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PAGINAS DE MI ARCHIVO RECUERDOS DÉ A N T A Ñ O UNA CRISIS P O L Í T I C A EN B A R C E L O N A L plan de gobierno que de primera i n tención cautivara el ánimo de Narváez sólo podía encontrar calor en hombres que, como V i l u m a educados en el absolutismo, no transigían con las modernas teorías constitucionales, simbolizadas precisamente en l a persona de Isabel I I y que habían sido bandera de combate en l a reciente guerra civil. Dice así el famoso proyecto: M u y reservado. Llamado por orden de S u Majestad a l cargo de su ministro de E s tado por Real decreto de 3 de mayo próximo pasado, es m i primera obligación exponer a los pies del T r o n o l a necesidad de formar un plan de Gobierno en que se exprese l a conducta política que se debe seguir en las circunstancias en que se halladla nación. J E s t a resolución se nace en el día indispensable; en el estado que las cosas públicas han llegado no se puede ya seguir la senda antigua y funesta en España de mandar seg ú n las circunstancias del momento, s i n d i Jección determinada, viviendo al día hasta ue llegan los momentos de apuro, se acude entonces, a l a fuerza v se cae en un nuevo abismo, E l que suscrifie no cree que se pueda servir bien a S u Majestad y al Estado- sin que etnp ece así l a carrera política del nuevo Gobierno, y sólo de esta manera podrá servir el cargo que la real confianza le impone, y a l cual se cree muy i n f e r i o r esta resolución es hoy más que nunca necesaria. E l T r o n o y el Gobierno han caído en u n a situación completamente ilegal, insostenible por ningún principio, sostenida ostensiblemente por la fuerza. Este escándalo compromete al T r o n o y al reino, y es preciso evitarle l o antes posible. L a Constitución de 1837 que juran los m i nistros no existe de hecho n i de derecho; no es posible restablecerla, y en l a opinión del que suscribe no admite reforma, porque su origen y su principio es revolucionario y anárquico. L a revolución destruyó el sistema antiguo, y l a revolución ha destruido después su propia obra. D e hecho hemos vue to y de derecho debemos volver a l princip o monárquico, que es el derecho común, antiguo, nacional, legítimo, conveniente y oportuno de l a Monarquía. E l que suscribe opina que deben proscribirse para sentar las bases del Gobierno en España los medios de reforma de Constitución, de intervención de las Cortes y de someter a l a sanción de éstas la ley política que el M o n a r c a otorgue; más aún due por sostener en su pureza los sainos principios, por el convencimiento que tiene de que p o r tales medios nada es asequible y se volvería en el estado actual de los artidos políticos a una más profunda confusión y anarquía. L a Corona es la que debe en las difíciles circunstancias presentes tomar l a iniciativa para llevar a efecto el tránsito del estado ilegal y arbitrario en qué nos hallamos a u n orden estable y legítimo, L a Reina, rodeada de consejeros de acreditada inteligencia, y cuvos nombres lleven tras s i l a confianza pública, es l a que debe d i r i g i r s u voz a los españoles, presentándoles tos resultados de l a revolución, ta imposibilidad de sostener ninfjún Gobierno cbn las leyes y máximas que han dominado desde el motín de L a G r a n i a. y l a necesidad imperiosa y urgente de constituir u n Gobierno que sea verdaderamente nacional y verdaderamente representativo dé nuestro estado social. E n esta iniciativa de la Corona i para constituir el Gobierno del Reino debe partirse de los actos de l a regencia de ta Reina madre, l a promulgación del Estatuto x E II. 15. ANTONIO 0 E LOS RÍOS ROSAS, ALTO FUNCIONARIO EN EL MINISTERIO DE GRACIA Y JUSTICIA EN 1844 y l a oferta, no cumplida por causa del asqueroso motín de L a Granja, de modificarlo según las necesidades del reino. Estos dos actos fueron legítimos y con ellos debe enlazarse el nuevo estado político. A s í se anuda y continúa el orden legal, dejando en el olvido el período revolucionario, y asi se sienta l a primera base d e l Gobierno. N o se entienda por esto que l a ley política que el Gobierno otorgue es una segunda edición corregida del Estatuto. Debe tomarse como ejemplo para dar la hueva Constitución, por el cual se pusieron en acción las leyes de nuestra antigua Monarquía sobre participación de las clases en l a formación de l a s leyes, contribuciones, etc. etc. Otros dos c a minos pudieran seguirse, pero, según l a opinión del que suscribe, ofrecen mayores i n convenientes. E l uno