ¿Estrenó Pina Domínguez algo original? Es probable. Yo no lo recuerdo, pues cuando el popular escritor estaba en todo su apogeo su generación no había salido todavía de la actitud expectante en que suele estar la mocedad por falta de tribuna. Ignoro si Pina tenía talento y si se lo llevó inéditoa la tumba. De lo que puedo responder es de que no pareció interesarse nunca por las novedades intelectuales. La aparición de un filósofo o de un poeta le tenía tan sin cuidado como a nosotros el descubrimiento de un nuevo satélite de Júpiter. Era, a la cuenta, un hombre retraído y sin vanidad, que se propuso sacarle al teatro los miles de duros indispensables para vivir con holgura y lo consiguió. Socialmente tampoco se prodigaba. Yo no hago memoria de haberle visto en el saloncillo del Español, frecuentado entonces por D. jo é Echegaray, Blasco, Ramos Carrión, Ricardo de la Vega y Picón, ni en ninguna de las tertulias de café en que solían agruparse lps escritores por espíritu de camaradería. Con añadir que ni siquiera he tenido bajo mis ojos una fotografía de aquel hombre, daré cabal idea de mi ignorancia de su persona. ¿Se ocultaba por misantropía o por aprovechar mejor el tiempo a solas? No lo sé. L a crítica no solía mostrársele hostil. E r a una época de faquirismo universal, y la crítica no se substraía a aquel estado de espíritu. Con decir que D. Manuel Revilla hacía de pensador está dicho todo. Su frío didacticismo parecía el colmo de la profundidad. Felizmente, era breve en sus comentarios. Eusebio Blasco y D. Miguel Ramos Cdxrión tradujeron también algunas comedias, mejorándolas siempre, pues como eran dos maestros las adaptaban con arte a nuestro ambiente social. Metido en análogos empeños, Javier Santero lucía menos, porque no era un escritor de la misma altura que los ya designados. Trabajaba un poco a la ma- nera de Pina Domínguez, pro panp hicrande; pero con menor ambición. Sanlfcro era un espíritu más delicado que Pina; Tenía un; lírico, y su resplandor ennoblecía un poco sus pretensiones de dramaturgo, de las que, en justicia no se puede hablar en serio, porque no han dejado huella. También Vital Aza descendió alguna vez: a traducir una comedia; pero le ocurría lo que a Eusebio Blasco; que superaba el original, mejorándolo. Su delicioso ingenio imprimía acento española lo exótico, haciéndole perder el carácter de tal. ¿Cuál era entonces el modus operandi del traductor? ¿Se ponía de acuerdo previamente con el autor, o se limitaba a aprovecharse lícitamente de su obra, al amparo de una legislación literaria deficiente? Es un aspecto del asunto que desconozco. Dudo, sin embargo, de que los franceses, tan apegados a la propiedad en todas sus formas, descuidasen ésa; dejándola a merced de la codicia ajena. Es probable, pues, que percibiera el autor la; mitad de los derechos, como ahora se hace. Lo que seguramente no existía era la condición de a valoir, esto es, la obligación de anticipar una suma bastante importante al autor, que éste se embolsa. íntegramente si la obra no ha sido interpretada en el plazo estipulado. E l afán de lucro de los escritores franceses es, verdaderamente intolerable por lo vejatorio y abusivo. Yo me permito llamar desde aquí la atención de la Junta directiva de la Sociedad de Autores sobre este asunto, que afecta por igual a nuestro decoro y nuestros in tereses. En primer lugar es preciso dificultar todo lo posible la representación de las traducciones extranjeras que no vengan abonadas por un nombre glorioso como el de Shakespeare, Goethe o Moliere, por citar los más encumbrados. Hay en esto una cuestión de principio que no tenemos derecho a desdeñar. Francia no traduce apenas nada nuestro. En diez años la escena de París no se ha abierto más que a una obra de circunstancias de Eduardo Marquina, representada en la Comedia Francesa, y que el eminente poeta dramático escribió por dar gusto a María Guerrero y Fernando Mendoza- ¡de grata memoria! una versión lírica de una obra de Feliú y Codina y Canción de cuna, de Gregorio Martínez Sierra. Eso es todo lo que los -franceses han admitido de nuestra producción en sus teatros. ¿Puede el más benévolo interpretar ese balance como una forma de la reciprocidad? Queda por aclarar otro punto. ¿En qué condiciones se hacen las obras españolas cuando se traducen? ¿Con un anticipo a valoir para el autor? ¡Vamos! Sería la primera vez que un