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ABC e n Mueva York E l lmc iie- esciiela e s p a ñ o l J u a n S e b a s t i á n E l c a n ó a l h a c e r escala e n IVuera Y o r k ú l t i m o p u e r t o d e s u crucero a n u a l h a sa b i d o c o n q u i s t a r e l a m b n i e a e i a o- c o n m rc n termas le s i m p a l f o E l buque- escuela Juan Sebastián Elcano U n a mañana fría; gris, en un remolcador, pasó por Nueva York. Estuvo varios días un grupo de hombres representando entidaén este puerto y después se fué. L a escuela, des fué en busca del Juan Sebastián Elca- flotante de guaráiastnarinas españoles, que no, que esperaba anclado en L a- Isla todos ios años hace un largó e interesante Subimos a bordo, nos recibieron el comancrucero, llegó a Nueva Y o r k el año pasado, dante y los oficiales, que nos saludaron amaprecisamente el día en que en España se blemente. Los cadetes y la marinería, forproclamó Ja República. Como los Estados mados, presentaban un aspecto solemne. E l Unidos no- habían reconocido oficialmente buque- escuéla español, proa a la gran ciuel nuevo régimen; el Juan Sebastián Elcadad, navegó hasta encajonarse en un mueno tuvo que pasar por Nueva Y o r k de i n- lle. E n ia popa del buque ondeaba, acaricógnito sin bandera, fondeando en el H u d ciada por el viento, la bandera actual de son, porque oficialmente las autoridades Espartes E n aquel barco una intensa ráfaga, americanas no podían darse por enteradas de juventud, vibrando magníficamente, nos de su presencia -y los gúardiamarinas, los envolvía. ¡E s un buque donde no hay vieoficiales, los marineros dé a bordo contemplajos! Todos a bordo eran muchachos jóveron desde la cubierta clel- buque blanco, qu; nes. Desde el comandante, que en la edad elevaba sus cuatro mástiles hacia el cielo i n central dé un hombre muy bien conservado menso con la- gallardía, de la elegante consda la sensación de pocos años, hasta ei últrucción del navio de España, el panorama timo grumete, la oficialidad, los guardias- inquietante de este Nueva Y o r k febril, que marinas y la tripulación del Juan Sebastián para todos los muchachos vestidos con el Elcano son un modelo de sana juventud; uniforme airoso de la M a r i n a de guerra esuna esperanza de la España eterna e i m pañola encerraba una incógnita de promeperecedera que a pesar de todo subsiste, sas, excitándoles más su deseo de vivirle. porque la vitalidad de la raza española es Este año, después del lenguaje protocolario más fuerte que todas las contingencias nade ¡as Cancillerías, A Juan Sebastián Elcacionales. Hasta el. capellán del Juan Sebasno lia policio permanecer en Nueva Y o r k tián Elcano es una. figura interesante de, vficiaiiuente. hombre joven, simpático, afable, persuasivo. L o s oficiales del buqüe- cscuela español son todos modelo de marinos españoles caballerosos, distinguidos, cultos; con esa sugestión propia de la oficialidad de M a rina de España que triunfó por todo el mundo, consiguiendo personalmente más victorias con su habilidad individual en tierra que podría conseguirse con los cañones desde los barcos: la seguridad en sí mismos y captación rápida, que ha hecho de los marinos españoles que nuestra Armada sea siempre, a pesar de los reveses del Destino y a través del tiempo, la Armada invencible Nueva Y o r k la vorágine ciclópea en mo. vimiento apremiante de torbellino colosal. Amarrado el buque, dos vidas paralelas sa lieron por 1 a planchada, zigzagueando por Nueva Y o r k desde que la última amarra del Juan Sebastián Elcano quedó firme hasta que los remolcadores, despegando clel mue- j. lie al buque blanco de España, enfilaron sü proa elegante hacia el mar inmenso, sobre el que el buque- escuela habría de navegar en su etapa última, besando, ¡a l f i n! las costas españolas. Cuatro grupos: el comandante, con los cónsules; los oficiales y sus amigos; losguar- Ssta obra maestra de Mauríce Leblanc (e! renombrado creador de Ársenio Luptn) romienma a publicarse en el próximo numero de BLANCO Y NEGRO, y constituye uri verdadero regalo para los lectores ti e gustan de. novelas henchidas, de pode -so interés dramático. Véase uno de los dibujos, de Ramírez, qii s ilustran el texto de