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EL SALUDO DE LA NOVELA, POR EMILIA PARDO (CONTINUACIÓN) hasta olvidarlo todo, ál menos por aigun tiempo, mientras durase Nada nos empuja a andar y movernos como eí resquemor de la fuerte y dorada tela del amor, completo e insaciable; y comla incertidumbré. Felipe sentía hormigueo en las piernas y picor prendía que, casado con ella, lo imposible, poderoso como la muerrabioso en el alma. Empezaba a suponer que el tío y l a sote, se alzaría a guisa de muro de bronce ante su secreta cobrina, se concertaban para jugarle aquella partida incomprensible. dicia de grandeza. Atarse las manos, bebiendo antes un filtro, era La. idea- era enloquecedora... ¿Q u é hacer para salir de dudas? N o el propósito de Felipe al entregarse á Rosario. cabía ni pensar en forzar puertas; un galantuomo rio. entra sino Y así y todo, le molestó l a noticia en el periódico. Estaba por las que de par en par le abren, y Felipe guardaba estrictaa cien leguas de suponer que procedía del pintor la indiscreción. mente, por altivez, por costumbre, el código de las convenienA l separarse en el jardín, Rosario- y él habían convenido en no cias sociales, la ley del buen gusto. S i n embargo, le sobraba dereverse hasta que el tío conociese y sancionase, de buena o mala cho a una explicación, ¡y era preciso que se la diesen, clara y gana, los proyectos y deseos, de. su sobrina. Acordaron que, una ycategórica! vez enterado y notificado Viodal, Rosario pondría dos letras seH o r a y media hacía que caminaba exasperado, cuando las ñalando hora para. l a visita de Felipe, y que esta visita sería piernas le, trajeron al centro de P a r í s al hirviente y espléndido oficial: petición en regla. Nada tenía de sorprendente que se bulevar de Italianos. Delante de una puerta donde se leía en coretrasase tres o cuatro días el aviso de Rosario; lo que no losales letras doradas L Actualüé, dióle un empujón un hombre podía compaginarse con el retraso era la noticia a boca de jarro de que salía precipitadamente, y que no era otro sino el cronista La Actualidad. Dauff, petulante distraído, con su ancha barba roja y sus eterH a b í a anunciado Felipe su resolución de no volver a los Cuanos quevedos de acero, que le habían abierto dos surcos amoratatro elementos pero no pudo contener l a impaciencia y el a f á n dos, casi dos llagas, a derecha e izquierda de l a nariz. Dauff, de descifrar el enigma, y decidió presentarse en casa de R o aunque era el culpable del encontrón, se volvió colérico, dispuessario; tal vez. ésta le hubiese escrito, y bien pudo acontecer to, sin duda, a soltar un bufido; pero al conocer a Felipe María, que por cualquier motivo se extraviase la carta. L a primera la expresión de su rostro varió de un modo e x t r a ñ o reveló vez que llamó a la puerta de la chilena contestáronle que l a preocupación, o m á s bien inquietud indefinible. Parece que se ha señorita estaba acostada, con una jaqueca insignificante. L a semosqueado al verme observó Felipe, e, instantánamente, fijo gunda, dijéronle que, si bien experimentaba mejoría, Rosario no en lo que, le interesaba, relacionó tres hechos, que al parecer salía a ú n de sus habitaciones. L a tercera fué la respuesta m á s no guardaban conexión, pero que debían de estar enlazados por alarmante y ambigua: la señorita n o r e c i b í a a nadie. Felipe i n hilos misteriosos: la noticia intempestiva publicada por Dauff, l a terpeló y a directamente, a la doncella, mujer madura, seria, una encerrona de Rosario y Viodal. y l a alarma del cronista, en otras 4 uéña de teatro. ocasiones tan expansivo y hasta tan pegajoso. F u é pues, derecho a Dauff y le tendió l a mano, demostra- L e ha dicho usted a la señorita que yo advertí ayer que vol- feión a la cual correspondió el otro, no sin torpeza y recelo; y vería