teatro francés, que va a representar una obra extranjera, se desprende de un dinero por adelantado. Este pueblo es, sin duda, uno dé los que más han contribuido n civilizar el mundo. Es, en mi sentir, el más inteligente de Europa y su patriotismo podría aleccionar, por su ardiente constancia, a todos los países latinos. Cualquier evolución política germánica o anglosajona, que pudiera poner en peligro a Francia sería una ofensa a lá cultura universal. Pero este pueblo, tan lleno de virtudes, es de una aspereza glacial en los negocios chicos y grandes. Discutir de intereses con un francés es obligar- le a mostrarnos su repulsiva- codicia. E n ese respecto es intratable. Su egoísmo excede de los límites de la decencia. Yo no aseguro que toda la nación esté aquejada de ésa sordidez. He conocido aquí no pocos casos de generosidad, y frecuentemente me encuentro con el hombre de bien que no reclama ni acepta sino lo que le es debido. Pero hay épocas, y la actual es una de ellas, en que parece como que todo un pueblo se pone de; acuerdo consigo mismo para volverse de espaldas a la equidad. E l medio literario, sin haber rotó con lá honestidad, se va depravando en una medida que asusta. Un editor de París me ha propuesto a mí la publicación de. diez obras de nuestros primeros literatos, previo el anticipo- -perdón por el pleonasmo- -de veinte mil francos por cada obra. ¿Hacen lo mismo: con los escritores ingleses y alemanes? Lo dudo. Es que para España hay un- trato de nación menos favorecida... Recapitulando la Sociedad de Autores Españoles está en el deber de salir al; paso de usos que nos degradan, oponiéndose a la libertad de traducción de obras que generalmente no valen más que ias nuestras, y, si ese criterio parece arbitrario, prohibiendo la condición a valoir. Y a es bastante el que se les dispense el honor de la traducción, corriendo el albur de que la obra no guste y con daño evidente de las firmas españolas. MANUEL París, mayo, 1 9 3 2 BUENO A U T O C R I T 1 C A Historia dramática en tres entregas, original de Benjamín Jarnés, que se estrena mañana, viernes, en el teatro Muñoz Seca. Folletín ULTIMAS PUBLICACIONES Los hechos son como sacos; si están vacíos no pueden tenerse en pie. Para que un hecho permanezca en pie y adquiera un sentido es necesario hacer entrar en él cuantos motivos y sentimientos provocaron su aparición. Esta es una de las mejores lecciones de Pirandello. E n Folletín he cogido de cualquier parte unos cuantos hechos, probablemente los hechos más corrientes, y he intentado insuflar en ellos sus propias causas. No sé si estos hechos, a lo largo de las tres entregas se mantendrán o no en pie, y menos si lograrán hacerlo, de sostenerse, con el garbo preciso. Esto es ya faena de buenos, espadas, y yo, en estas faenas, apenas soy un novillero. Probablemente Folletín no es una obra original. Aunque yo hice lo mejor que debe hacerse para conseguir la originalidad: no buscarla. Mucho menos rebuscarla. Quise apelar a hechos vulgares; situándoles como jalones a lo largo de una realidad dramática. Porque para mí la verdadera realidad no son precisamente los hechos, -tantas veces fruto del azar- sino la tierra que habitualmente los produce. Crecen unos raquíticos, lozanos otros, algunos ni siquiera brotan Ellos no son la verdadera realidad, sino sus signos, vagos y equívocos muchas veces, de ordinario insuficientes. Trabajar en las entrañas de la vida, ser pocero de almas, es- -creo- -la esencial faeJ- na de quien hoy pretende urdir tramas es. cénicas. Sajar cuanto la vida vehemente ha inflado y ver allí qué arteria pasional ha perdido su ritmo... Pero seguramente esto es JIMÉNEZ D E ASUA. -La Constitución de muy fácil de decir y difícil, muy difícil, de la República, española. E n tela, 10 ptas. TIMBRE D E L ESTADO. -Ley de Bases de realizar. 17 de marzo de 1932 y decreto de 18 de M i Folletín es un ensayo. Y probablemente, una aventura. Pero ¡cada vez se ve abril do 1932 aprobando él texto. de la nueva ley. Edición oft a! S ptas. más clara esta verdad: Para aprender la DERECHOS REALES. -Ley de 11 de marnatación hay que empezar por tirarse al zo de 1932. Edición oficial. 2 ptas. agua Cuento con un excelente salvavidas: la gran actriz dramática Margarita Robles. EDITORIAL REUS S. A Academia: Preciados, 1. Librería: Preciados, 6. Apartado 12,850. -Madrid. BENJAMÍN JARNES
 // Cambio Nodo4-Sevilla