seria volver al Estatuto por iniciativa de l a Corona, como en P o r tugal se ha vuelto por una revolución m i nisterial y por el Ejército a la carta de don Pedro. P e r o aquí no hay revolución n i debe procurarse, por ser de funestos ejemplos, y por desgracia, l a ley monárquica deí Estátuto, por haberse aplicado en u n sentido revolucionario propio de la Constitución del año de 1812 en negocios y en personas, ha caído en u n general descrédito. Además, restableciéndole sería mayor l a reacción, y l a Corona se pondría en oposición con el acto de reforma de l a regencia legítima. E l segundo medio sería formar l a nueva Constitución sin relación a ningún antecedente político y otorgarla el T r o n o lisa y llanamente, P e r o este medio, por l a situación de nuestra Reina, por su menor edad, por la influencia natural de su augusta madre, por las dificultades de abrir una. nueva senda y de des- conocer actos- legítimos de l a regencia, no parece a l que suscribe tan conveniente. Adoptando como base de principios constitucionales los sentados en el Estatuto, ley conocida, legitima, bien admitida dentro y fuera del reino, y la promesa de reforma como medio de acomodar más l a nueva ley a las circunstattcias actuales del reino y a la costosa experiencia reciente, opina el que suscribe que se consolidarían mejor los objetos que debe proponerse el nuevo Gobierno. A I qué suscribe no se le oculta el i n conveniente de que habiendo, por desgracia, hecho jurar a nuestra R e i n a l a Constitución de 1837 cae sobre el T r o n o la odiosidad que a los ojos de l a revolución llevaría el transito a otro sistema. Pero peor será l a suerte de u n Gobierno que nace de una revolución desacreditada que l a del que deriva de una iniciativa de la Corona. N o hay que perder de vista que para todas las fracciones del partido liberal de España el 10 del próximo octubre cesa toda duda y disputa sobre la mayoría de nuestra Reina. L o s revolucionarios tachan de ilegales todos los actos desde la caída de Espartero y no podrían recusar también como tal el juramento de S u Majestad a l a Constitución de 1837. E n medio de un laberinto de dificultades, el que suscribe cree que nuestro cambio político, siguiendo l a dirección del de Portugal, mejoraba en el origen y en los medios de establecerlo. ¿Y seremos los españoles menos monárquicos que los portugueses? F i j a d o el modo de la transición, él tiempo no debe echarse en olvido. Según la opinión del que suscribe, l a transición urge, y es necesario arrostrarla, y con firmeza. Cada día que se demore serán menores las fuerzas. L a revolución está hoy, sin medios materiales de resistencia, en un profundo descrédito moral. E l estado. del país es muy favorable, ansia recibir del T r o n o prendas de orden y de estabilidad y preservativos contra l a revolución y sus secuaces. Se h a n desaprovechado y a buenas ocasiones. L a s dificultades crecen con sólo dejar tiempo en un orden progresivo y alarmante, y el poder real, primera esperanza y base fundamental, se enerva y enflaquece cuando se emplea en sostener situaciones transitorias é ilegales como l a presente. L a ausencia de S u Majestad de la capital durante los bafiós debe aprovecharse para formar todo el plan, incluso los medios de ejecución, i n cluso l a nueva ley, incluso el manifiesto de l a Reina, que h a de ser el que anuncie el nuevo orden, que deberá llevarse con toda la posible reserva hasta que se publique como ley vigente. L a s bases de l a nueva ley política deberán ser: Primera. D o s Cuerpos o Cámaras, uno de grandes, prelados y personas elevadas en dignidades, elegidas por l a Corona, y el otro electivo sobre Ta base de l a propiedad territorial, industrial y comercial por elección directa, y como base del Censo e! pago de contribuciones. Segunda. Iniciativa de todas las leyes en la Corona. Tercera. Contribuciones votadas por las Cortes. Cuarta. Reglamentos y presidencias de a m bos Cuerpos de la Corona. Quinte. Libertad de imprenta (sin Turado) dejando este arreglo a l a ley especial sobre l a materia. Sexta. Entre las facultades del Gobierno, todos ios medios que sean necesarios para sostener el imperio de las leyes v el orden público. N o más M i l i c i a Nacionaí. E l que suscribe Omite otras bases que se podrán añadir, que no son aquí necesarias de indicar, porque con las expresadas está suficientemente marcado el espíritu que debe dominar en l a nueva ley constitutiva, y partiendo del sano p r i n-
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