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ONTRADICIENDO al asceta que sojuzga al cuerpo, rehusándole todos, sus gustos, el epicurista los satisface, con lo cual anticipa su senectud al paso que el otro l a retrasa. ¿Q u i é n ignora que l a frugalidad es g a r a n t í a de larga vida? Comer poco y cosas de fácil condimento mantiene l a salud y afirma la lucidez del espíritu. Pero ¿y el placer del paladar? E n su penetrante estudio del c a r á c t e r francés Ernest Curtius no ha omitido lo que debe su prestigio a la inventiva de sus. cocineros. E n efecto, de un modo general se puede afirmar que Francia nos ha e n s e ñ a d o a v i vir. S a c ó al amor de su g r o s e r í a elemental, i m p r e g n á n d o l o de literatura, único medio de que un instinto adquiera cierta nobleza estética. H a hecho de l a alimentación una ciencia en l a que intervienen desde el hortelano al alquimista, y ha transformado la filosofía, filtrándola al t r a v é s de la razón, en un seguro contra las inquietudes ultraterrenas. Nuestras mujeres, si no le son deudoras de su belleza, deben a l genio francés su elegancia. Y o no sé de pueblo m á s inteligente, m á s civilizado, m á s artista, máslaborioso y m á s patriota que éste. S i n l a ignominia de su famosa revolución, que ha intoxicado politicamente a todos los países de estirpe latina, sería admirable. ¿Q u é tiene, sin embargo, Francia, que, a t r a y é n d o n o s por su alta cultura, nos repulsa a nuestro pesar? L o voy a decir repitiendo palabras de escritores igualmente apenados del contraste entre tanta grandeza y tanta miseria m o r a l un espesor de sentido crítico irritante para ver los méritos de los otros países y una sordidez en materia de intereses que. asquea. L a avaricia de un f r a n c é s es algo que espanta. Antes de la guerra la gente no cedía tan fácilmente aquí al prurito de l u cro. Y o recuerdo que entonces el a f á n d e dinero estaba atemperado por el respeto al interés ajeno. A h o r a estos señores- -no todos, claro está- -han roto los frenos de l a moderación y viven al acecho de l a ganancia, sin mirar de dónde vie, ne. No s e r á esto una. r á f a g a de neurosis colectiva, i n ciasificada hasta ahora? S i n deberles nada más qué desconsideraciones v abusos a mi C EL ARTE DE COMER COCINA AT. SACIAXA costa, y o no les deseo a estos señores el menor mal. E s m á s M i á n i m o se subleva ante la posibilidad, gracias a Dios muy remota, de que ese loco de H i t l e r quebrante con. sus vesánicos accesos el equilibrio espiritual de este pueblo, que no podría velar por l a cultura universal si perdiese algo de su grandeza presente. E s preciso que Francia sea fuerte para que l a raza latina conserve todos sus derechos. Pero ¿no pod r í a n ser estos señores, tan humanos e i n teligentes, menos sórdidos y m á s asequibles al m é r i t o del extranjero? Realmente resulta pueril y estúpido el que se crea que por el hecho de habitar en P a r í s el extranjero disfrute de un privilegio envidiable. Se nos tiene aquí en mucho menos que a los negros COCINA MARSET. LESA de sus colonias. E l español, pongo por ejemplo, paga aquí, aparte de su carta de identidad, que viene a ser un impuesto de residencia, todos los tributos indirectos, el d i recto de Alquileres y el abusivo de Utilidades. E s decir, que el Fisco francés me roba a mí- -es el verbo que conviene usar- -una parte de l o que yo gano en E s p a ñ a y en A m é r i c a con la pluma, ¿N o es esto absurdo? E l nuevo r é g i m e n ha creído por lo visto que mandandb literatos adictos a las E m b a jadas nuestro p a í s iba a ascender de rango y que en cuanto R a m ó n P é r e z de A v a l a se apease en la estación de C h a r i n g Cross se a p r e s u r a r í a el Gob erno inglés a devolvernos Gibraltar. Dentro de cincuenta años, cuando la República presidida por un nieto del Sr. Alcalá Zamora se consolide, h a b r á que volver al viejo sistema de los diplomáticos de carrera, ent r é los cuales- hav- más de uno que podría dar lecciones de t o d o a esos conspicuos literatos de que se ufana el jacobinismo vigente... Y vuelvo a la cocina, que. es tema m á s sabroso que la política. Francia cuida ese m e d i o de influencia tanto como Inglaterra su superioridad naval. P e r i ó d i c a m e n t e hay Exposiciones en que el arte culinario ostenta sus progresos. Inventar un plato es algo que requiere aptitudes especiales y un absoluto desdén del estómago del p r ó j i m o D e eso ya se o c u p a r á el médico especialista. Y o tengo un amigo cocinero que me ha confiado su repertorio. E l no se atribuye l a paternidad de todos los p atos; pero responde de que puede prepa- V