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N U M E R O EXTRAOR D 1 NARIO 20 C E N T S AÑO V I G E S I M O C TAVQ. M N U M E R O EXTRAORDINARIO 20 C E N T S AÑO VIGES 1 MOCTAVO. 5 5 5 S A N T A ISABEL DE E S P A Ñ A H M. CRESPO. PRESENTACIÓN D E CRISTÓBAL COLON A ISABEL i OY más que nunca debemos enaltecer y glorificar la memoria de Isabel I. Hoy, que pe igra él aspecto más grato para ella de su obra ingente. F u é Isabel de Castilla una gran ambiciosa. Noble y levantada ambición la suya, que tenia como norte el logro dé una patria grande y fuérie. Y este anhelo, siempre difícil de alcanzar, éralo entonces en grado sumo, porque España, de uno a otro confín, mostrábase como un hervidero de intrigas, de pasiones, de intereses encontrados, de ambiciones mezquinas, que dificultaban con su rastrería mirar muy alto. Desdeñando otros pretendientes, eligió a Fernando de Aragón, tal vez poi- que de este modo. aproximábase al ideal unitario que la obsesionaba. Subsistia aún el poderío agareno. enquistado en el edén granadino, y contra él fué, hasta extirparlo totalmente. Y el día que en los torreones de la Alcazaba dejó de tremolar el estandarte del Pro- feta, abatido por el pendón de Castilla, y los minaretes de la Alhambra oyeron les alegres repiques de las campanas de Cristo en vez de los verbales llamamientos del muezin a ta oración, Isabel pudo sonreír satisfecha, porque el objetivo fundamental de sus planes quedaba realizado. ¡L a unidad de España! Libre ya de este cuidado, pudo aplicarse a otros anhelos. Oyó a Colón y le prestó su apoyo, denegado por todas las Cortes europeas. Facilitó al Gran Capitán el logro de sus afanes bélicos, que habían de cubrirla de gloria. Saneó la moneda, depreciada, por la abundancia de falsificaciones. Fomentó la instalación de imprentas, para que difundiesen Ja cultura. Estimuló la creación de industrias, que eran riqueza, y también ás hospitales y obras pías, para favorecer al menesteroso. Supo rodearse de personas de altos méritos, descollando entre ellas Beatriz Galindo, llamada la Latina por su dominio de la lengua del lacio, y el cardenal Cisneros, que, andando el tiempo, debía salvar a España en momentos difíciles. Aprendió el latín, y se lo hizo aprender a sus hijos. Ello bastó para que la cultura se pusiese de moda en la Corte, porque todos imitan al más alto. Recorría sus dominios para estar en contacto con ellos y conocer sus aspiraciones y oír sus quejas. Todos los, viernes concedía audiencia pública, para escuchar a cuantos quisieran pedir justicia, dando siempre la razón al que la mereciese, sin distinción de clase ni persona. Infatigable, no se rendía ante el trabajo abrumador ni ante el peligro cuando era necesario. E n vano sus familiares la recomendaban descanso y prudencia. N o he subido al Trono- -les decía- -para huir del peligro y del trabajo. ¡Y España fué grande! U n nuevo mundo, para ella descubierto, mostraba ricos veneros de inagotable prosperidad. Gonzalo de
 // Cambio Nodo4-Sevilla