hoy? -exclamó, clavado en la antesala, y con- vehementes después del saludo le interpeló como en broma: impulsos de forzar l a consigna. -M e alegro de encontrar al pontífice casamentero... ¿Q u e r í a- -L a señorita sabe que el señor ha venido dos veces- -resusted escabullirse? N o vale. pondió l a doncella, con el aire de reserva que adoptan los- -Celebro que lo tome usted tan campechanamente- -respondió buenos criados al despachar a personas que sus amos no quieDauff, tranquilizándose- L a verdad, esperaba una filípica... ren recibir, sin querer tampoco agraviarlas. ¿P o r la noticia? -interrogó Felipe, aventurándose, resuelto, Entonces Felipe l a miró con expresión altanera y glacial. a tirar del hilo y que saliese el ovillo, retiróse un paso a t r á s extrajo del tarjetero una tarjeta y, do -Justo. P a r a usted habrá sido desagradable, lo conozco; pero blando un pico al entregarla, pronunció secamente: crea que tampoco a mí me ha sentado bien, y eí director está- -Tenga l a bondad de. informar a l a señorita de que vine la que brama, porque es hombre que tiene l a manía de realizar el tercera vez, y que estoy, como siempre, a sus órdenes. imposible periodístico de la información impecable, ¡como si un Bajó l a escalera aprisa, pues temía quej al hacerlo despacio, diario fuese un documento! Cada noticia- buñuelo le cuesta un atacreyesen que esperaba ser llamado; y ya en l a calle se detuvo que de bilis; figúrese usted cómo me h a b r á puesto... N i po a coordinar sus ideas. L o que m á s le escocía en aquel instante aJegar que habiéndomelo dicho Viodal, V i o d a l en persona... era l a rozadura en el amor propio; pero apenas empezó a reca- ¡A h! x c l a m ó a. su pesar Felipe María. paeitar, -creyó evidente- que tal conducta, en la mujer que casi ¿Ve usted cómo usted mismo se admira? Vamos, si es de s e- h a b í a desmayado de felicidad al escuchar su proposición de las cosas m á s extraordinarias. ¡M u c h o ojo necesitamos los pematrimonio, no podía atribuirse ni a vulgar desaire ni a infunriodistas! Sí, señor; es mi justificación; habérselo oído a Viodal, dÜido capricho, sino que tenía que encerrar un misterio, una razón que hablaba bien seriamente... P o r fortuna no me lo dijo a sooculta, pero poderosa, decisiva. Rosario se excusaba con jaquecas las; sino, hasta dudaría de mis oídos... Nordis estaba presente; y males. ¿P o r qué no admitir l a excusa? ¿Q u i é n era Capaz de cómo que del taller nos fuimos a almorzar juntos a ese figón afirmar que l a misma emoción no había alterado l a salud de con pretensiones que llaman el café Riche... ¡Y- reconocerá usted Rosario? T a m b i é n podía suceder que Viodal hubiese prohibido a su q u e V i o d a l de todo tiene trazas menos de bromista. ¡N o íe rebosa a Viodal la alegría por los poros! sobrina, recibir a Felipe. Esta hipótesis era inadmisible para quien- -E n t é r e m e usted, Dauff- -suplicó F e l i p e- -A ver si desciconociese el carácter y los principios de Viodal; pero nadie hace framos un caso tan singular, y que me interesa, como usted comjusticia a sus rivales, y Felipe, revolviéndose contra lo que le prende. pasaba, se fijó obstinadamente en la explicación m á s lógica, en- ¡N a t u r a l m e n t e! -d i j o echándolo de sagaz el cronista, satisapariencia, y en realidad m á s absurda. S i n tardanza volvió a sufecho de que Felipe no le increpase- S i usted quiere, entraremos bir las escaleras, y llamó al ascensor, decidido a explicarse con en e l c a f é del Gran Hotel y tomaré mi ajenjo; a eso iba áisk ¡Viodal; pero era día de puertas cerradas; el ducho y proyecto parado cuando tuve el gusto de encontrar a usted. criado del pintor, que servía la, caja forrada de raso, respondió a la pregunta de Felipe, -y a l a orden de subirle, que el señor (Se continuará. iViodáli salido. h ba aí 3
 // Cambio Nodo4-Sevilla