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era tanto y de tal valor, que yo no echaba de menos para nada, el significado de las palabras, y aquello era para m í como una film muda, tan buena, que no necesitaba detreros explicativos. Entonces caí en l a cuenta de Aquella película estaba profusamente haque decía, una gran tontería cuando dije blada en un. idioma que nos era ajeno, ya que la palabra era retardataria de la acción no recuerdo si inglés o alemán, porque no en las películas sonoras, y a que en las pelícuparé mientes en ello, y n i mis amigos n i yo las, que nunca están quietas, se hable o no, dimos con el significado de las palabras. no ha de ser lo hablado lo que prive, y hay Pero mientras mis amigos se aburrían, queacción siempre en la mueca del personaje, riendo oír lo que veían, a mí me divertía mirar sin oírlo. E r a una comedia, cinema- cuando escribe una carta, y cuando habla, por teléfono, y cuando sube una escalera, y tográñca, pero comedia al fin y a l cabo, y cuando desciende de eíla, mientras nosotros mis amibos escuchaban la película según sin oírle- ¡benditos idiomas desconocidos! -se escucha una comedia, y a mí placíapodamos imaginar sin saberlo, o sabiéndolo me mirar la comedia como si fuera- sólo una por imaginarlo, que es l a manera mejor de película. Ellos se empeñaban en escuchar una saber en el cine, lo que piensa, lo que dice, fotografía animada, y yo me limitaba a verde dónde viene y adonde va. Deduje tamla moverse, y de a h í su desesperación, como bién que el interés de una película, por lo si estuvieran en un teatro y ante una obra que tiene de fiesta para los ojos, no es un por actores extranjeros, de idioma descono. interés de lo que puede pasar, porque siemcide, o que, siendo españoles, no lo parecían pre está pasando; no es un interés de curiopor el acento, y tenían espantosamente borrosidad por lo que va a ocurrir, sino un intesa la dicción; de ahí también mi regocijo rés de presente por lo que está ocurriendo, al inventarme unas palabras que no entendía, y siempre ocurre algo, porque el personaje y al escucharlas sólo con la vista, al fingir no se está nunca quieto, y, siendo todo el sólo con la fantasía de los oídos, lo que en interés su movimiento, el interés sólo estriel entendimiento se me entraba sin ruido ba en el significado que el movimiento puepor las únicas ventanas de los ojos. P e r d ó de sugerirnos. neme el lector, pero no sé explicárselo de otra suerte, y créame si le digo que desde Aquella noche la segunda película fué una entonces sólo me interesan las películas socinta en colores. M e dispuse a seguirla con noras y habladas cuando música y vocablos ahincada atención, ya que los colores tamno logran interesarme. Juzgué, porque así bién podrían hablarme a los ojos; pero lo sentí, que aquella película era muy intepronto advertí cómo no eran colores verdaresante, pues que no interesándome la letra, deros, sino impregnados todos de un tono que no entendía, importábame sólo la cinta senia ciue los nimbaba y predominaba en lo que tenía t cinematográfica, y c o sobre ellos, y entonces, entre dos cosas CON Y SOÑÉ CHARLOT irreales, la película en color y l a película sin. él, eché de menos el descanso de les tonos negros, blancos y grises de 3 a fotografía animada que no pretendía en vano ser cuadro. Todavía porfié, resignándome a m i rar todo aquello como si lo viese al t r a v é s de unos lentes amarillos; pero al fin los colores se intensificaron, de tal suerte, que al ponerse en movimiento y chocar unos con otros, sin dar lugar a la modulación de los complementarios, me aburrieron la vista, como me a b u r r í a los oídos una música que, por ser mecánica, era de una monótona uniformidad de timbres. Y me quedé profundamente dormido. Entonces fué cuando soñé con Charlot, y lo v i animarse- -nunca mejor empleado el verbo- animarse, porque era, en efecto, á n i m a sólo, alma limpia y desnuda, sin el convencionalismo del lenguaje. Y lo v i quedarse quieto, pero moviendo el corazón, en el quicio de una puerta, mirando el fondo del paisaje por donde se había ido para no volver la mujer que amaba. U n velo de melancolía, mejor que envolverlo, descubríalo m á s claro a mis ojos, en lo esencial de su gracia, la gracia del que ríe por no llorar, y me llevaba hasta el fondo de tristeza que hay en todos los humoristas verdaderos. Miraba Charlot el camino que se había llevado a su amor: lo miraba con sus grandes ojos profundos, dulces, tiernos, leales; tan humanos, tanto, que parecían los ojos de un animal. L o s ojos del perro, que suelen ser muchas veces m á s humanos que los ojos del hombre. FELIPE SASSONE f Charlot a su llegada al Japón, es obsequiado con flores por la señorita Hiroko Katmsaki, una de las más bellas actrices de Shochiku, en el hotel Imperial de Tokio. Acompañan al gran actor su. hermano Sidney, la esposa de éste y Kono, secretario japonés de Charlot (F oto Contreras y Vilaseca.